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Sentido hasta luego al general Harold Bedoya Pizarro

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   Nos dejó el general Harold Bedoya Pizarro. Quiso Dios llamarlo a sus huestes celestiales y de paso dejó un enorme vacío en la memoria colectiva de la institución armada que el tanto amó y defendió, como en los recuerdos de los afortunados soldados que tuvimos el honor de ser sus subalternos directos en guarniciones difíciles, donde ha sido constante la guerra frontal de los militares colombianos contra los enemigos de la libertad y el orden en el país.

     La historia colombiana jamás podrá borrar de sus páginas, el brillante paso del general Harold Bedoya Pizarro por el Comando de  la Séptima Brigada en Villavicencio cuando entró con sus tropas a los santuarios coqueros de las Farc en el Guaviare y puso al descubierto la realidad de la violencia subversiva amangualada con las drogas ilícitas. Despúes de una ejemplar labor de comando en esa guarnición, el alto mando lo trasladó a Medellín a comandar la ofensiva sin tregua contra el capo Pablo Escobar y el teatro del crimen, en que se convirtió esa región a comienzos de los años noventa del siglo pasado.

     Como gran soldado, el general Bedoya cumplió la misión con lujo de detalles e inició un complejo proceso de restauración del orden en la capital antioqueña. De allí en adelante su meteórica carrera militar lo presentó como el general de generales y sin lugar a dudas, el más carismático líder de tropas de su generación. En estela sucesiva de responsabilidades castrenses fue nombrado  Director de la Escuela Superior de Guerra, Comandante de la Segunda División del Ejército, Comandante del Ejército y Comandante de las Fuerzas Militares, hasta el momento en que el cuestionado presidente Ernesto Samper decidió llamarlo a calificar servicios, porque era imncómodo para la consuetudinaria y cuestionable conducta del mandatario.

    Fuimos testigos presenciales de la impresionante despedida que le brindaron los alumnos de los cursos de capacitación y ascenso de todos los grados en las instalaciones del Comando General de las Fuerzas Militares.

     “No se vaya, no se vaya, no se vaya” gritaban enardecidos los oficiales y suboficiales que veían en el general Bedoya Pizarro al líder auténtico, al soldado íntegro y al ciudadano estadista con visión de conjunto, capaz de regir el Estado colombiano en el momento más vergonzoso de nuestra historia reciente, cuando el presidente de turno y su ministro estrella en la cartera del Interior fueron vetados para ingresar a Estados Unidos y Colombia fue calificada como una narcodemocracia. Ese fue un momento apoteósico y único en la atribulada historia colombiana. Nunca antes ni hasta ahora, un general había despertado tanta admiración y simpatía entre sus subalternos, pese a que en esos cargos lo antecedieron hombres que hoy son patrimonio de la historia patria.

    Pero fiel a su vocación republicana, y como siempre caballero respetuoso de la institucionalidad el general Bedoya se despojó del uniforme que tanto amó,  para someter en dos ocasiones, su nombre ante los electores, para la escogencia del nuevo presidente de la república. Después pasó al retiro familar sin dejar de opinar acerca del acontecer nacional, ni de advertir al país acerca de los errados manejos de la política interna y externa.

     Al revisar su esplendorosa hoja de vida encontramos que el general Harold Bedoya, fue un oficial distinguido en todos los grados y cargos que ocupó. Condecorado en varias ocasiones con la medalla de servicios distinguidos en Orden Público por operaciones exitosas contra grupos delincuenciales, incluida la sonada operación contra Efraín González,a demás de ser uno de los oficiales del Ejércitomás jóvenes que haya recibido la Cruz de Boyacá.

     En ese orden de ideas, el general Bedoya sirvió a Colombia en los grados subalternos en el Vichada contra las guerrillas comunistas del MOEC, el Norte del Valle contra las bandas liberales y conservadoras que asolaron la región durante la segunda violencia, el Magdalena Medio contra las farc y el Eln, y también por prestigiosas unidades militares como el batallón Charry Solano, la Escuela de Infantería, la Escuela Militar de Cadetes, la Escuela Superior de Guerra, el batallón Guardia Presidencial y la Brigada de Institutos Militares.

     Sería muy extenso describir la prodigiosa carrera militar y las cualidades profesionales de este general de generales, pues el país, los archivos de los medios de comunicación y quienes fuimos sus soldados, sabemos exactamente la dimensión del liderazgo del general Bedoya Pizarro.

     Por ende no podemos dejar pasar por alto, el reconocimiento a sus cualidades como ser humano, como persona, como amigo. Claro, contundente, leal, cercano y directo con quienes confiaba su amistad. Por demás, fue un hombre ejemplar, vertical, digno y honorable, que podía mirar a los ojos y exigir la máxima pulcritud de sus subalternos. Era el primero en dar ejemplo en  el quehacer militar.

      Hoy ha querido Dios omnipotente y omnipresente llevarlo a su lado. Nos ha despojado de su presencia física pero no del cariño, el aprecio y los recuerdos que guardamos de mi general Bedoya Pizarro. Son los designios del Creador y ante esa suprema potestad no podemos hacer nada diferente que acatarla en toda la extensión.

    Hasta siempre mi general Harold Bedoya Pizarro. Que Dios lo tenga en las huestes de sus mejores soldados celestiales, pues eso fue usted en la tierra: un soldado en la mayor extensión de la palabra.

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     www.luisvillamarin.com