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La canciller María Ángela Holguín peló el cobre de su incompetencia y debe renunciar

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   Análisis del conflicto colombiano

     Los medios de comunicación denominaron con el mote de "las frases de la discordia", a estas mediocres aseveraciones de la  canciller Holguín, en torno a la descabellada e irrespetuosa ambición sandinista, de modificar los límites marítimos entre Colombia y Nicaragua y de paso robar una enorme porción de la histórica soberanía colombiana:

     -Yo creería que no perderíamos nada y así ha trabajado Colombia con una política de Estado en los últimos 11 años del proceso, con abogados de lujoPero es un juicio, y cuando dos partes están en un juicio, cualquier cosa puede pasar (...)Yo quisiera que estuviéramos seguros de que nada va a pasar, pero los fallos de la Corte Internacional son salomónicos y a cada uno le da su pedacito (...) siempre al que demandan queda aburrido-

    Llama la atención que el mediático y egocéntrico presidente Santos haya hecho caso omiso de las irresponsables declaraciones de la ministra de Relaciones Exteriores, como si la soberanía nacional, la defensa nacional, la riqueza étnica, la biodiversidad y los recursos energéticos de la zona, que pretende robar el régimen comunista de Ortega a Colombia, no tuviera importancia geopolítica, geoeconómica o geoestratégica, y a la vez, como si la pintoresca canciller hubiera perdido de antemano la batalla jurídica en La Haya.

   La razón del silencio cómplice de Santos es simple: Desde cuando comenzó su periodo gubernamental, hemos venido insistiendo desde esta columna de opinión, que Colombia no tiene canciller porque por el afán mediático del presidente, la señora Holguín se convirtió en una agente viajera, que va de país en país, con viáticos y demás gastos  pagados por los contribuyentes colombianos, para ella y un combo de lagartos, dedicados a promocionar la imagen personal del nuevo mejor amigo de Chávez.

    Por ende, Colombia no tiene ni plan estratégico en el campo de las relaciones internacionales, ni objetivos concretos, ni ilación entre los evidentes deseos de figuración personal reeleccionista de Santos, con los logros que convengan a los colombianos; así se gaste una millonada de dólares en la Cumbre de las Américas en Cartagena, hecha para dar costosos regalos a los  asistentes, y fortalecer las ambiciones políticas de Obama en la Casa Blanca (2013-2017) y de Juanma (2014-2018).

    No importó en este caso que el invierno cause estragos, que 24 millones de colombianos vivan en la franja de la pobreza, que los militares y policías de la reserva activa sean víctimas de la siniestra negación de sus derechos salariales legítimos, que haya miles de niños en lamentables condiciones escolares, que la Amazonía, la Orinoquía y el Chocó estén olvidados e incomunicados, etc. Lo que importa es la reelección de Juanma, gástese lo que se gaste.

   También hemos insistido en que quizás la Canciller Holguín pueda tener cualidades para desempeñar ese cargo, pero por andar de agente viajera y mandadera de Juanma, ha entrado en el círculo del máximo nivel de incompetencia al que se refería Peter Drucke. Por ende: o debe renunciar, o el Presidente de la República debe retirarla del cargo, o el Congreso de la República debe promoverle una moción de censura y exigir su renuncia sin contemplaciones.

   Por otro lado la Canciller Holguín deja entrever que los abogados contratados por Colombia para la defensa en este litigio, son incompetentes o no tienen suficientes argumentos para defender lo nuestro, o lo que es más grave, están como convidados de piedra, eso sí, con abultados pagos por sus servicios, pero sin capacidad de demostrar que la soberanía de Colombia es inviolable e inmodificable.

   Pero hay algo más grave aún: Aterra la indiferencia de los medios de comunicación, de las universidades, de los centros de estudios políticos, de los senadores y representantes, de las autoridades de San Andrés y Providencia, del Ministro de Defensa, de los excancilleres, los expresidentes, los exministros de Defensa, la Procuraduría y la Corte Suprema que deben investigar las actuaciones de la canciller, y claro está, del mismísimo presidente Santos, que calla ante tamaño despropósito y rampante falta de patriotismo de la Canciller Holguín.

    A manera de reflexión: ¿Será que si el país demandado fuera de Venezuela, el canciller Maduro habría respondido con tanta frescura y carencia de amor por su patria?... ¿O si fuera Chile?... ¿O Brasil?... ¿O Perú?.

    Pero claro, los colombianos tenemos que soportar lo que da la tierra, en la fauna silvestre de demagogos que se apropian de los altos cargos públicos, ocupados no por los más capaces ni los más competentes, sino por roscas politiqueras, o en casos más tragicómicos, como el de la canciller Holguín a quien Santos instaló en el Palacio de San Carlos, para que con su cara bonita tranquilizara a su nuevo mejor amigo y al grotesco canciller Maduro, y para que le haga lobby en diversos lugares del planeta.

    Una cosa es la diplomacia y otra bien distinta es la estupidez funcional, enmascarada de prudencia y sujeción a la ley. La pretensión de Nicaragua es absurda, abusiva y sin asidero. La obligación moral, ética y laboral del presidente de la República, de su canciller, del ministro de Defensa, y de los organismos de seguridad del Estado, es defender la soberanía colombiana, tanto en los tribunales internacionales, como en los mares y fronteras terrestres o fluviales. Nunca, dejar la más mínima duda al respecto.

   Por lo tanto, las desafortunadas frases de la Canciller no solo merecen repudio nacional, sino su inmediata remoción del cargo, por falta de amor patrio, por ineptitud frente al reto que se avecina, por incapacidad para ejercer sus funciones como ministra de Relaciones Exteriores pues pareciera ser la embajadora personal de Santos en los países donde ya hay embajadores oficiales nombrados.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarín.com

Analista de asuntos estratégicos

 


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