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Colombia necesita escuelas de Geopolítica

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    Análisis del conflicto colombiano

   La compleja realidad de la ilícita pretensión del gobierno de Nicaragua sobre mas de 75.000 kilómetros de mar territorial, la desmedida ambición del mismo país sobre la plataforma marítima colombiana y la oscuridad que rodea las conversaciones en La Habana, son indicios suficientes para demostrar que Colombia, carece de dirigentes políticos y de asesores de alto nivel cualificados en temas de geopolítica, geoestrategia, defensa nacional y operaciones estratégicas de guerra sicológica o guerra política, planteada por agresores actuales o potenciales.

    La solución al evidente problema es práctica y urgente: Activar escuelas o facultades de geopolítica tanto en las instituciones militares como en las universidades y centros de estudios superiores, para avocar temas concretos tales como doctrina de la seguridad nacional, inteligencia estratégica, geopolítica local, regional y mundial, geoestrategia, estudio de procesos revolucionarios en el mundo y procesos de paz.

     Los hechos hablan por si solos. Los tumbos de sucesivos gobiernos en relaciones internacionales, seguridad nacional, combate al narcoterrorismo, comprensión de los planes estratégicos de las agresiones actuales y potenciales, etc., reflejan que los dirigentes que han gobernado el país desde su nacimiento como república han sido inferiores a retos específicos de defensa de integridad territorial, control del orden público, desarrollo social, político y económico sostenido y proyección del país como la potencia que pudiera ser en el entorno, debido a sus recursos y privilegiada posición geográfica.

    Vistos los hechos con ojo avizor, queda claro que Colombia perdió territorio con todos los países vecinos, permitió la vergonzosa traición de Panamá orquestada por apátridas y gringos avarientos; cohonestó la pérdida de la Costa Mosquitia derivada del tránsfuga contubernio de Inglaterra y Nicaragua, como castigo al gobierno de Bogotá por haber concedido la construcción del Canal de Panamá al francés Fernando de Lesseps; un antepasado de la Canciller María Ángela Holguín le regaló Los Monjes  a Venezuela; etc., etc.

Todo esto por culpa de dirigentes mediocres, carentes de formación geopolítica, escasos de patriotismo y fervientes participantes de la consuetudinaria rapiña politiquera, que ha carcomido a Colombia.

     En el orden interno, la triste situación se resume en una aristocracia avarienta de superpoderes centralistas sobre las cumbres andinas, ajena a los mares y los puertos; alejada de la realidad social y económica de sus gobernados y de remate convencida de un destino mesiánico y derecho hereditario de sus familias para manejar todos los hilos del poder; confrontada a cuadrillas de bandidos sin escrúpulos para asesinar y desangrar al pueblo que dicen defender.

     En la mitad de esa rapiña de extremistas de ambos lados, están las abnegadas Fuerzas Militares que obligadas por las circunstancias han tenido que salvar la república en reiteradas ocasiones; y hasta soportar la ignominia de la falta de memoria histórica del pueblo colombiano, o, padecer el desvío de algunos de sus integrantes, que han podido delinquir debido a la ineptitud de la clase dirigente para guiar el país.

    A esta dramática realidad se suma la postrante situación de la población colombiana, que soporta la avaricia y corrupción de los aristócratas y sus compinches dirigentes políticos, sin recatos para hincar los colmillos al presupuesto nacional y a la nómina burocrática.

    Y la lista continúa sin solución a la vista, a menos que se impulse el estudio y la praxis de la geopolítica, materializada en la creación de grupos de pensamiento, partidos políticos con programas creíbles y ejecutables, planes estratégicos de desarrollo nacional integral, fortalecimiento de los medios y planes de defensa nacional, programas a largo plazo para la cancillería que saque a los burócratas del erróneo concepto que son “monarquitas” con derecho divino a honores y prebendas, etc.

    En ese orden de ideas, las Fuerzas Militares deben incrementar estas cátedras en los cursos de formación y capacitación, para capacitar generales y almirantes con criterios sólidos y visión de conjunto acerca de la realidad nacional, la sociología política del país, el entorno geopolítico cercano y lejano, asi como las tendencias del mundo venidero y la integración de las instituciones militares al desarrollo nacional.

    Si el país y las Fuerzas Militares hubieran sido manejadas desde el principio dentro de esos parámetros, con toda certeza, ni se hubieran perdido cerca de un millón de kilómetros cuadrados de territorio, la aristocracia autoconvencida de derechos hereditarios  tendría un mínimo criterio de patriotismo, los extremistas con perennes nexos en el exterior no actuarían contra el pueblo colombiano al que dicen defender; Nicaragua respetaría a Colombia; Cuba no se atrevería a apadrinar el terrorismo comunista, Rusia no sobrevolaría desafiantes aeronaves militares sobre nuestro espacio aéreo, ni tendríamos tanto mediocre pantallero en cargos de alto nivel.

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

    www.luisvillamarín.com

   Analista de asuntos estratégicos

    Lea aquí los libros escritos por el coronel Luis Villamarín