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Tres grandes errores geopolíticos en la historia de Colombia

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     Geopolítica

     Los casi nulos conceptos de inteligencia estratégica y de visión geopolítica, por parte de la dirigencia política colombiana durante casi 200 años de vida republicana, han salido costosos para el posicionamiento del país en el entorno y letales para el desarrollo integral de la nación.

    El problema comienza por el desconocimiento de la elemental definición de la inteligencia estratégica y la miope apreciación geopolítica de lo que sucede en el hemisferio y en el mundo.

    Para sustanciar esta tesis, pero con la claridad anticipada que no son los únicos casos en que esta protuberante falla de autonomía y autarquía han afectado el devenir de Colombia, tomamos como ejemplos, la pérdida territorial por traición de Panamá, el espurio fallo de la CIJ de La Haya en noviembre de 2012 que pretende cercenar 75.000 kilómetros cuadrados de mar territorial colombiana; y el errático manejo del proceso de paz por parte de los presidentes Andrés Pastrana durante el laxo periodo presidencial 1998-2002 y de Juan Manuel Santos a partir de 2010, hasta cuando las trampas de Farc lo fuercen a terminar las prolongadas conversaciones en La Habana.

    Para entrar en materia es conveniente, puntualizar las definiciones:

   Inteligencia estratégica es la acumulación sistemática, procesamiento, análisis, evaluación y difusión y de datos de trascendencia estratégica en los campos social, político, diplomático, económico, militar, cultural y sicológico de Colombia, para su seguridad nacional y su proyección geopolítica en el entorno.

    Y para el caso específico, Geopolítica es la proyección política, económica y diplomática de Colombia en su entorno geográfico y áreas de influencia comercial y cultural.

    Las anteriores definiciones infieren que:

    1. Los cuerpos diplomáticos deben ser agencias de inteligencia estratégica, no simples burócratas ineficientes, bien pagados y con prebendas superiores al resto de compatriotas, por el solo hecho de ser nombrados en la Cancillería, las embajadas o los consulados. Su función debe ser trabajar todos los días en defensa de los objetivos nacionales de Colombia.

    2.Para ocupar los cargos diplomáticos se necesitan funcionarios de carrera, personas con estudios profundos en geopolítica, geoestrategia, seguridad nacional, comercio internacional, derecho internacional, relaciones internacionales.

     No simples cuotas políticas de los caciques regionales o lo más vergonzoso, herederos de la logia Mallarino-Holguin responsable de todos los fracasos geopolíticos colombianos, o lo que es aún peor, miembros de las familias Santos, Lleras, Turbay, Pastrana, Gómez, Galán, Santofimio, Cepeda, Urrutia, Brigard, Olaya, Ospina y otros que se han rotado estos cargos o han enviado a ocuparlos, a manzanillos que les ayudan en sus campañas políticas internas.

     3. Colombia necesita objetivos nacionales, sobre los cuales graviten las relaciones exteriores, la defensa nacional y la seguridad interna, pero a juzgar por los hechos, estos objetivos no existen ni en el lenguaje ni en los planes de los gobernantes de turno, acostumbrados a gobernar por impulsos y sin programas de Estado a largo plazo.

    Las tres precisiones enunciadas examinan como confluyen de manera sistemática y repetitiva en tres de los grandes fracasos geopolíticos colombianos, que no son los únicos, sino que como ya se dijo, se tomaron como referentes para sustanciar la tesis y sus conclusiones:

    1.  Pérdida y traición de Panamá

     Panamá se separó de Colombia luego de 14 intentos por razones que indican la pobreza estructural de la percepción política interna de los dirigentes de turno, como por la ignorancia crasa y manifiesta de la dinámica geopolítica que circulaba en ese momento en el ambiente internacional. He aquí algunas de esas razones:

      a. Reiteradas guerras civiles entre liberales y conservadores ansiosos de aumentar su voracidad individual sin importar para nada el país, ni el valor integral de Panamá para el futuro de la humanidad. Por desgracia el presidente Miguel Antonio Caro pedía a Dios que lo dejara morir sin conocer el mar, y su sucesor Manuel Marroquín, un escritor de novelas y poemas, que se ufanaba sin sentido de patria de haber recibido un país y devuelto dos.

    Eso sí, ambos fueron encarnizados enemigos de sus enemigos políticos internos sin poner cuidado al dictador-pirata Santos Zelaya que gobernaba a Nicaragua, o a los enemigos de Colombia Eloy Alfaro de Ecuador y Cipriano Castro de Venezuela que apoyaban a las guerrillas liberales y promovían la desmembración del territorio colombiano, para formar nuevos estados.

    Mientras tanto el gobierno e Estados Unidos que si sabía para donde iban sus intereses azuzó la deslealtad en Panamá, construyó el ferrocarril, boicoteó a los pedantes ingenieros franceses y se quedó con el control del canal que le garantizó el asombroso crecimiento de su poder marítimo en menos de 50 años.

      b.     Estupidez funcional de los prohombres de Colombia, como Manuel María Mallarino, Tomás Cipriano de Mosquera, Manuel Murillo Toro, Mariano Ospina Rodríguez y Rafael Núñez,  por citar solo algunos pues la lista es más larga, de cómo estos encopetados aristócratas criollos insuflados de pergaminos nacidos de la expoliación de tierras y recursos a los indígenas, pues la verdad es que España no vino nadie de sangre azul a Colombia, porque tampoco los había en la Madre Patria; vivieron metidos en sus burbujas de egocentrismo e ignorancia crasa acerca de la importancia geopolítica y geoestratégica de Colombia, y de la necesidad de estar enterados de que sucedía en el mundo exterior que afectara a Colombia y el destino del país.

     Por ejemplo Ospina Rodríguez fue de los envalentonados cobardes que urdió el atentado contra la vida del Libertador Simón Bolívar el 25 de septiembre de 1828. Veintiocho años más tarde siendo presidente de Colombia, la arrogante agresividad que demostró Ospina con los demás conjurados para asesinar al padre de la patria a quien llamaron “tirano y dictador”, se escurrió como el ruidoso plumaje del pavo que se asusta al primer ruido.

     En esos días un delincuente estadounidense intentó robar a un vendedor callejero en ciudad de Panamá que todavía era territorio de Colombia, al negarse a pagar un trozo de sandía. El ofendido comerciante informal agredió al ladrón. En el istmo había tropas estadounidenses autorizadas por el tratado Mallarino-Bidlock, que de manera vergonzosa entregó la soberanía de ese territorio a los yanquis, para que los gobernantes centrales pelecharan los impuestos del ferrocarril y para que los partidos contrarios al que estuviera gobernando, no se insubordinaran ni estructuraran guerrillas en Panamá.

     De manera increíble, los soldados estadounidenses agredieron a varios colombianos debido a que en la refriega murieron varias personas. La Casa Blanca amenazó con utilizar el poder militar de su país si Colombia no aceptaba la responsabilidad de los hechos. Y Ospina Rodríguez el mismo bravucón que se complotó para asesinar a Bolívar, esta vez dócil y timorato, accedió a la exigencia yanqui. Nueve años después Colombia pagó a Estados Unidos la exorbitante suma de 412.354 dólares de la época.

     Años más tarde Manuel Murillo Toro, tuvo la cachaza de ofrecer a Costa Rica que el gobierno colombiano le regalaría más de la mitad de la actual Panamá, si el gobierno liberal de Costa Rica instauraba en ese país centroamericano una constitución federal similar a la de Estados Unidos de América,  o al experimento federal que en ese momento vivía Colombia. Por suerte la teatral actitud de un senador panameño, impidió que el congreso nacional del momento hubiera aprobado semejante traición a la patria.

      Después Rafael Núñez un camaleón que rotó por el partido liberal y el conservador con la misma naturalidad que un futbolista pasa de un equipo de fútbol a otro, que además era un  gamonal similar al Serpa Uribe o al Gaviria Trujillo de hoy, o al clan politiquero de los Valencia Cossio o de los dueños de los votos en la Costa Atlántica de hoy; dio mayores poderes a las fuerzas armadas norteamericanas para que intervinieran en Panamá, cada vez que el orden público se alterara.

      No para traer la paz al país si no para evitar que sus enemigos políticos le formaran guerrillas para derrocarlo.

      Mientras estos eventos y muchos más que hoy son motivo de vergüenza histórica sucedían aquí en Colombia, Estados Unidos aprobó la ley del Guano que les permitía apropiarse de cualquier islote en el mundo, el almirante Mahan publicó sus escritos geopolíticos de la importancia del mar, crecieron las doctrinas del Destino Manifiesto y Monroe de América para los americanos, la Casa Blanca compró a Alaska; como consecuencia de la guerra de Crimea en 1867 las potencias europeas se repartieron el mundo, etc.

       Y lo triste del asunto, es que aunque todo eso afectaba a Colombia, en nuestro suelo, los dirigentes liberales y conservadores muy dados a hacer que el pueblo se matara en su nombre, ni se daban por entendidos de la dinámica geopolítica internacional.

      Como corolario de esas inquinas entre quienes eran bravucones dentro del país y absolutamente arrodillados de las fronteras hacia afuera, Colombia fue llevada a la sangrienta guerra de los mil días promovida por liberales ansiosos de poder y conservadores marginados por la arrogancia de Caro y Marroquín.

     Cuando los yanquis ya habían acomodado sus fichas y previeron el desenlace de la estupidez interna de los dirigentes políticos colombianos, ayudaron a que el teatro de operaciones del conflicto se trasladara a Panamá, luego impusieron a los generales de los dos partidos, (aquellos gamonales que cosechaban grados militares de acuerdo con sus abolengos y poco claros pergaminos), que se sentaran a dialogar el tratado de paz abordo del buque norteamericano Winsconsin fondeado frente al itsmo.

     Allí se reunió la flor y nata de los señores de la guerra, para ponerse de acuerdo como ninguno de ellos perdía las prebendas, pero el pueblo que se había matado en su nombre siguió igual de olvidado. Algunos ilusos dicen que ese acuerdo fue benigno porque paró la guerra y la matazón, pero no comprenden que esos odios insepultos revivieron varias décadas después y de allí nació la violencia comunista que ya cumple más de 50 años en el país.

     Por desgracia en los libros de historia, escritos por los amigos o copartidarios de estos personajes mediocres e inferiores al reto histórico que les correspondió vivir, aparecen como próceres y prohombres de Colombia. Con razón el historiador Indalecio Liévano y su amigo el profesor Germán Arciniegas coincidían en afirmar que las salas de próceres de Colombia están infiltradas por mediocres, desleales y miopes dirigentes políticos.

    Por esas y muchas más razones Colombia perdió a Panamá con todos los aspectos negativos de geopolítica e inteligencia estratégica, que esa desmembración significó y sigue significando para el país.

      2. Espurio fallo de la CIJ a favor de Nicaragua

    fallo salomonico la haya El lamentable fallo de la CIJ en favor del trásfuga gobierno comunista de Nicaragua que pretende cercenar 75.000 km2de mar territorial colombiano, tiene raíces anteriores a la traición y separación de Panamá, hecho con el que se fortaleció. El problema inició con la tensión geoestratégica entre Estados Unidos y Gran Bretaña por el predominio naval del mundo. Colombia cuya territorio incluía el istmo de Panamá y la Costa de la Mosquitia estaba gobernada por mediocres que no veían más allá de sus intereses personales y grupos de amigos políticos.

     Para zanjar diferencias estadounidenses y británicos firmaron el tratado Clayton Bulwer de 1850, cuya intencionalidad afectaba al país, pero el interés de que los yanquis construyeran el ferrocarril de Panamá y pusieran tropas allí para que no hubiera guerrillas antigubernamentales, pudo más que la proyección geopolítica del país y que la inexistente inteligencia estratégica del gobierno colombiano.

     Así Inglaterra se robó la Costa Mosquitia a donde el gobierno bogotano no enviaba ni siquiera profesores porque para los encopetados aristócratas capitalinos, eso no valía la pena. Años después Inglaterra le regaló esas tierras a Nicaragua y Colombia no reclamó nada, porque en ese momento, liberales y conservadores estaban matándose en otra de las tantas guerras civiles. Ni por imaginación pensar que pararan el desangre y fueran a hacer valer los derechos patrios. Y de remate subió al gobierno dictatorial de Nicaragua, Santos Zelaya un equivalente al Hugo Chávez de esa época.

      Un chafarote, grotesco, desafiante y amigo de promover la subversión en el continente. Obviamente, los insurrectos colombianos del momento se aliaron con Zelaya, y hasta conversaron con el populista gobernante ecuatoriano Eloy Alfaro para  conformar un nuevo estado que incluyera a Ecuador, el occidente colombiano y Panamá.

     Entretanto el gobierno revolucionario venezolano de Cipriano Castro apoyaba a las guerrillas colombianas. Y los encopetados dirigentes liberales colombianos viajaban a Managua, a Ecuador y a Caracas o hasta Nueva York a coordinar los apoyos extranjeros para la guerra. Cualquier parecido con la situación actual no es mera coincidencia.

     Por estas razones a los dirigentes políticos nicaragüenses que siempre han tenido mentalidad bandoleril, se les ocurrió robarse las islas del Maíz, alquilarlas a la Armada de Estados Unidos y decir que el Archipiélago de San Andrés y Providencia pertenecía a su país.

     Por su parte, los gobiernos colombianos con sus cancilleres impregnados de la alcurnia y derecho hereditario de la logia Mallarino-Holguín, en lugar de poner tropas colombianas en las islas del Maíz y el archipiélago de San Andrés, agacharon la cabeza y soportaron la humillante imposición del tratado Esguerra-Bárcenas en 1928, obviamente por la miopía geopolítica de quienes no veían más allá de sus intereses personales y la prolongación del gobierno conservador que duró 45 años (1885-1930), pero además con la ineptitud de los liberales reflejada en el deseo de llegar al poder para imponer el socialismo copiado de Europa. Tropicalismo en la más pura extensión de la palabra.

     El humillante tratado Esguerra-Bárcenas firmado entre funcionarios de medio nivel de las dos cancillerías, regaló a Nicaragua no solo las islas del Maíz, sino la mitad del mar territorial colombiano, al establecer como límite internacional el meridiano 82. Los años pasaron y la siempre miope dirigencia colombiana siguió empeñada en las luchas intestinas, las intrigas, los asesinatos políticos de los opositores y el patrocinio de grupos ilegales para cobrar venganza del adversario.

     Agobiados por ese desorden se inventaron un acuerdo bipartidista de gobierno llamado el Frente Nacional que ayudó a superar la violencia sectaria liberal-conservadora, pero como siempre por miopía geopolítica e inexistente inteligencia estratégica en torno a los objetivos nacionales, pasó por alto y desconoció los alcances de la violencia comunista hoy convertida en narcoterrorismo comunista contra Colombia.

     Aprovechando ese escenario Nicaragua sacó las uñas. En 1967 y 1968 el dictador Anastasio Somoza autorizó a unas compañías petroleras internacionales, la explotación de petróleo en aguas colombianas. El entonces presidente Carlos Lleras y su canciller Alfonso López Michelsen dos de los grandes prohombres que han sacrificado a Colombia, recurrieron a las notas de protesta pero no tuvieron ni la visión geopolítica, ni la decisión política, ni mucho menos la audacia de utilizar la inteligencia estratégica para  adelantarse a los intereses geoestratégicos de Nicaragua.

     Doce años después terroristas sandinistas auspiciados por Cuba y la Unión Soviética derrocaron la casta Somoza y de inmediato sacaron a relucir su actitud bandoleril, al declarar que el archipiélago de San Andrés es parte de Nicaragua, y que el tratado Esguerra Bárcenas no tenía validez para los comunistas nicaragüenses.

     La tibia respuesta del gobierno Turbay Ayala y del entonces canciller Diego Uribe fue que se trataba de un chiste de los terroristas nicaragüenses recién posesionados del gobierno en ese país. No obstante la dictadura sandinista publicó  libros de geografía y mapas de su país en los que incluía a San Andrés como territorio nicaragüense, pero los gobiernos de Belisario Betancur y Virgilio Barco que no acertaron ni adentro ni afuera de Colombia, se quedaron callados, máxime que Belisario quería ser Premio Nobel de Paz, y hasta se prestó a la jugada política de la Casa Blanca que promovía la paz en Centroamérica para sacar a Cuba y a la Unión Soviética de Nicaragua.

     La ausencia de inteligencia estratégica, la miopía geopolítica y el afán egocentrista de Belisario soñando con el Premio Nóbel de Paz resultaría fatal para Colombia dos décadas después.

     En el año 2001, el entonces presidente Andrés Pastrana andaba embelesado con el Premio Nóbel de Paz, pese a que las Farc estaban engatusando a Colombia. Por su parte, las Farc ya se creían los nuevos gobernantes del país. Daniel Ortega visitó a Tirofijo en el Caguán y coordinó con los cabecillas de las Farc que su país apoyaría la toma del poder en Colombia, a cambio del traspaso de la soberanía sobre San Andrés y Providencia. Nadie puso atención a la gravedad de este asunto.

    Al poco tiempo vino la espuria demanda contra Colombia ante la CIJ, pero ya Colombia se había retirado de su jurisdicción. No obstante Andrés Pastrana a quien le fascinaba aparecer en todos los países del mundo como un atleta de la paz, aceptó la demanda en la cual Nicaragua se reservaba el derecho de cambiar el contenido.

    El tiempo pasó y mientras en Colombia el gobierno se ocupó de utilizar los servicios de inteligencia estratégica para interceptar comunicaciones de periodistas mamertos, dirigentes de poca monta y magistrados cuestionados, Nicaragua utilizó a su veterano embajador en la Haya para que coordinara toda la trapacería contra Colombia.

    Por eso se produjo el espurio fallo de la CIJ y Colombia fue humillada como nación soberana, triste situación que se complicó más con la vergonzosa respuesta de la canciller Angela Holguín quien pronosticó para tranquilidad de los magistrados complotados contra Colombia en La Haya, que se trataría de un fallo salomónico.

     3. Negociaciones de paz con las Farc

    sillaLos periodos presidenciales de Andrés Pastrana y Juan Manuel Santos totalizan casi siete años de pérdida de tiempo y engaños sistemáticos de las Farc en mesas de conversaciones, a las que el grupo terrorista ha llegado no a negociar la paz, o la desmovilización de sus estructuras armadas, o la dejación de las armas, o el abandono del narcotráfico o la suspensión del terrorismo contra el pueblo colombiano, sino la cualificación política de su plan estratégico para la toma del poder, con la ayuda clandestina y curiosamente repetitiva de los gobiernos proterroristas de Venezuela, Nicaragua y Ecuador, que para soportar los intereses de las Farc son “abanderados” de la paz en Colombia.

     Después de 29 meses de engaños al pueblo colombiano e imposiciones unilaterales a los delegados del gobierno nacional, las Farc anunciaron el desminado voluntario y en contraprestación Santos anunció la suspensión temporal de bombardeos contra las guaridas de los terroristas, que en asocio con sus cómplices armados y desarmados, dentro y fuera del país, abogan por el cese bilateral de operaciones, que permita a las Farc reentrenarse, reequiparse y continuar su guerra de clases contra la “oligarquía” y el imperialismo yanqui.

     Para el efecto las cuadrillas de las Farc están dedicadas a extorsionar, a la minería ilegal, al narcotráfico, a las alianzas con bandas criminales y a todas las formas posibles de incrementar ingresos para financiar la compra de armas y sostener el entrenamiento militar de sus estructuras armadas.

    Los traficantes de armas provenientes del Medio Oriente y Rusia, ya no tienen necesidad de  ir a las selvas tropicales a reunirse con los cabecillas. Van a La Habana y hacen los negocios, y el dinero lo reciben allá mismo, o en Managua, o en Caracas o en Quito con la venia de los gobiernos proterroristas amigos de las Farc.

    El problema se torna más complejo debido al incontrolado flujo de armas rusas, chinas, estadounidenses y belgas que hoy circulan por el Medio Oriente como consecuencia de la Primavera Árabe, del crecimiento del yihadismo y de las guerras civiles que crecen en varios países de la región, alebrestados por la cada día más clara rivalidad geopolítica y geoestratégica entre Arabia Saudita e Irán, alimentada por los intereses económicos de las potencias sobre el por siempre volátil Medio Oriente.

   Máxime que Venezuela ha adquirido armas para las Farc como si fueran destinadas a sus fuerzas armadas. Y como quedó claro en los computadores de Raúl Reyes, el gobierno saninista de Nicaragua también lo ha hecho. El esperpento mediático del chavismno con el argumento que es necesario armar a la población civil para contener una invasión yanqui, es un punto que debe preocupar al gobierno colombiano, porque podría ser una cortina de humo para armar a las Farc con la supuesta legalidad de la adquisión de esas armas en el mercado internacional.

    Por desgracia, una vez más la miopía geopolítica de los dirigentes de turno inferiores a los retos históricos, la aún inexistente inteligencia estratégica y el vanidoso deseo del presidente Santos por ser escogido como el Premio Nóbel de Paz, afectan a Colombia y favorecen el accionar de los enemigos del país.

El problema se ahonda cuando el Congreso está empalagado con la mermelada que reparte el presidente Santos para evitar contradictores, el enfoque de pelea personal que da la oposición del Centro Democrático al asunto, el trabajo sincronizado de los comunistas desarmados dentro y fuera del país, la incapacidad política de las Fuerzas Militares, el mutismo de los negociadores del gobierno, y la ausencia de periodismo serio, profundo y conocedor de la estrategia y la geopolítica.

     En síntesis: Tres casos diferentes y una sola realidad. Miopía geopolítica, ausencia de objetivos nacionales, e inexistencia de un servicio serio y cualificado de inteligencia estratégica, pues a juzgar por los hechos, ni el alto gobierno ni quienes debieran manejar este asunto tan delicado, conocen o saben  que debería existir esa estructura sólida de consecución, proceso, análisis, evaluación y difusión de la información de seguridad nacional.

    De remate la cancillería, las embajadas, y los consulados son recipientes de nombramientos por conveniencias políticas, y en muy escasos casos, por méritos, conocimientos o capacidades. Por eso sucede lo que sucede.

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

    www.luisvillamarin.com

    Analista de asuntos estratégicos

    El coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es especialista en Defensa Nacional, Geopolítica, Contraterrorismo y Estrategia, temas sobre los cuales ha escrito 25 libros y mas de 850 artúclos, además de haber participado en decenas de paneles internacionales y nacionales sobre estos temas. para leer las obras del coronel Villamarín haga click aquí.