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Renuncia de Secretario General de la JEP con sombras de presunta corrupción. Y de otras necesarias renuncias ¿qué?

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      Análisis del conflicto colombiano

     A juzgar por lo que publican los medios de comunicación, la renuncia intempestiva del Secretario General de la JEP por señalamientos de presunta corrupción contra él y contra una alta funcionaria  de esa etérea institución de justicia paralela impuesta por las Farc, quien es cuota personal del morrongo exministro Rafael Pardo Rueda, ratificarían por enésima vez, las debilidades históricas de la institucionalidad colombiana permeada por amiguismos, contratos espurios, funcionarios públicos que se creen dioses intocables, abusos de autoridad, rencillas entre mediocres politiqueros, afanes de autopublicidad, deseos de protagonismo y sobre todo ignorancia absoluta de su parte hacia los colombianos que aportamos recursos con los impuestos, para que los ineptos, los corruptos y los mediocres ocupen altos cargos porque son “importantes doctores”

     La JEP señalada por muchos sectores de ser la justicia especial para las Farc, fue una audaz imposición de los terroristas a los incompetentes delegados de paz del gobierno Santos en Cuba. Es entonces, una entidad que nació coja, a partir de la forma como fueron escogidos sus “magistrados” y las calidades personales e ideológicas de quienes los escogieron.

     El vanidoso afán del Premio Nóbel de Paz para Santos y la estulticia ambiciosa de Humberto de la Calle quien creía ser presidente luego de agachar la cabeza frente a las imposiciones de las Farc en Cuba, fueron sobrepuestas a los intereses nacionales y la obligatoriedad para todos los funcionarios públicos, de trabajar para el bien común y no para sus intereses personales.

     Con argucias los terroristas trajeron a  un desconocido y lenguaraz abogado español, afín ideológicamente al narcoterrorismo comunista contra Colombia. Y quien lo creyera, este sujeto sin ninguna trascendencia en su país, tuvo prensa y publicidad gratuita en Colombia. Y producto del viejo vicio heredado de la colonia española, por el hecho de ser europeo y sin aclarar sus antecedentes y virtudes, este personaje terminó diseñando un modelo de justicia transicional, ajustado a los objetivos del Plan Estratégico del grupo terrorista, con la venia sumisa de miles de jurisconsultos sabihondos que pululan en Colombia.

      Luego vinieron algunos altibajos propios de la eterna improvisación en asuntos públicos en Colombia, hasta cuando se posesionó como secretario general de la JEP un abogado colombiano, poco conocido entre la opinión pública, pero fiel a la tradición de la burocracia criolla, dada a cosechar prebendas personales, instalar su propia cuadrilla como los toreros, y con argucias de ser el amo de la institución que dirige, no un servidor público de los contribuyentes que con sus impuestos lo sostienen en el cargo.

      Que la funcionaria cuota personal de Pardo Rueda y manejadora de los contratos administrativos de la JEP, al parecer haya contratado a su compañero sentimental a pesar de estar impedida para esta poco clara figura contractual, no es ninguna novedad en la por siempre corrupta forma de manejar los recursos públicos en el país.

     Tampoco es novedad, que la mencionada dama no renuncie al cargo a pesar de las sombras que caen sobre su gestión, porque estamos en el país donde el narcotráfico puso a Samper de presidente pero “fue a sus espaldas”, Odebredtch financió la campaña de Santos, pero el folclórico y mendaz mandatario se acaba de enterar, y donde el candidato De La Calle dice que va acabar con la mermelada porque inclusive él nunca ha sido un manzanillo politiquero… etc, etc.

     Lo que llama la atención es que las universidades en cuyas facultades de derecho se gradúan estos personajes siniestros para el destino de Colombia, ni se den por aludidas en torno a la calidad ética, la solvencia moral y la capacidad profesional de sus egresados, cuyos botones en la administración pública son verdaderas vergüenzas individuales y colectivas.

      También llama la atención que siendo Colombia un país santanderista colmado de leguleyos expertos en demandar lo divino y lo humano, en especial contra las arcas públicas, o para sacar de problemas a delincuentes de cuello blanco o con buena chequera; esa enorme cantidad de leguleyos graduados en las mismas universidades donde se han graduado personajes como el saliente Secretario de la JEP, o la “inocente” funcionaria de la JEP que da a ganar unos milloncitos a su compañero sentimental,  ese cúmulo de leguleyos, ni suena ni truena frente a la gravedad penal de las concesiones a los terrorista en la mesa de imposiciones en Cuba.

      Así la crema y nata del narcoterrorismo comunista, se apresta para legislar desde el congreso con la complicidad de los integrantes del partido comunista clandestino, los mismos que no se visibilizaron en la mesa de La Habana, y que ahora se alistan para  imponer desde el parlamento nuevas leyes enfocadas en el socialismo del siglo XXI; para las que de seguro los leguleyos que ocupan cargos como los referidos, hallarán la justificación legalista…

     Mientras tanto Colombia seguirá sumida en la violencia, la falta de objetivos, la impunidad, la ineficiencia de la justicia, y claro está, a expensas de la opinión de politiqueros, periodistas enmermelados por el gobierno de turno, académicos “imparciales” que escriben con dos manos izquierdas, o “pacifistas” como Mockus cuya fundación recibió mermelada pero el ya no estaba ahí, porque a lo mejor como su jefe de turno “se acaba de enterar”

      En síntesis, la renuncia del Secretario de la JEP por presuntos hechos de corrupción, es la regla y no a excepción del ambiente operacional de la politiquería colombiana. Las élites del corte Santos- Vargas Lleras etc así como los comunistas son rechazados por la voluntad del pueblo colombiano, pero igual que cuando Colombia era la colonia de La Nueva Granada, esa voluntad es desconocida por los dueños del poder y los “señores feudales” que en este caso son los coqueros de las Farc.

     Coda: Y pensar que todo esto se destapó debido a exigencias de veeduría de las embajadas de tres países donantes de recursos para la paz. ¿Ya se enteraría Santos? O se ¡acaba de enterar? Y de ñapa ¿Cuál es la razón para que Pardo Rueda siga pelechando salario abultado y colocando todas sus fichas y comodines, sin que su labor sea visiblemente eficiente? O también ¿se acabaría de enterar Santos? Si Pardo Rueda tuviera vergüenza debería renunciar por inepto y por el manto de duda que se tiende sobre su ficha, en el manejo de los recursos de la JEP. Pero aquí en Colombia la vergüenza y la lealtad son palabras inexistentes en el diccionario de los “jefes políticos”

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional