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Niñas que huyeron de Boko Haram, son violadas por tropas de Nigeria

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     Geopolítica Internacional

    Cover El cartel Farc (I)Se dice que Africa es el continente olvidado. Por ende sus guerras, sus miserias, su atraso y sus mujeres son olvidadas. El rico en recursos pero empobrecido Estado de Nigería también hace parte del África olvidada. Nigeria es una federación de estados gobernados por un régimen central corrupto surgido como casi todos los países del Africa, al término forzoso de las colonias europeas al final de la Segunda Guerra Mundial.

    Recién surgida como estado independiente, Nigeria soportó una de las más cruentas guerras de las últimas décadas debido al deseo de la suroriental región de Biafra de mayoría cristiana de independizarse del gobierno central para controlar ricos yacimientos petroleros, y de separarse de los musulmanes del norte y oriente del país, cada vez más extremistas y perseguidores contra otras etnias y confesiones religiosas.

    En ese escenario de controversias políticas, económicas y religiosas, los extremistas islámicos instalaron en el nororoiente de Nigeria, células del grupo fundamentalista Boko Haram, que traduce algo así como “la educación occidental es pecado”, el cual primero juró lealtad a Osama Bin Laden y luego  se unió a ISIS.

    Debido a las atrocidades de Boko Haram contra la población civil especialmente contra las niñas de 9 años en adelante a las que secuestra y convierte en esclavas sexuales, organismos humanitarios internacionales han recibido a miles de refugiados en algunas ciudades de la convulsa Nigeria, donde las mujeres continúan siendo víctimas de la violencia sexual, no solo por parte de los yihadistas, sino también por las tropas nigerianas, que se supone deberían protegerlas.

    A partir de 2009, la violación de niñas y mujeres jóvenes  ha sido un sello del horror característico de la guerra contra Boko Haram, que ha consumido el noreste de Nigeria y se ha extendido más allá de sus fronteras. Estimativos de la ONU indican que 7.000 mujeres y niñas han soportado la violencia sexual de Boko Haram. En ese entorno, los terroristas islámicos secuestran y violan a niñas, adolescentes y mujeres, a las que denominan sus “novias” que en la mayoría de los casos pasan de un yihadista a otro como si fueran objetos.

    Pero para colmo de la desgracia de estas mujeres, las fuerzas de seguridad nigerianas también han violado a las víctimas de la guerra, al atacar a mujeres a las que se les ordenó proteger. En 2016, fueron reportados decenas de casos de violación, violencia sexual y explotación sexual en campamentos humanitarios en el Estado de Borno, llevados a cabo por guardias, funcionarios del campo, agentes de seguridad y miembros de grupos civiles de vigilancia.

    Como era de esperarse del formalismo oficial, el gobierno nigeriano se comprometió a investigar las denuncias de violación sexual ocurridas en campos para personas desplazadas por la guerra y dijo que "estos informes tan angustiosos no se tomarán a la ligera". Pero ni se ve acción correctiva del gobierno de Nigeria, ni disminuyen los ataques sexuales en los campos de refugiados, e inclusive muchas niñas reafirman haber sido violadas por los soldados en muchas ocasiones.

    En la guerra contra los yihadistas el ejército nigeriano ha ordenado a los pobladores civiles que desalojen amplios sectores del noreste del país, con el fin de buscar y ubicar los escondites de Boko Haram. En consecuencia, cientos de miles de civiles se han mudado a enormes asentamientos sin suficientes garantías de salubridad, seguridad y respeto por la dignidad de las mujeres. Otros nutridos grupos de civiles han llegado solos a los campamentos después de huir de los ataques mortales de Boko Haram.

    La mayoría de los campamentos de refugiados están sobrepoblados, y de remate hay nuevos arribos todos los días. A menudo escasean la comida y el agua y los equipos de salud luchan contra brotes de cólera que han matado a docenas de refugiados.

     La iluminación nocturna de los campamentos es tenue. Los funcionarios de organismos de ayuda internacional están allí solamente en horas diurnas, debido a los toques de queda epropios de los tiempos de guerra. Y lo más aberrante, las fuerzas de seguridad nigeriana controlan estrictamente quién entra y sale de los campamentos de refugiados, y algunas veces obligan a mujeres y niñas a intercambiar sexo por comida.

     Y como si esta desgracia fuera poca, no se pueden quitar de allí las tropas abusadoras, porque según funcionarios del gobierno nigeriano, esos lugares necesitan seguridad las 24 horas para proteger a los residentes, porque algunos de los campamentos son objetivos regulares de los atacantes suicidas desplegados por Boko Haram.

    Entretanto, en el campamento Teachers Village, algunos refugiados denunciaron que las fuerzas de seguridad nigeriana idearon un sistema para seleccionar a sus víctimas. Las mujeres jóvenes fueron llamadas a cocinar para ellos. Después de que las mujeres terminan labores, son víctimas de violaciones y otros abusos sexuales, como hacerlas bañar desnudas en presencia de los militares para que cada quien escoja a quien viola.

    A menudo la mujer que opone resistencia resulta herida, pero casi nunca solicitan atención médica, temiendo que los agresores desaten venganzas contra ellas. Así son violadas de manera reiterativa.

    En la primavera de 2017, era tan repetida la noticia de las violaciones de mujeres en en el campamento de Teachers Village en Maiduguri que muchas personas provenientes de varios lugares de Nigeria, llegaron allí para buscar parientes desaparecidos de sus regiones y que suponían se habrían refugiado en esos campamentos humanitarios huyendo de la guerra.

     Ante las presiones de la ONU y Human Rights Watch, Muhammadu Buhari presidente de Nigeria dispuso abrir una investigación sobre las agresiones sexuales en los campos de refugiados y ordenó el envío de 100 mujeres militares a controlar parte de los campamentos. Como resultado, el número de denuncias de abuso sexual ha disminuido.

     En desarrollo de esa tarea, en diciembre de 2016 la policía nigeriana arrestó a varios hombres por abusar y explotar sexualmente a mujeres y niñas. Los abusadores eran dos agentes de policía, un guardián de la prisión, dos milicianos civiles, un funcionario y tres soldados. Sin embargo, una Junta Especial de Investigación del Ejército nigeriano aseguró en junio de 2017, que las acusaciones contra sus soldados en los campos eran infundadas, mientras que Jimoh Moshood, un portavoz de la policía, dijo que las investigaciones continuaban.

    A lo anterior se agrega, que en la guerra contra Boko Haram, las fuerzas de seguridad nigerianas han sido acusadas de numerosos abusos contra los derechos humanos, incluido el asesinato de civiles inocentes y la detención de niños durante meses para determinar su lealtad. Por ejemplo, en los puestos de control para ingresar a Maiduguri, los soldados y miembros de las milicias han rechazado a grandes grupos de personas desplazadas que huyen de Boko Haram, a menos que puedan pagar una "tarifa de entrada". A las personas que escapan con sus rebaños a veces se les cobra una tarifa por cada animal. Quienes no pagan los sobornos son enviados de vuelta al peligro.

     Las aberraciones y abusos llegan al extremo, que dentro de los campamentos, soldados y miembros de grupos civiles vigilantes han sido acusados ​​de obligar a la gente a pagar el privilegio de instalar tiendas de campaña o refugios con carpas hechas de lonas y pasto. Algunas personas desplazadas denunciaron ante miembros de la ONG Amnistía Internacional, que fueron forzadas a vender sus pertenencias para sobrevivir, y cuando se les acaban las cosas para vender, las mujeres y los niños son forzados a tener relaciones sexuales con soldados y milicianos civiles para conseguir comida.

    Estremecedores testimonios de mujeres refugiadas en  el campamento Maiduguri-Nigeria asi lo confirman. El caso de Falmata, una adolescente de 14 años es impactante.  Cuando cursaba sexto grado fue secuestrada, sacada de su casa y llevada por la fuerza a los campamentos terroristas donde fue violada muchas veces por yihadistas de Boko Haram.

    Al cabo de tres años de secuestro y esclavitud sexual, Falmata escapó mientras sus captores dormían. Con tan solo catorce años de edad, sola y sin familiares a la vista, llegó a un campamento para víctimas de la guerra en su país, pero para su desgracia, la misma noche que llegó al campo de refugiados fue abusada sexualmente por uno de los soldados que custodian las carpas. Y acto seguido otro militar nigeriano también la violó.

     Otra niña de 13 años aseguró a periodistas internacionales que en un campamento en Maiduguri "Los soldados venían y me abrazaban muy fuerte" y que como consecuencia ha sido violada  10 veces en lo que ha transcurrido de 2017, razón por la cual escapó del campo de refugiados pues según sus palabras los soldados que la violaron "Eran lo suficientemente mayores como para ser mis padres".

     La terrible experiencia de Falmata comenzó a los 11 años de edad cuando disfrutaba de la escuela primaria, donde era feliz bailando al ritmo de la música local Kanuri. Un día mientras Falmata cuidaba a su madre enferma, los terroristas irrumpieron en su casa y la secuestraron. La obligaron a casarse con un yihadista, pero este murió en un combate una semana más tarde, razón por la que le asignaron otro marido. Quedó embarazada, pero el bebé murió días después de su nacimiento.

     Una noche, Falmata despertó y evidenció que todos los terroristas dormían, entonces escapó. En una aldea encontró a una mujer mayor de edad, quien le dio una linterna y le señaló el camino hacia Maiduguri. Falmata fue encontrada por soldados nigerianos quienes la llevaron al campamento de Dalori, en  las afueras de Maiduguri. Pensó que la estaban entregando a salvo, pero de inmediato se enfrentó al mismo tipo de abuso sexual por el que había arriesgado su vida para huir. Y esta vez fue sometida durante varios meses por las personas que estaban allí para protegerla.

     Falmata sabía que tenía que huir, de nuevo, y para hacerlo pidió permiso para ir al mercado. Así salió del campamento de refugiados en las mismas condiciones que escapó de la guarida de Boko Haram: sola, sin dinero y sin idea de a dónde iba.

     Gracias a un lugareño, Falmata encontró en Maiduguri a su abuela, quien pensaba que la niña estaba muerta. Ahora vive con su abuela, pero está muy avergonzada por la tragedia que le ha sucedido. Sueña continuar su educación y convertirse en abogada para ayudar a muchos desposeídos en su país… Pero la guerra sigue, el yihadismo es cada día mayor en Nigeria y la corrupción integral del gobierno crece matemática y geométricamente en un país olvidado, con una guerra olvidada dentro de un continente olvidado.

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     www.luisvillamarin.com

      Especialista en Geopolítica, Defensa Nacional y Estrategia

      El coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es asiduo investigador de los componentes políticos, sociales, económicos, religiosos, sicológicos, sociológicos y geopolíticos del terrorismo internacional sea islámico o comunista, temas sobre los cuales ha escrito varios libros, que son fuente de consulta en universidades, centros de estudios políticos y academias militares de diversos países del mundo. Sus obras Narcoterrorismo la guerra del nuevo siglo, Conexión Al Qaeda, La Primavera Árabe y Geopolítica del Terrorismo Islámico, han sido sido sugeridas a los lectores y seguidores en los formatos electrónicos de la prestigiosa revista Time y la cadena de televisión CNN en español.