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Reflexiones político-estratégicas y geopolíticas de la muerte del Guacho

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   Análisis del conflicto colombiano

     Sin lugar a dudas, la muerte en combate del terrorista ecuatoriano de las Farc, identificado como alias Guacho, significa un éxito transitorio para la imagen política del gobierno de Iván Duque y un avance en la búsqueda de la conservación del orden público en la zona fronteriza binacional colombo-ecuatoriana.  

    Al mismo tiempo, significa un fuerte golpe para el plan estratégico de las Farc, que luego del pacto con el gobierno Santos tienen representación política legal en el congreso de la república y sus propias cuadrillas armadas en el hinterland camufladas con el nombre de “disidencias”, dedicadas entre otras cosas negociar coca con los carteles mexicanos.

    Pero en esencia, esta importante operación militar no implica la desaparición de las “disidencias” de las Farc o “grupos residuales”, ni es el éxito transformador de la seguridad nacional, ni impide el negocio de la cocaína Farc-carteles mexicanos, ni aporta al gobierno Duque la sensación de triunfalismo, pues el problema sigue latente. Cayó un cabecilla de nivel medio, pero el plan estratégico de los comunistas armados y desarmados sigue vigente contra Colombia.

     En la década de 1960, el entonces ministro de guerra general Alberto Ruiz Novoa, implementó un programa conjunto de operaciones militares denominado Plan Lazo, que combinó acción cívico-militar, cooperación civil, asuntos civiles y gobierno militar en diversos lugares del país, donde las condiciones socio-políticas, geopolíticas y culturales eran caldo de cultivo para la violencia bipartidista. Dicha concepción político-estratégica tuvo éxito temporal, pero dejó como ejemplo la pacificación del Norte del Valle y el Viejo Caldas, donde con perversidad los directorios políticos de liberales y conservadores, promovían cuadrillas de forajidos, que asesinaban y depredaban sin piedad a sus adversarios políticos.

     Lamentablemente, el irregular retiro del general Ruiz Novoa del cargo motivado por el temor de los politiqueros intrigantes en ambos partidos (liberales y conservadores),  con la venia de algunos generales del alto mando militar que se prestaron para la componenda, porque veían la acción cívico-militar como un enorme riesgo del posicionamiento político del carismático general entre las masas populares, llevó al traste la combinación de inteligencia militar, operaciones de comandos contraguerrilleros, integración civil-militar y presencia efectiva del Estado en proyectos comunitarios de desarrollo regional con énfasis en actividades agropecuarias y formación tecnológica en el naciente Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA),

     Con la circunstancia agravante que estos hechos sucedieron al mismo tiempo que el Partido Comunista Colombiano legitimaba la combinación de las formas de lucha para la toma del poder y daba la bendición a las Farc como su brazo armado, para iniciar una nueva etapa de violencia política en el país.

      Por ignorancia rampante de la historia colombiana y la escasez de documentos producidos al respecto por las Fuerzas Militares, instituciones  que para algunos políticos son o un mal necesario, o el bastión que los proteja mientras desangran el fisco nacional a nombre de la democracia, la libertad y las leyes; las nuevas generaciones desconocen que producto del Plan Lazo, fueron dados de baja los guachos de esa época, conocidos con pintorescos alias como Sangrenegra, Chispas, Desquite, Almanegra, Tarzán, Puente roto, Zarpazo, La Mona, El Zarco,  y que la región cafetera se redimió, colocando al café en el primer renglón de los productos de exportación colombiana.

     Pero también desconocen las nuevas generaciones que eufóricas votan por Gustavo Petro y lo acompañan a sus populistas embelecos, que de todos esos bandidos identificados con alias pintorescos y mentalidades sanguinarias sobrevivió Tirofijo con algunos de sus secuaces, quienes pronto fueron cooptados por el Partido Comunista Colombiano, para organizar focos terroristas en Marquetalia, Riochiquito, El Guayabero, El Pato, El Ariari, el Sumapaz, el Magdalena Medio, Urabá, con la “solidaridad de clase” de la Juventud Comunista, y otras estructuras políticas del Partido. De paso desconocen que el M-19 nació de una disidencia urbana de las Farc y que Gustavo Petro fue cabecilla de una de las sanguinarias estructuras de la agrupación terrrorista M-19 entrenada y dirigida desde Cuba por la dictadura castrista.

      A la par con las Farc, nacieron el Eln auspiciado por la dictadura cubana y el Epl promovido por el régimen dictatoria del Mao Tse Tung en Pekín. Entre tanto, dirigentes comunistas viajaban a Viotá y Cabrera en Cundinamarca a dictar instrucción ideológica a los cuadros guerrilleros, para construir el movimiento revolucionario, fortalecer la educación política marxista-leninista de los cuadros de mando y la estructuración del plan estratégico de las Farc. En esta actividad de estructuración política comunista participaron varios docentes y estudiantes de la Universidad Nacional y otros centros educativos, pero por no escriobirla constantemente la historia se olvida y se distorsiona.

     Desde cuando nacieron las Farc y hasta la fecha, han pasado por sus cargos 13 presidentes de Colombia, miles de congresistas, cientos de ministros en todos los despachos, decenas de comandantes de todas las Fuerzas Militares y la Policía, cientos de gobernadores, miles de alcaldes, concejales, asambleístas departamentales, miles de jueces, etc., pero a ninguno de estos altos y medios funcionarios se le ha ocurrido diseñar estrategias conjuntas para “quitar el agua al pez” y por eso han sobrevivido las guerrillas, cuya audacia armada e identidad política marxista-leninista, les ha permitido manipular a varios gobiernos con argumentos gaseosos de paz, desarme, desmovilización, “razones objetivas” de su lucha armada y bla, bla, bla…

     Debido al descrédito de la seguridad nacional en que cayó Colombia como consecuencia directa de la pusilanimidad de gobernantes como Andrés Pastrana, César Gaviria, Ernesto Samper, Virgilio Barco y Belisario Betancur frente a las Farc y su aliado estratégico el narcotráfico, la administración estadounidense de George Bush Jr, decidió meter baza en el problema, mejorando la capacidad operacional de las Fuerzas Militares, golpeando estructuras esenciales del componente armado y financiero del plan estratégico de las Farc y mejorando la capacidad de inteligencia militar en todos los niveles.

      Pero las exitosas operaciones militares contra estos “objetivos de alto valor” se quedó en la destreza táctica de las tropas, sin el complemento cívico-militar y de asuntos civiles, que implementó Ruiz Novoa en 1962, y… sobre todo porque los demás componentes del Estado siguen sin entender, que la solución al problema de la violencia comunista, es un asunto integral con responsabilidades compartidas y no una dificultad de orden público que demanda sólamente respuestas y responsabilidades militares.

     Además de inventar nombres rimbombantes en cada gobierno a los planes de reinserción, pacificación, desmovilización, paz con equidad, empoderamiento de comunidades, etc, etc, casi todo se ha quedado en el papel, en autopublicidad para buscar reconocimientos internacionales, o en los bolsillos de los corruptos, o en sostener politiqueros mediocres en cargos con elevados salarios, además de adquirir estratosféricos compromisos que por las limitaciones presupuestales no se pueden cumplir y que tampoco  se integran con planes de Estado a largo plazo, sencillamente porque esos planes nunca han existido.

     Vistas las anteriores realidades, se recomienda al gobierno Duque que reestructure con políticas de Estado, todo el componente de la lucha integral contra el terrorismo comunista y el narcotráfico que oxigena esa violencia política en diversas regiones del país. El Hinterland o periferia geopolítica que en Colombia coincide con las zonas fronterizas, ha estado olvidado desde siempre por parte de los gobiernos centrales de turno, y a lo largo de mas de seis décadas, el terrorismo comunista y el narcotráfico se han asentado allí; desde donde han extendido la violencia hacia el resto del país, además de organizar políticamente a las comunidades en sindicatos agrarios, juntas pro-paz, cooperativas de cocaleros, etc.

     De paso, los países vecinos han tenido carta abierta para vulnerar la soberanía nacional cada vez que han querido, porque además cuando los gobiernos de algunos de estos Estados fronterizos  con Colombia han sido proclives al terrorismo comunista, se han convertido en sus cómplices y defensores en escenarios políticos internacionales. En ese ambiente de connivencia con el movimiento Alianza País de Ecuador encabezado por Rafael Correa, las Farc se fortalecieron en la frontera binacional y allí surgió, creció, se fortaleció y murió el Guacho, como el fiel reflejo de lo que son las Farc: narcotraficantes, asesinos, terroristas, secuestradores, mafiosos, mentirosos, desafiantes y manipuladores.

     Igual que Cano, Jojoy, Reyes, Acacio, Martín Caballero, Lucero Palmera, el becerro, Miller Perdomo, Franklin y una larga lista de delincuentes dados de baja por las Fuerzas Militares, ayer fue abatido el Guacho, pero la realidad es que el problema geopolítico, político-estratégico y de desigualdad social con todas las aristas de desorientación política, pervive en las fronteras colombianas, donde las Farc siguen aprovechando las gabelas de al democracia para construir con sus socios del Eln, el Epl y los narcotraficantes o los gestores de la minería ilegal, el camino allanado para continuar en su plan estratégico, además de hacer parte del proyecto del socialismo del siglo XXI castrochavista.

     Entre tanto, la torpe visión político-estratégica de amplio sectores oficiales y particulares de ciudadanos ecuatorianos, no les permite entender que la seguridad en la frontera binacional es de responsabilidad mutua y recíproca, que el problema continuará mientras algunos sectores ecuatorianos de tendencia marxista-leninista sean conniventes con las Farc y el narcotráfico; y, que la globalización del comercio y las relaciones internacionales, también facilitó por extensión la internacionalización de la delincuencia.

     Sería valioso para la proyección geopolítica del país, que el gobierno Duque tomara como punto de partida la baja del Guacho para empezar a construir poder nacional en la periferia geopolítica del país, llevando desarrollo social, económico, político e integración de estas zonas apartadas, con el fin de erradicar la violencia comunista, el narcotráfico, la pobreza estructural, el abandono global, porque sencillamente se olvida, de que por norma constitucional, un habitante de esa Colombia desconocida, tiene los mismos derechos y deberes con la sociedad, que le presidente de la república, los ministros del despacho, los congresistas, los alcaldes, los gobernadores, los magistrados, los diputados, los concejales, los funcionarios públicos, los contratistas del Estado, etc.

    Igualmente, es hora de pasar de las burocráticas reuniones de comisiones bilaterales de fronteras, a la implementación de compromisos y acciones mas concretos con objetivos a mediano y largo plazo, para combatir a las organizaciones criminales en ambos lados de las fronteras, alejándose de la estulta concepción que Colombia trasladó el problema al vecindario, mientras los terroristas encuentran cobijo en esos países, gracias a la comunión ideológica con algunos dirigentes políticos del vecindario.

     Pacto Farc-SantosAsimismo, se sugiere que a la par con el urgente e inaplazable replanteamiento de la presencia institucional del Estado colombiano en la frontera binacional con Ecuador, las Fuerzas Militares salgan del marasmo pacifista que les heredaron el expresidente Santos y el general Mejía Ferrero, y se metan de lleno al Catatumbo, a Arauca, Vichada, Guaviare, Caquetá, Cauca, Chocó, Urabá y Paramillo con la misión concreta de combatir a los terroristas, pero no pueden ir solas ni a repetir lo mismo de siempre.

    Deben ir acompañadas por todos los estamentos del Estado a quienes les competen responsabilidades compartidas para aclimatar la paz, el desarrollo y la convivencia. De lo contrario, tendremos a mas sabihondos opinado en los medios de comunicación de lo divino y lo humano del conflicto, y obviamente a más Guachos, más Jojoy, más Reyes, mas Canos, mas Acacios, mas narcos, pues por desgracia, en escenarios políticos y geopolíticos como el colombiano donde las élites políticas creen que la guerra interna es asunto de militares y bandidos y que la paz es tema del presidente de turno con los cabecillas, invariablemente se dan silvestres los delincuentes con capacidad organizativa.

      Coronel Luis Alberto Villamarin Pulido

     Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional

     www.luisvillamarin.com

     Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es autor de 35 libros y más de 1650 artículos relacionados con los temas de su especialidad, algunos de los cuales a menudo son traducidos a diferentes idiomas y consultados en universidades, centros de pensamiento político y medios de comunicación de los cinco continentes.