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¿Por qué el Eln ha dilatado llegar a algún acuerdo con el gobierno Santos?

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     Análisis del conflicto colombiano

     A pesar de completar tres años de contactos dentro y fuera del país, de publicidad gratuita para el Eln y de autoelogios de los delegados del gobierno Santos en torno a las conversaciones de paz con el Eln en Quito, hasta la fecha, 3 de abril de 2018, no hay nada tangible que mostrar; y, a juzgar por los hechos, el gobierno Santos terminará su periodo el próximo 7 de agosto, sin haber concretado nada con ese grupo ilegal. Eso sí, con el compromiso de amarrar al gobierno entrante, para continuar las insulsas negociaciones, so pena de ser tratado como guerrerista, enemigo de la paz y por ende contrario a lo que desde esa errada óptica, convendría a Colombia.

    En este caso, como en todos los casos de la convulsa historia política colombiana, se anteponen los intereses de unos pocos, sobre los intereses colectivos de la nación. Entre terroristas armados, milicias populares urbanas y rurales, comunidades eclesiales de base, bases revolucionarias de masas y grupos de estudio y trabajo eleno, que básicamente articulan las estructuras del Plan Vuelo de Águila, El Eln no totaliza 10.000 personas dentro y fuera del país, que gracias a la estulticia de la contraparte podrían decidir mucho acerca del futuro de 48 millones de colombianos, con la venia de abogados eruditos, militares llenos de medallas y de títulos, congresistas cuestionados, magistrados tan intocables como ineptos, medios de comunicación superficiales y universidades que están en otro paseo.

    La fortaleza del Eln en la mesa de conversaciones en Quito, frente a impreparados negociadores del gobierno, reside en la radicalidad de sus planteamientos acerca de la existencia de las Fuerzas Militares, la no entrega ni dejación de armas, la imposición sine qua non de la presencia masiva en la mesa de diálogos de todas las estructuras políticas clandestinas del Eln denominadas “sociedad civil”, la continentalidad de la lucha armada y desde luego la articulación metodológica de este proceso a lo acordado con las Farc, con sus supuestas disidencias, con los narcotraficantes, con el Epl, y con sectores intelectuales clandestinos del Eln que aún comulgan con la teología de la liberación dentro de la iglesia católica.

     Lo anterior indica que el Eln no está pensando en desarmar sus estructuras criminales, ni en deponer las armas, ni en responder ante la justicia por los delitos cometidos, ni en resarcir a las víctimas, ni nada que se parezca a este concepto de paz de la “oligarquía”, aquella, que según los comunistas solo busca prebendas particulares para continuar pelechando de los mieles del poder. En consecuencia, la conducta desafiante, terrorista y aparentemente autista del Eln frente a la realidad nacional que según sus palabras ve el jefe de la delegación oficial para los diálogos Gustavo Bell, obedece a que los elenos están articulados al Plan Estratégico de las Farc, y por ahora les interesa el gobierno de transición, para seguir avanzando en la construcción del socialismo del siglo XXI en Colombia.

     Por su parte, para el gobierno Santos, lo importante es que el mandatario entregue el cargo afincado a su pretendida vocación pacifista, y que además de salir a ganar dólares por dictar conferencias de paz en el mundo derivadas de su condición de Premio Nóbel, tenga como Andrés Pastrana la pueril disculpa que él cumplió la palabra a los terroristas, pero que ellos no se la cumplieron.

     Naturalmente Gustavo Bell, que como todos los burócratas de su especie caen parados en todas las crisis, necesita sostener la caña de las conversaciones, a sabiendas que estas no marchan para ningún rumbo concreto, porque como la canciller Holguín, él también busca una jugosa pensión a costa del dinero de los contribuyentes colombianos, por su “sacrificio prolongado en favor de la patria”.

    En su caso particular como vicepresidente de Pastrana (el mismo laxo mandatario que quien lo creyera critica a Santos por débil), gobernador del Atlántico, embajador en Cuba y ahora negociador con el Eln. Para Bell es imprescindible sostenerse ahí, sin importar si hay resultados o no. Y para los sabihondos asesores que lo acompañan, es necesario que se prolonguen las reuniones en Quito con el Eln, pues cada viaje y cada evento significa dólares en viáticos y otras arandelas para sus fondos personales.

     Así como los negociadores de paz con las Farc en La Habana Cuba, llegaron a la mesa de conversaciones sin conocer el plan estratégico de las Farc y salieron de allí sin comprender las consecuencias geopolíticas y geoestratégicas de su error histórico, al anteponer los deseos vanidosos del presidente Santos por ser nombrado Premio Nóbel de Paz; también es absolutamente cierto que ni Juan Camilo Restrepo, ni  Gustavo Bell, ni sus brillantes asesores, tienen la más mínima idea de que es el Plan Vuelo de Águila del Eln y desde luego de cuáles son los objetivos estratégicos de ese grupo terrorista. Por ende, tampoco dimensionan la gravedad de las concesiones dadas a las Farc, de los espacios geopolíticos cedidos a ese grupo criminal, ni mucho menos de la artificiosa alianza Farc-Eln para imponer agenda, tiempos, oscilaciones y manejo del terror en la mesa de conversaciones en Quito.

     Así, ni el gobierno Santos, ni los delegados oficiales de paz en Quito, ni los organismos de seguridad del Estado parecen conocer qué es el Eln, cuál es su plan estratégico, cuál es el plan táctico de cada una de las cuadrillas, cuál es la visión geopolítica de expansión de cada una de esas estructuras armadas, ni cómo con base en la teología de la liberación y el hombre nuevo, los ideólogos del Eln que andan desarmadas y están incrustados en importantes comunidades campesinas y obreras, organizan la subversión.

     Tampoco entienden, cómo se estructuran semilleros revolucionarios con niños, como se conforman los grupos de estudio y trabajo (GET), cómo se estructuran las milicias populares, cómo se integra un proyecto de frente guerrillero, o cuándo ese proyecto de frente adquiere la autonomía para combatir, ó cómo funcionan los frentes de guerra, o cómo funciona el Coce, o como se articulan los equipos de sanidad, radiocomunicaciones, trabajo político-organizativo dentro de las masas donde radica la fortaleza revolucionaria armada, o cuál es el objetivo político-estratégico del Eln al negociar para avanzar en su proyecto revolucionario etc, etc.

     De manera increíble, nada de eso parecería ser importante para los delegados del gobierno Santos en Quito, quienes poseídos de la arrogancia, la autosuficiencia y el cretinismo, como suele suceder en casi todas las instancias de alta administración pública, donde los burócratas de la noche a la mañana se vuelven expertos en lo que no saben, entonces, llegan a la mesa de conversaciones a ser manipulados por curtidos terroristas, que llevan varias décadas haciendo lo mismo con diversos oportunistas demagogos. A eso, el Eln, lo denomina “explotar las contradicciones ideológicas y organizativas del adversario, para avanzar hacia el proyecto revolucionario del poder popular”.

     Por ausencia de inteligencia estratégica sumada al estulto credo que el alto mando militar y policial ha transmitido por orden de Juan Manuel Santos a las agencias de inteligencia, con el coro estulto de periodistas que escriben y opinan sobre el conflicto, con el hígado y el corazón impregnados de mermelada santista; la inteligencia estratégica colombiana es muy pobre al respecto.

      Y si ya se dieron cuenta, callan con actitud cómplice y sumisa, peligrosa para el futuro de Colombia: El Eln desarrolla una parte del libreto acordado con las Farc y sus “disidencias”, en el hinterland de la periferia colombiana donde casi nunca llega el Estado con soluciones integrales. Estas regiones quedaron a expensas de las Farc y sus “organizaciones sociales afines”, por ende lo sucedido en la frontera colombo-ecuatoriano con los periodistas secuestrados por las Farc, tiene que ver con las conversaciones en Quito, etc. Y de repeso, ese trabajo sistemático de control progresivo del hinterland o periferia, avanza metodológicamente hacia el control del hearthland ( corazón geopolítico), es decir hacia las 30 ciudades más importantes, donde está el poder actual de la “oligarquía”.. Pero nadie se da por entendido…

      Tampoco se han dado cuenta, que Lenín Moreno no es una persona confiable en la lucha contra el narcoterrorismo comunista, pues fue cómplice de Rafael Correa cuando el mandatario ecuatoriano era importante cómplice de las Farc. Y en ese orden de ideas, no todos los oficiales de las fuerzas armadas ecuatorianas son confiables, pues inclusive el general René Vargas que llegó a ser comandante del ejército ecuatoriano es un comunista confeso, y en la  zona boscosa de una finca de su propiedad vivía a cuerpo de rey Raúl Reyes.

     Lo anterior indica que el general Vargas no era el único militar ecuatoriano “progresista”, ni el único personaje de ese país que asesoró a Correa, para sacar a los militares de Estados Unidos de la base de Manta. Ahí estuvieron oficiales de alta graduación de las fuerzas militares ecuatorianas, y miembros de Alianza País entre ellos María Augusta Calle, Lenín Moreno, Ignacio Larrea y otros.

      En síntesis, la dilatación intencional del Eln a las insulsas conversaciones de paz con el gobierno Santos, se sustentan en la mediocridad analítica de la contraparte, el desconocimiento de los planes estratégicos del adversario y en algo elemental que enseñó Sun Tzu hace casi 30 siglos: “para derrotar a un adversario, es imperioso conocer su estrategia”. ¿Entenderán por fin esto el gobierno Santos y sus delegados de paz en Quito, o ¿necesitarán que se les explique con plastilina?

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Especialista en Estrategia, Defensa Nacional y Geopolítica

www.luisvillamarin.com

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