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Diez años después de la muerte de Raúl Reyes, las Farc consiguieron con Santos más de lo que esperaban

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      Análisis del conflicto colombiano

      La Selva RojaEn la década de 1960 un congreso nacional del Partido Comunista Colombiano dio luz verde a la unificación de las guerrillas izquierdistas del “bloque sur” para conformar las Farc como brazo armado de esa colectividad política en aras de la toma del poder por medio de la combinación de las formas de lucha marxista-leninistas. Para el efecto, los comunistas armados y desarmados de Colombia refinaron en un plan estratégico, las líneas de acción y los objetivos previstos para tal fin.

     Sin embargo y aunque parezca contradictorio, desde entonces y hasta ahora, muy pocos o casi ninguno de los dirigentes políticos de la llamada “oligarquía capitalista”, y por nefasta extensión la academia, amplios sectores de la justicia que debería perseguir a los terroristas de manera implacable, congresistas desubicados a granel, y hasta muchos integrantes de las Fuerzas Armadas, han ignorado de manera sostenida y amplia los alcances del Plan Estratégico de las Farc.

      Pese a la autopublicidad que se hacen mentirosos presidentes y exministros de defensa en torno a la lucha contra las Farc y los logros obtenidos en esa guerra, la verdad de lo sucedido se resume en que no ha habido voluntad política de Estado y sostenida en el tiempo para derrotar militarmente a los terroristas y al mismo tiempo implementar soluciones sociales, económicas, sicológicas y políticas en las áreas afectadas. Lo único que ha habido es voluntad y sacrificio de las Fuerzas Militares y de Policía para evitar que los comunistas armados se tomen el poder en Colombia.

      Lo demás ha sido autoelogios, inmerecidos desde luego. Y de repeso, satanización de los soldados y policías que salvaron a esas élites, por parte de personajes como Pardo Rueda, Juan Manuel Santos, César Gaviria, Ernesto Samper, Belisario Betancur y una larga lista de mediocres politiqueros, en cuyos diccionarios no figuran las palabras lealtad, patriotismo, ni mucho menos claridad ideológica, secundados por algunos jueces, magistrados y fiscales que no solo viven en la luna sino que a menudo legitiman a los terroristas, por razones puramente personales y no institucionales.

      Cover Complot contra ColombiaEl 1 de marzo de 2018 se cumplen 10 años de la baja en combate del terrorista Raúl Reyes, quien se escondía en la selva ecuatoriana con la complicidad del presidente Rafael Correa. Los hallazgos en los computadores, memorias electrónicas y agenda personal de Reyes, sacaron a la luz pública los ambiciosos avances que en 2008 tenía el Plan Estratégico de las Farc, tales como la evidente existencia de un complot internacional contra Colombia urdido desde Caracas, Quito, Managua, Buenos Aires, La Habana, La Paz, Brasilia, Montevideo, Asunción y San Salvador por parte de mandatarios y comunistas afines a las Farc; una copiosa lista de bandidos de cuello blanco en Colombia llamados “farcpolíticos”; una extensa red de propiedades dentro y fuera del país, y un habilidoso compendio político-estratégico para fortalecer las estructuras políticas clandestinas de las Farc, a la par con la imperiosa necesidad de negociar la paz.

 

      Pero no la paz que conviene a Colombia, sino la que conviene a los proyectos expansivos de la dictadura cubana, al socialismo chavista y a los trasnochados dinosaurios comunistas criollos, que siguen convencidos que destruyendo la empresa privada y multiplicando la pobreza, el país saldrá del atolladero en que lo han sumido por parejo, las élites liberales, conservadoras, comunistas, populistas, los grupos terroristas, la corrupción, el narcotráfico y la debilidad de la justicia en el país.

      Por peleas personales de la Corte Suprema de Justicia con el entonces mandatario Álvaro Uribe, una sala plena de “doctos y sabios jurisconsultos” llegó a la “sapiente” conclusión que las pruebas recaudadas en el sitio donde cayó Reyes carecían de valor jurídico, porque no fueron entregadas primero al “honesto e impoluto” presidente ecuatoriano Correa, para que este arcángel de la paz incapaz de hacer alguna componenda contra la libertad en el continente, las hubiera enviado por correo diplomático a Colombia.

     Aquí cabe un paréntesis: Si esas pruebas hubieran caído en manos de las Fuerzas de Defensa Israelíes y se relacionaran con terroristas islámicos. ¿Qué hubiera sucedido con los políticos, organizaciones sociales y demás cómplices relacionados en los computadores? ¿Qué hubiera sucedido con las relaciones con los gobiernos cómplices? ¿Qué hubiera sucedido con las guaridas criminales detalladas en esos documentos? ¿Qué hubiera sucedido con las propiedades de los terroristas dentro y fuera del país?

    Retomado el tema, no obstante en gracia del leguleyismo santanderista tan afincado en nuestros grandes males históricos, suponiendo esos computadores no tuvieran valor jurídico, por el apego a las leyes y la pulcritud que reclaman para sí altísimos magistrados, que en algunos casos son investigados por prevaricatos, carruseles y otros delitos, o señalados de prestar los carros oficiales a los hijos para que forniquen y no paguen tarifa en un motel.

    En contraste, en operaciones posteriores contra las Farc, las Fuerzas Militares incautaron más computadores, más agendas electrónicas, más documentos y sobre todo se entregaron cientos de terroristas de diversas estructuras que corroboraron la veracidad de los hallazgos en los computadores de Reyes, y hasta inclusive el pedófilo Pastor Alape reconoció en una entrevista que en esos hallazgos si estaban los secretos de las Farc. Sin embargo, para el sapiente fiscal Montealegre y el patriótico pacifista presidente Santos esas pruebas fueron secundarias, porque primaba “negociar la paz en Cuba” y porque según Montealegre la Fiscalía era incapaz de procesar a diez mil terroristas.

    Pacto Farc-SantosTal como estaba escrito en los documentos electrónicos de Raúl Reyes, las Farc impusieron la agenda de conversaciones y redactaron un espurio pacto que fue firmado dos veces por Santos y Rimo, legitimaron a sus cabecillas, se inventaron un sui generis modelo de justicia proterrorista “modelo en el mundo”, están ad portas de instalar en el por siempre erosionado e impreparado congreso a varios terroristas para que legalicen el ya legitimado por Santos Plan Estratégico y avanzan a buen paso hacia el gobierno de transición con varios candidatos presidenciales, pero en especial con quien representa los intereses de las “organizaciones sociales” que hablan el mismo idioma de las Farc, viven en las mismas zonas donde las Farc asentaron sus células clandestinas, tienen familiares en las Farc, protestan en masa a favor de las Farc, pero por efecto del eterno realismo mágico que nos acompaña desde antes de la conquista española, esas organizaciones no son de las farc aunque son la base política de algunos de quienes aparecen relacionados en la Farc política, pero que por decisión de la Corte Suprema no podían incluirse en esa categoría debido a que no fue Correa quien envió los computadores de Reyes a Colombia, luego por la necesidad del Nobel de Paz de Santos y después por la ineptitud de Montealegre para investigarlos.

     Ad portas de dos polarizadas elecciones, el nuevo fiscal Martínez fiel a la trama de la justicia-espectáculo de sus antecesores y con un sospechoso tufillo vargasllerista, hizo el show mediático de poner en público algunas de las múltiples propiedades de las Farc, que intencionalmente fueron ocultadas en el pacto Farc-Santos. Obviamente los terroristas lo niegan a rajatabla porque saben cómo imponerse y cómo regañar a Santos o utilizar su estulta vanidad.

     Y los periodistas enfermos de diabetes con repercusión de miopía por efectos de los excesos de la mermelada, no cuestionan a los terroristas por mentir, sino que los defienden con el cuento que estos hechos ocurrieron después de la firma del Pacto Farc Santos... El camino hacia el fracaso está colmado de estúpidos funcionales y de mediocres.

      En síntesis, pasados diez años de la muerte de Raúl Reyes, las Farc no solo impusieron aspectos claves de su Plan Estratégico, sino que obtuvieron más de lo que esperaban, están al borde de legislar para que los millones de abogados que saben de lo divino y lo humano en Colombia hagan cumplir las nuevas leyes dictadas por terroristas, insisten en buscar el gobierno de transición, polarizan al país, dividen la esencia geopolítica del Heartland en poder de las élites erosionadas, controlan el Hinterland de las economías ilegales, conservan sólidos nexos con los gobiernos proterroristas del continente, apadrinan al Eln, mienten con cinismo, regañan a los débiles funcionarios oficiales, se apropiaron de las zonas de transición donde instalaron sedes de elogio al terrorismo comunista, siguen con el poder del narcotráfico conservan sus estructuras armadas con las supuestas disidencias y los “escoltas en las ciudades”, no entregaron los bienes, no sacaron a los menores de edad, continúan entrenando milicianos como futuros comités de defensa de la revolución, etc, etc…

     Entre tanto, la dirigencia política colombiana, tan campante como siempre empeñada en la rapiña de las curules, la selección el menos malo para la silla de Bolívar, las compras de votos, el robo descarado de los recursos de los colombianos, los contratos a última hora para quitar tres ceros a los billetes o el atropellado censo de colombianos hecho por una entidad que no conoce del tema…

      Mientras tanto, el pueblo colombiano sumido en el caos de siempre, sin líderes, y sin objetivos claros. Así los comunistas armados y desarmados se seguirán afianzando porque su proyecto revolucionario es estratégico, paso a paso y correlacionado con la debilidad del enemigo de clase que se carcome por sus propias debilidades internas.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Especialista en Defensa nacional, Estrategia y Geopolítica