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Si los terroristas incumplieron el Pacto Farc Santos ¿Por qué seguirles cumpliendo?

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     Análisis del conflicto colombiano

     En Colombia, país de herederos de las leguleyadas santanderistas y de la prosopopeya con muchos giros idiomáticos propios de la ingente cultura lingüística de Caro y Cuervo, o los presidentes “ortográficos y ortológicos” que se olvidaron de gobernar para enriquecer su léxico y buenos usos gramaticales, es usual llamar las cosas por denominaciones diferentes a las de su propio nombre.

    Tal ocurre con los sucesos históricos que han transformado la vida política y geopolítica del país, porque en cada ocasión han aparecido los doctos jurisprudentes, que amañados con la dirigencia política de turno legitiman las barbaridades jurídicas de sus jefes, quienes los contratan y les pagan con dineros públicos, para que les hagan publicidad y hasta los incluyan como prohombres en los libros de historia patria.

    Por esa razón Indalecio Liévano Aguirre y el maestro Germán Arciniegas coincidían en que las galerías de prohombres colombianos están llenas de mediocres, que no están los que son ni son los que están; que hay una fronda aristocrática que se cree con derecho divino y eterno para desgobernar el país; y que las leyes que ellos idean y legitiman, están destinadas para perdonar delincuentes de todas las layas, pero de paso, para someter por el temor a la acción penal al conglomerado, pues a pesar de que los elige, es visto como un mal necesario para sostener su insaciable apetito de poder y de predestinación para gobernar y dirigir a sus anchas.

    Pacto Farc-SantosDentro de ese esquema lógico y corroborable, Juan Manuel Santos firmó con los cabecillas de la agrupación terrorista más sanguinaria del continente, un espurio pacto, del cual los delincuentes sacaron todas las prebendas posibles, se burlaron de sus víctimas, eludieron todas las responsabilidades penales, y ahora aparecen como abanderados de la moral y las buenas costumbres de los colombianos.

     Además por la eterna costumbre colombiana de no llamar las cosas por su nombre, las Farc que siguen delinquiendo con base en las argucias de su plan estratégico, ahora son ex guerrilla, sus cabecillas son “comandantes” congresistas, su partido político es un dechado de virtudes, y olímpicamente siguen con las patrañas características de los comunistas armados y desarmados.

    Así, las obvias fugas de Iván Márquez, el paisa, el zarco, Romaña y otros bandidos con pintorescos alias, son vistas por “sesudos analistas especialistas en el conflicto”, como un evento justificable, pues “en todos los procesos de paz, quedan disidentes”. Y los medios de comunicación se encargan de multiplicar el cuento para que “juan-pueblo” trague entero y no diga nada. Inclusive en un mundo raro (parafraseando el título de una célebre canción mexicana), quien señale como terroristas a los bandidos de las Farc, puede ser acusado ante esas leyes hechas para acallar el sentimiento de repudio que hay entre los colombianos, contra las castas políticas corruptas y aristocráticas o contra los miembros del terrorismo comunista.

     Todo esto para sintetizar, que las fugas de Márquez y los demás bandidos, histriónicamente presentadas por Roy, Cepeda y los demás mamertos, como la consecuente necesidad de seguir legitimando a las terroristas como si fueran arcángeles del séptimo coro celestial, constituyen en esencia un marcado incumplimiento de las Farc a lo pactado con Santos, entonces lo lógico es que el nuevo gobierno suspenda ese sainete, y que la justicia colombiana ordene la captura de todos los criminales de las Farc, para que paguen en cárceles con barrotes y restricciones concretas, por los innumerables delitos cometidos contra sus víctimas.

     A menudo los medios de comunicación publican más y más pruebas de la farsa comunista con la supuesta desmovilización de las Farc, pero una vez más, el vicio enclaustrado de no llamar las cosas por su nombre cambia de tercio al asunto.

     Por ejemplo: Cuando la Fiscalía capturó a Santrich, el guacho asesinó a los tres periodistas y las Farc retiraron su candidatura presidencial. De inmediato Iván Márquez que siguió "traqueteando desde la legalidad", escapó de Bogotá. Simultáneamente, quedó clara evidencia que en complicidad con la corrupta dictadura venezolana, las "disidencias" de las Farc siguen inmersas en el narcotráfico. Hoy ni la JEP, ni Santos, ni Pardo Rueda, ni De la Calle, ni los generales Mora y Naranjo, ni Sergio Jaramillo, ni Frank Pearl, ni ninguno de los mediocres funcionarios y congresistas que aclimataron el pacto, responden por esta descarada burla.

    po rotra parte, no pasa una semana, sin que los medios de comunicación publiquen que aparecieron nuevas propiedades de las Farc que no fueron reportadas. Pero no se dice nada, por parte de quienes deberían poner los puntos sobre las íes.

     Las “disidencias” están en las mismas zonas donde son fuertes las bases políticas del partido Farc. Sin embargo, nadie cuestiona porque las “organizaciones sociales” que dicen promover la paz y la concordia pueden convivir con bandidos comunistas armados sin denunciarlos, o por qué los “desmovilizados” de las Farc pueden permanecer en esas áreas, sin que sus “antiguos camaradas los ajusticien por haber traicionado la revolución comunista al dejar la lucha armada”, algo que es usual en el férreo régimen criminal de los “movimientos armados” marxistas-leninistas.

     De contera, como nadie cuestiona que las Farc incumplieron el pacto con Santos, ni mucho menos hay conciencia política entre la dirigencia de los diferentes partidos, para exigir la terminación de ese sainete, los "agraciados" con tanta ingenuidad bonachona, juegan a lo que saben: Engañar, mentir y utilizar la propaganda para sus fines políticos.

    Para engatusar ingenuos, Joaquín Gómez publicó una carta supuestamente en contra de Timochenco, los cabecillas intermedios de las zonas veredales reclaman que el gobierno no les ha cumplido con el oro y el moro; y obviamente Timochenco hace su parte. Irá a reunirse con Joaquín Gómez a la Guajira.

    Pero la reunión no será para conciliar nada referente a supuestas divergencias entre ellos, pues ambos cabecillas son bandidos, mentirosos y tramposos formados en la misma escuela del delito. Quizás, se reunirán para refinar la estrategia de las disidencias, adornar la aparente fractura entre ellos dos, coordinar los apoyos desde y hacia Venezuela, verificar el estado de los negocios de la coca, revisar las tareas del partido Farc en la búsqueda de las “circunscripciones de las víctimas”, evaluar las coordinaciones con el Eln, y en general coordinar los siguientes pasos de su plan estratégico.

     Entretanto, los ilusos seguirán hablando y escribiendo que era mejor tener a estos criminales sentados en el congreso, que hay fracturas entre los cabecillas de las Farc, que sería un error extraditar a Santrich, que las “disidencias” no tienen nada que ver con el partido Farc, que los bienes no reportados en el debido momento por los bandidos se deben a la falta de títulos de propiedad, etc, etc.

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

    Especialista en Geopolítica, Defensa Nacional y Estrategia

     www.luisvillamarin.com

    El coronel Luis Alberto Villamarín es autor de 25 libros y más de 1500 artículos relacionados con los temas de su especialidad. Miembro de varias sociedades académicas y analista permanente de CNN en español.