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17 años de la guerra con el terrorismo islámico… y el problema continúa

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      Geopolítica internacional

     cover martes de horrorEste 11 de septiembre de 2018 se cumplen 17 años de los audaces atentados terroristas de la red yihadista Al Qaeda contra las torres gemelas en New York y el Pentágono en Virginia, con la consecuente iniciación de la guerra contra el terror o guerra contra el terrorismo, declarada por la administración del entonces presidente estadounidense George W. Bush.

     La guerra contra el terror, es una potestad que desde entonces y que continúa 17 años después, confirió el congreso estadounidense al poder ejecutivo de su nación, para atacar a las redes terroristas que atenten contra los intereses de Estados Unidos en los cinco continentes.

     cover conexión al qaedaConfiados en el poderío militar y la tecnología bélica de última generación, los apodados “halcones” del régimen republicano de Bush, encabezados por el entonces Secretario de  Defensa Donad Rumsfeld, lanzaron una ofensiva aeroterrestre en Afganistán con apoyo de la OTAN y pocos meses más tarde se empeñaron en una aventura bélica en Irak sin el apoyo de la ONU, con el argumento que el régimen dictatorial de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva y ayudaba a las células yihadistas de Al Qaeda.

     Casi dos décadas después, la evolución geopolítica derivada de los acontecimientos, permite hacer los primeros análisis político-estratégicos a la guerra más prolongada y más compleja que ha enfrentado la Unión Americana desde su nacimiento, pues aunque Barack Obama retiró las tropas de Irak y redujo drásticamente el pie de fuerza estadounidense en Afganistán, la guerra contra el terror que aún no ha sido supervisada estrictamente por el Congreso estadounidense, se extendió al medio Oriente, el Norte de África, el África Subsahariana, el Cuerno Africano, el África Occidental y todos los países de Asia Meridional.

     En estas regiones el yihadismo se fortaleció luego de la inteligente adaptación de células terroristas hecha desde Afganistán por Al Qaeda y los Talibán, con apoyo militar del servicio de inteligencia de  Pakistán y  las finanzas de jeques millonarios y e imames extremistas de Arabia Saudita.

     Así los costos en vidas humanas superan los 3000 muertos en todos los países afectados por el yihadismo, mientras que la Casa Blanca ha gastado más de un trillón de dólares en asistencia militar, operaciones de combate, acción sicológica, cooperación civil-militar, educación para la democracia y espionaje, sin que los resultados finales hayan sido los esperados. 

     A manera de ejemplo comparativo, esta inversión es superior a lo aportado por Estados Unidos como parte del Plan Marshall para reconstruir Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

      En Afganistán, el ataque coordinado de la OTAN encabezado por Estados Unidos, depuso del poder al régimen talibán pero no eliminó a sus dirigentes que fueron recibidos y protegidos por los servicios de inteligencia pakistaní (ISI). Al mismo tiempo y con una importante cantidad de bajas de ambos bandos, las fuerzas coalicionadas sacaron de las montañas de Tora Bora a algunos reductos talibán y Al Qaeda, pero no lograron en ese momento el objetivo de eliminar a Osama Bin Laden.

      Tuvieron que esperar nueve años más hasta localizarlo y matarlo en un suburbio militar localizado Abbotabad Pakistán, donde era protegido por el mismo gobierno y las mismas fuerzas militares pakistaníes, que anualmente reciben ingentes sumas de dólares, para ayudar a Estados Unidos y las democracias occidentales a combatir las redes yihadistas internacionales.

     Cover El cartel Farc (I)Hoy el escenario en Afganistán es desconsolador. Los talibán han recuperado el 56% del control territorial, exportan enormes cantidades de heroína hacia Europa, todos los días cometen violentos ataques terroristas, copan y destruyen a desmotivadas unidades militares o policiales del gobierno afgano, catequizan a miles de jóvenes de las tribus adeptas al yihadismo y prolongan penosamente una guerra volátil, que en su concepción pretendió ser relámpago, debido a la incalculable diferencia tecnológica de la primera potencia mundial frente a los yihadistas.

      En Irak, la incursión estadounidense terminó en un fiasco. No se encontraron armas de destrucción masiva, los chiitas que eran oprimidos por los sunitas del partido Baaz de Hussein asumieron el poder y desataron encarnizada persecución contra todas las etnias sunitas iraquíes, lo que generó una guerra civil que puso entre dos fuegos a las tropas estadounidenses expertas en tecnología de punta para guerra regular, pero inexpertas en combates terrestres de contra guerrillas en zonas desérticas urbanas y rurales.

      Para rematar el error geopolítico y estratégico de la Casa Blanca y sus aliados sauditas en Irak, el régimen teocrático de Irán de confesión chiita, terció en el problema apoyando con armas, tropas y entrenamiento al nuevo gobierno de Bagdad, mientras promulga a los cuatro vientos que es necesario destruir a Estados Unidos e Israel.

      Y como si fuera poco, Osama Bin Laden envió células terroristas de Al Qaeda a combatir en Irak contra el nuevo régimen chiita pro-estadounidense y desde luego a arrasar con demoledores acciones terroristas a las tropas enviadas allí por George Bush.

   Cover Estado Islámico ISISEn ese entorno el imán sunita Abu Bakr Al Bagdaghdi , vio la posibilidad de crear un califato sunita, se desligó de Al Qaeda y creó al  Estado Islámico ISIS el más sanguinario de todos los grupos yihadistas que han nacido en la convulsa región del Medio Oriente. Desde luego, ni George Bush ni sus “halcones” republicanos respondieron por este grave error geopolítico.

      Asimismo, debido a la insuperable vanidad de Hillary Clinton quien desea ser la primera mujer presidenta de Estados Unidos, cueste lo que cueste, el gobierno Obama amparado parcialmente en la garantía política de la guerra contra el terror, comprometió a la administración Obama en un innecesario ataque contra el régimen dictatorial de Muammar Ghadaffi en Libia, en apoyo a Francia cuyo presidente Nicolás Sarkozy pretendía ocultar un escándalo político, porque había recibido 50 millones de euros del dictador libio, para financiar su campaña presidencial en Francia.

      Un año después de la equívoca decisión, los yihadistas atacaron la embajada de Estados Unidos en Benghazi y asesinaron al embajador norteamericano. De remate tras el asesinato de Ghadaffi a manos de los milicianos, Libia se convirtió en un estado fallido, nido de yihadistas, de tráfico de armas, de tráfico de seres humanos, y en el dolor de cabeza de Europa Occidental en la orilla sur del mar Mediterráneo. Naturalmente Hillary Clinton jamás responderá por este grave error de apreciación geopolítica. Y Obama tampoco.

     Cover Primavera ArabeLa inmersión del gobierno Obama en el ataque aéreo conjunto contra Libia, coincidió con la época de la Primavera Árabe en Túnez, Libia, Siria, Yemen y otros países de la región , donde la CIA coadyuvó a la organización de movimientos populares contra dictadores nacionalistas, los mismos sátrapas que años atrás fueron aliados de algunos gobiernos occidentales y ayudaron a neutralizar a los yihadistas.

      Y como consecuencia de esas guerras civiles, se recrudeció en el Medio Oriente la “guerra fría” latente entre los sunitas encabezados por Arabia Saudita y los chiitas encabezados por Irán. Pronto ambas potencias petroleras enviaron todo tipo de apoyos bélicos, humanos y logísticos a las respectivas facciones según su confesión religiosa.

      Al mismo tiempo Irán apadrinado por Rusia y China manejó con mano firme la supuesta desarticulación de sus proyectos de guerra nuclear y logró un acuerdo con Estados Unidos, pero de paso abrió el boquete para que Rusia intervenga directamente en la guerra civil siria y posicione su proyección geopolítica en el mar Mediterráneo y Europa Occidental, en consonancia con viejos proyectos expansionistas del Kremlin durante la era soviética, tesis que son del agrado de Vladimir Putin.

     En complemento a la abierta incursión de tropas iraníes y rusas en Siria, la milicia terrorista Hizbolá asentada en El Líbano pero financiada y entrenada por el régimen de los ayatolás en Teherán, aumentó su influencia política en Beirut e incrementó las preocupaciones de seguridad nacional de Israel, debido a la reconocida relación de Hizbolá con el grupo terrorista palestino Hamás y la declarada  intención del gobierno iraní de hacer todo lo posible para destruir a Israel.

    Al mismo tiempo, los kurdos que son un pueblo sin Estado y ansían tener su propio gobierno y territorio, quedaron en la mira de los yihadistas que los atacan por ser aliados de Estados Unidos, pero también de los sirios que los persiguen por hacer parte de las coaliciones armadas que combaten contra el régimen de Bashar Al Assad y por los turcos que los ven como un grave riesgo para la integridad territorial turca y los catalogan como terroristas.

     Simultáneamente Al Qaeda extendió sus redes terroristas al continente africano, donde algunas de sus estructuras se unieron a ISIS y se desplazaron a Siria e Irak  para vincularse al califato de Abu Bakr Al Bagdahdi, en compañía de los yihadistas llegados a la Mesopotamia desde los cinco continentes, mientras otros realizaron acciones terroristas en Europa, Estados Unidos, Australia, Indonesia, y Filipinas.

    Aunque dentro del territorio de Estados Unidos no se volvieron a repetir acciones terroristas del nivel del 11 de septiembre de 2001, no se puede afirmar que se resolvió el problema del yihadismo, pues se han presentado múltiples acciones de los mal llamados “lobos solitarios”, fue necesario ordenar el ataque aéreo contra un estadounidense que militaba en Al Qaeda y se escondía en Yemén,  y recientemente fue descubierto un campo de entrenamiento de niños yihadistas en New México, además de cientos de acciones terroristas descubiertas  y neutralizadas a tiempo por los servicios de seguridad estadounidenses.

     Por otra parte, Boko Haram que pertenecía a Al Qaeda y luego juró lealtad a ISIS, se convirtió en un problema de seguridad internacional para Nigeria y los países que rodean el lago de Chad en África Occidental; Al Qaeda se posesionó de casi la mitad de Mali en el Centro de África; Al Shabbah que también se pasó de Al Qaeda a Isis, incrementó su accionar terrorista en Somalia y el llamado Cuerno de África, desde donde envía yihadistas a la guerra civil en Yemen y otros que ya residen en territorio estadounidense en el Estado de Wisconsin.

     Después de las cruentas y prolongadas batallas urbanas en Aleppo Siria y Mosul Irak contra las estructuras de ISIS, los yihadistas que habían llegado del Cáucaso regresaron a sus países y a la Federación Rusa, otros retornaron a Europa, Canadá, Estados Unidos y Australia, para seguir en lo mismo, pues su visión extremista no ha cambiado, e inclusive tienen en la mira apropiarse de Afganistán, controlar el territorio de Karachi en disputa entre India y Pakistán y construir el califato en Asia Meridional, donde el terreno facilita mayores ventajas tácticas a quien ejerza control militar sobre él.

     Durante los ocho años de la administración Obama, las fuerzas militares estadounidenses incrementaron las operaciones de inteligencia técnica y bombardeos de alta precisión contra los campos de entrenamiento yihadista y sobre las posiciones tácticas ocupadas en el terreno por los terroristas comprometidos en los campos de batalla, pero por diversas razones, los resultados no llegaron a ser óptimos como desearía la Casa Blanca. No obstante, los hechos demuestran que esta ventaja tecnológica debe sostenerse en el tiempo a la par con la mejoría operacional de las unidades de maniobra terrestre orgánicas de los países apoyados.

     Durante los dos primeros años del gobierno Trump, Estados Unidos ha sostenido las acciones ofensivas de inteligencia técnica y bombardeo en Asia y África contra los yihadistas, causando algunas bajas de importantes cabecillas de Isis, Al Qaeda y los Talibán, pero por la dinámica de células dormidas que mantiene en silencioso desarrollo Hizbolá, no se ha visibilizado ninguna acción efectiva de Estados Unidos contra este grupo terrorista de orientación chiita.

     Conclusiones

    1. La guerra contra el terror encabezada por Estados Unidos completa 17 años, sin resolver el problema de manera definitiva. Han caído importantes jefes como Osama Bin Laden, pero debido a la estructura colegiada de las organizaciones yihadistas, cuando cae un cabecilla otro lo reemplaza.

    2. La guerra contra el terror desató una ebullición geopolítica en Asia y África, escenario que aumentó con las revueltas de la Primavera Árabe, las guerras civiles en Siria, Libia y Yemen; el acuerdo nuclear de Irán con Estados Unidos; la desaforada guerra fría entre Irán y Arabia Saudita; Y la inesperada intromisión de Rusia y China en la guerra siria y la potencialidad nuclear iraní.

      3. La mutación o trashumancia de terroristas islámicos por los cinco continentes acorde con la dinámica de la guerra santa contra Occidente, marca un nuevo derrotero de la geopolítica del yihadismo.

      4. Aunque en Estados Unidos no se volvieron a presentar acciones descomunales como los ataques del 11 de septiembre de 2001, no quiere decir que los yihadistas estén derrotados o que no estén intentado realizar nuevas acciones similares o peores, incluida la posibilidad de ataques con armas nucleares tácticas o armas de destrucción masiva.

      5. La doble moral de quienes financian el yihadismo chiita o sunita, es uno de los más complejos problemas que enfrenta la seguridad nacional de cada país afectado en el siglo XXI. Por lo tanto la guerra contra el terror o contra el yihadismo, es un problema internacional, pues ningún país, incluidos los latinoamericanos está exento de estas agresiones.

      6.El yihadismo es un problema de seguridad mundial, no son problemas locales de policía como erróneamente se ha creído en algunos países europeos.

       7. El aparente silencio de Hizbolá, no es señal de pacifismo iraní sino la prueba reina que desde Siria y El Líbano, la teocracia iraní construye un proceso de califato chiita, desde el cual  se pretende desatar la guerra santa contra sus enemigos en el mundo.

       Esa es en síntesis, la proyección de un fenómeno bélico irregular que amenaza los valores del mundo occidental en el siglo XXI.

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

      Presidente Fundador del Centro de Geopolítica Colombia

      www.luisvillamarin.com