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Colombia necesita un presidente con proyectos no oportunistas sin estrategias

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     Análisis del conflicto colombiano

    Ante el carnaval de candidatos y precandidatos presidenciales del montón, deseosos de ocupar que el cargo que dejará Juan Manuel Santos en agosto de 2018, saltan a la vista crudas realidades de la cultura política colombiana, que requieren ser corregidas tales como:

     1. Los partidos políticos tradicionales, liberal y conservador, están pasando al olvido en el imaginario colectivo, debido a los entierros de tercera categoría que sucesivamente les dieron sus expresidentes y candidatos en las últimas tres décadas, verbigracia Belisario Betancur, Andrés Pastrana, Ernesto Samper, César Gaviria y Juan Manuel Santos como mandatarios. Y candidatos en cada partido tales como Martha Lucía Ramírez, Noemí Sanín, Horacio Serpa y Rafael Pardo Rueda. La razón: Ninguno de estos personajes daba la talla ni como candidato ni mucho menos como presidente. Pero es lo que da la tierra y era lo que había en esos momentos.

       Pacto Farc-Santos2. La vetusta forma de hacer politiquería en Colombia sigue latente. Escándalos como el de Odebredtch, Reficar, Foncolpuertos, Agroingreso seguro, el elefante y los narcocassetes de Samper en el proceso 8000, la fuga de Pablo Escobar frente a la ineptitud de Cesar Gaviria y su ministro Pardo Rueda, las imposiciones de las Farc a Santos y sus mudos en La Habana, y el contundente rechazo del pueblo al Pacto Farc Santos en el plebiscito de 2016, por citar algunos hechos puntuales, indican que las élites corruptas necesitan un relevo del poder, y que los dinosaurios políticos comunistas armados y desamados que apadrinan a las Farc son repudiados por los colombianos.

         3. Colombia sigue igual que cuando el señor Rafael Núñez se inventó la Regeneración para fortalecer a las élites de su rosca en el poder. No obstante, esa oscura forma de maniobrar pervive en el país político 115 años después de terminada la guerra de los mil días ocasionada en plena “primavera regeneradora” por la oposición obcecada contra el binomio Sanclemente- Marroquín, oposición que por demás actuaba de la mano con tránsfugas que cambiaban de bando sin salirse de su partido nominal, e inventaban apelativos rimbombantes.

        4.  En ese orden de ideas, Vargas Lleras fue galanista, gavirista, santista, serpista, pastranista, uribista, y ahora es vargasllerista. Y si ganaran las Farc se volvería comunista. Sin sonrojarse… Pardo Rueda fue lopista, turbayista, barquista, gavirista, samperista, pastranista, uribista, santista. Y si ganara Claudia Lopez se volvería verde… pero de la envidia. Mockus fue trapecista de circo, segundo a bordo de Noemi, peñalocista, garzonista de lucho, antisantista, verde y ahora santista además de reconocer que fue de las Farc. Y así sucesivamente.

        5.  Así, al mirar con detenimiento de qué serían capaces en el buen sentido de la palabra, los actuales candidatos y precandidatos presidenciales, como dirían los campesinos con muy pero muy pocas excepciones “no se hace un caldo”. Pobreza abismal de liderazgo, de concepción política, de organización estructural, de proyectos, de programas, de objetivos. De todo…

      6. Como en una piñata de niños ansiosos, ponen al pueblo vendado, a que de golpes de ciego sobre la olla llena de mermelada, mientras los más garosos como De La Calle, Timochenco, Piedad Córdoba, los verdes, los comunistas, los autoelogiados como pulcros, etc, tiran puñal a sus adversarios y mienten de la manera más descarada con la farsa de la paz santista, que si no se entrega el país a los terroristas, seguiremos en guerra por otras cinco décadas, etc….

         7. Y si eso es en torno a los candidatos a la presidencia, ni se diga en los candidatos al congreso, donde naturalmente los actuales desean seguir pelechando de la pobreza franciscana de escasos 30 millones de pesos de salarios, sin contar viáticos, y en casos específicos mermelada más corrupción por el CVY de las coimas en contratación.

En consecuencia, Colombia necesita, un candidato a la presidencia con un programa de gobierno no para satisfacer ni a las Farc ni a los corruptos de siempre, que no utilice ni el lenguaje beligerante y retrógrado de los comunistas ni las consuetudinarias mentiras de los politiqueros corruptos crónicos, sino un candidato con programas, con equipo idóneo, con congresistas éticos (si los llegara a haber) y con deseos de convertir a Colombia en potencia regional. No mentirosos y oportunistas como los que se evidencian por ahora. ¿Cuál de tantos será el menos malo?

      La estulticia de la paz santista, tiene a Colombia en un limbo de institucionalidad aberrante, en un país donde los primeros cuestionados son los magistrados de las altas cortes, donde la ética brilla por la ausencia en el parlamento y donde la mentira y la propaganda auto-elogiosa pulula en el órgano ejecutivo.

       Las Farc que son parte del grave problema, pero no de la solución, gravitan alrededor de un plan estratégico, metódico y sistemático, que les ha rendido frutos y se enrumban por el camino del gobierno de transición hacia el socialismo del siglo XXI, como se lo dijeron en el Teatro Colón  a Santos y sus aúlicos. Para ello cuentan con varios candidatos presidenciales, que por simpatía o estupidez funcional les hacen el juego, o lo que es más grave hacen parte del proyecto fariano porque siempre militaron en el partido comunista clandestino y nunca se les probó nada gracias a los vaivenes politiqueros de las altas cortes, ni mucho menos fueron incluidos en el pacto Farc Santos.

        Ese cuadro diagnóstico indica que en lugar de avanzar hacia la paz estable y duradera de Santos, De la Calle y los mudos que lo acompasaron en La Habana, el país marcha hacia el recrudecimiento de nuevas violencias y en especial a escenarios de ingobernabilidad o de difícil gobernabilidad, derivados de la dinámica de odios y venganzas atávicos en la historia política colombiana.

        Violencia, que como ya se anotó, no ha dejado de ser la misma que se incubó más con la Regeneración de Núñez, la hegemonía conservadora, la revolución en marcha de los liberales, la violencia bipartidista de los 50 y 60, el narcoterrorismo comunista de las Farc, el narcotráfico de los otros carteles, la minería ilegal, la eterna corrupción de la dirigencia política, el despojo de tierras, los mal llamados paramilitares, los rastrojos, los gaitanistas, los urabeños, y la lista sigue….

        Para resolver semejante caos venidero, Colombia necesita estadistas y programas de gobierno, no parlanchines con ínfulas de emperadorcitos y aires de genialidad administrativa inexistentes. Como las Farc y los demás actores de la violencia en Colombia seguirán haciendo de las suyas a pesar del pacto Santos-Rimo, el nuevo presidente o mejor el nuevo gobierno con el concurso patriótico del congreso, debe trazar estrategias claras para ganar la guerra y virar el destino del país a los escenarios de desarrollo y equidad que merece. Mucha administración, fortaleza en el cumplimiento de la ley y objetivos claros, para que haya credibilidad y unidad.

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

        www.luisvillamarin.com

         Especialista en Estrategia, Geopolítica y Defensa Nacional

       El coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es analista permanente de CNN en español y autor de 33 libros y mas de 1500 escritos relacioonados con los temas de sus especialidades académicas, los cuales puedden ser leidos aquí

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