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Así caiga Maduro, ya está creado un complejo problema geopolítico en la región

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    Geopolítica Latinoamericana

     Parecería ser que los árboles no dejan ver el bosque. Ante el entusiasta afán compartido en diversos países del mundo, de que el ahora ilegítimo mandatario Nicolás Maduro salga del palacio de Miraflores y responda por las arbitrariedades cometidas por él y sus conmilitones contra el pueblo venezolano, es evidente que analistas, especialistas, opinadores, críticos y sabuesos de lo divino y de lo humano, olvidan que así caiga Maduro, ya está creado un complejo problema geopolítico en la región.

     Las razones son muchas. Así como cuando las élites granadinas temerosas de la llegada de Pablo Morillo a Santa Fé, empujaron al balcón a Fernández de Madrid y finalmente este quedó como el “presidente rebelde” contra la corona española enfrentado el problema subsiguiente; la dividida y sin plan estratégico integral oposición venezolana lanzó al agua a Guaidó, para que enfrentara la dictadura castrochavista, la maquinaria de guerra revolucionaria montada a lo largo de veinte años por la dictadura cubana en Caracas, y como si eso fuera poco, para que Guaidó lidere un difuso proceso de cambio, esperanzador pero incierto.

    A diario se escucha y se ve en los medios de comunicación o en las redes sociales, a los “actuales amigos” de Guaidó, exteriorizando buenos deseos y fe en que los procesos de regreso a la democracia en Venezuela, serán complicados pero posibles. No obstante, no se ve ni la cohesión necesaria ni un plan concreto, diferente al extraordinario lobby internacional del Grupo de Lima y la audacia de la Casa Blanca de aclimatar el discurso anual del Estado de la Unión, mediante el abierto desafío a Rusia en Venezuela y la suspensión del tratado de armas nucleares de mediano alcance entre dos superpotencias.

     El asunto se debe examinar con pinzas quirúrgicas y con base en la realidad de ¿cuál es la verdadera intención de Maduro y su cohorte delictiva?. Sin duda, la intención del chavismo es atornillarse en el poder en Venezuela. No son gratuitos ni la presencia de múltiples estructuras armadas de las Farc, el Eln y Hizbolá en territorio venezolano, ni la obvia presencia "política" en la tierra del Libertador, de varios cabecillas de las Farc “desmovilizados” como Iván Márquez, el paisa y la holandesa Tana Niemejer.

     Tampoco es gratuito que durante veinte años de connivencia, los terroristas colombianos y el G-2 cubano hayan entrenado las milicias populares para la defensa de la revolución socialista del siglo XXI, las cuales están listas para el impredecible derramamiento de sangre.

     Sin apasionamientos, ni pensamientos con el deseo de ver fuera de Miraflores a los comunistas del siglo XXI, es necesario apreciar la situación en su dimensión y alcances a partir de quién es quién. El socialismo chavista del siglo XXI en Venezuela, no es Maduro. Es un esquema de trabajo político-organizativo armado, construido de manera paciente pero desafiante, durante dos décadas por los cubanos, el Partido Comunista venezolano sin importar el nombre transitorio que se pongan los izquierdistas de ese país, por las guerrillas colombianas y por los fundamentalistas de Hizbolá; a la par con la desaforada carrera armamentista proveniente de Rusia.

     Es en síntesis, un cultivo de lucha de clases y violencia revolucionaria marxista-leninista enquistada contra el capitalismo, en medio de amplios sectores de población civil venezolana acostumbrados a vivir del Estado, y quien no esté con ellos debe irse del país o morir. Elemental regla de la lucha de clases.

     Debido a que la actual situación plantea varios escenarios en prospectiva, urge para los analistas y estrategas políticos venezolanos pensar, planear y obrar, con base en el curso de acción de más probable adopción del eje Cuba-Maduro-Farc-Eln- Hizbolá y desde luego, los intereses geopolíticos de Rusia, Irán y China, regímenes dictatoriales extracontinentales, que en contraste de quienes argumentan con el deseo, si tienen la intención no solo de apoyar a Maduro, sino de quedarse en la región para proyectar sus ambiciones estratégicas a largo plazo.

     Esta lamentable pero muy real deducción político-estratégica, indica que así caiga Maduro, la situación de seguridad y desarrollo armónico con paz estable,  se tornará compleja porque ya está creado un arduo problema geopolítico en el ajedrez geoestratégico de la región.

    Por ejemplo, con el paso del tiempo va quedando claro que el atentado terrorista en la Escuela de Policía el pasado 17 de enero, fue aprobado por la dictadura cubana, solicitado por Maduro, preparado por Iván Márquez y el paisa de las Farc, y ejecutado por el Eln, pues de paso favorecía a los narcos y a todos los implicados por igual.

    Dentro del material incautado luego de la baja del terrorista alias Rodrigo cadete de las Farc en Caquetá, fueron hallados algunos archivos electrónicos que pronto apuraron al presidente Duque a afirmar que el delincuente abatido tenía nexos con “algunos sectores del régimen de Maduro” y al comandante de las Fuerzas Militares a confirmar lo que es un secreto a voces: Que las Farc y el Eln conviven con la dictadura venezolana desde hace años.

    Así las cosas, la opción más obvia es que ni Maduro se va tan fácilmente de Miraflores, ni el comunismo desaparecerá de la noche a la mañana del panorama político venezolano, ni las Farc o el Eln van a renunciar al apoyo de la lucha armada de un socio estratégico en apuros, ni el eje Rusia-China-Irán-Hizbolá renunciará a su proyección geopolítica y geoeconómica sobre la región; ni mucho menos la dictadura cubana —desvergonzada y acostumbrada a ser señalada de instigar el terror comunista y el narcotráfico— se retirará de Venezuela donde ya tiene hondas raíces afincadas.

   Este realista cuadro infiere que así caiga Maduro, la más probable línea de acción de lo que sucedería en Venezuela, es que sobrevendrá una confrontación civil, violencia selectiva, desazón, radicalización de sectores que fueron favorecidos por el chavismo y que ahora verán disminuidas o negadas sus gabelas por el solo hecho de ser parte del PSUV; eso sin contar la rapiña electorera y de poder que se gestará con el paso de los días entre la desunida oposición venezolana.

     Por extensión los países caribeños, y continentales vecinos de Venezuela, padecerán la internacionalización del conflicto civil venezolano, que al ritmo que van los acontecimientos tenderá a degradar, pues los chavistas comenzarán a atacar la infraestructura petrolera, se apoderarán por medio de las "luchas sociales" y la violencia comunista de la industria minera extractiva, extorsionarán a los capitalistas y todo eso con la connivencia de amplios sectores de la fuerza armada prochavista que se ha mantenido leal a Maduro y que de contera, no se podrá desmontar de buenas a primeras.

    Depurar a la Fuerza Armada venezolana será una tarea larga y con muchos altibajos. Igualmente, será muy difícil depurar los organismos electorales y judiciales, afines a un régimen que ante la vista impávida del mundo entero, construyó la primera parte de una revolución comunista de miseria, sin que se hubiera actuado a tiempo para contener el problema, pues como advirtió Jean Francois Ravel la principal debilidad de la democracia, es no creer en las verdaderas intenciones de los totalitaristas. No es suficiente la promesa altisonante de Guaidó acerca de la amnistía para los arrepentidos, pues el concepto de lucha de clases esta muy arraigado y seguirá siendo instigado por los parásitos de la dictadura cubana, ya acostumbrados a pelechar del petróleo venezolano.

    En consecuencia, el reto es de reconstrucción de un país sumido en un escenario que para algunos doctos, sería un coletazo de la ya superada guerra fría entre Washington y Moscú, pero para otros con mayor claridad una palpitante realidad de los vaivenes geopolíticos latinoamericanos del siglo XXI. Quizás un grave error de los analistas políticos del continente, sea asimilar los procesos políticos y geopolíticos internos, a la forma como estos evolucionan en el Viejo Continente o en Estados Unidos, lo cual induce a interpretaciones erróneas de la problemática y obviamente a formular soluciones insuficientes.

    En consecuencia, la reconstrucción de Venezuela que por extensión es la defensa de la libertad y la imperfecta democracia en el continente, implica retomar acciones coercitivas contra la dictadura cubana para liberar a los habitantes de la isla de la desgracia que padecen hace seis décadas y los países que han padecido el terrorismo comunista dirigido desde La Habana; y al mismo tiempo, conformar estructuras dependientes de la OEA dedicadas a reconfigurar los mapas político, social, económico, educativo, financiero, industrial, comercial, y de integración regional de Venezuela. Algo así como un Plan Marshall, con más componentes sicosociológicos que incluya no solo a Venezuela, sino al vecindario, que por extensión ya es parte del problema por ende debe ser parte de la solución.

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

    Especialista en Estrategia, Defensa Nacional y Geopolítica

     www.luisvillamarin.com

    Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es autor de 35 libros y más de 1650 artículos sobre los temas de su especialidad y analista invitado de diversos medios de comunicación en los cinco continentes.