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Guerra de nervios, estratagema de dilatación y supuesta intervención yanqui en Venezuela

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       Geopolítica

     La cada día más tensa situación social, política, económica, diplomática y de seguridad de Venezuela, derivada de la intransigencia del espurio régimen castro-chavista de Maduro y la presión internacional que reconoce a Guaidó como presidente interino, está configurando un drama humanitario ensombrecido por una guerra de nervios de hondo calado geopolítico, la estratagema de dilatación de las partes interesadas y la amenaza de una intervención militar estadounidense para restaurar la democracia en ese país.

     La guerra de nervios que vive Venezuela, guerra en la que la principal víctima es la población más vulnerable, está acumulando todos los elementos necesarios para que la situación explote como una olla de presión sometida a temperaturas superiores a las especificaciones de soporte. Mientras el régimen de Maduro sigue a la letra los manuales de guerra sicológica soviética orientados hacia la idolatría de un tirano y la sumisión ciega de un pueblo, que se puede lanzar a la muerte en nombre del anticapitalismo; las democracias occidentales utilizan el cerco diplomático, la presión económica y las tácticas de guerra sicológicas de la OTAN enfocadas en ganar mentes y corazones a favor de la libre empresa, la libertad de movimiento, la libertad de expresión y la necesidad de derrocar al régimen autoritario.

     A grandes rasgos se trata de una reedición de la guerra fría entre la extinta Unión Soviética y Estados Unidos, durante cuatro largas décadas después de terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando la guerra de nervios pendía de la amenaza del uso de la fuerza nuclear. Por circunstancias del destino y la miopía geopolítica de los dirigentes venezolanos de “derecha” y en general de los latinoamericanos demócratas que han sido conniventes con la dictadura cubana por mas de seis décadas, hoy Venezuela se convirtió en el teatro de operaciones de una disputa geopolítica regional y mundial que ya no solo incluye a dos potencias, sino que atrae con impredecibles consecuencias a Rusia, China, Irán, Turquía contra Estados Unidos y que por extensión puede comprometer a Israel, la OTAN, la Unión Europea, Arabia Saudita, y al vecindario de los venezolanos.

     En medio de esa guerra de nervios, que en un bando tiene a un país rico en hidrocarburos y elevado potencial turístico, pero empobrecido por la ineptitud de sus gobernantes y la inoperancia de  la economía estatizada, cada uno de los actores geopolíticos inmersos en el asunto ha venido jugando las cartas político-estratégicas a su acomodo. La defensa de cubanos y castrochavistas, es que el régimen espurio de Maduro es una revolución socialista, popular que supuestamente cuenta con el apoyo total del pueblo pero que ha sido víctima de la guerra económica, del bloqueo, del imperialismo yanqui, etc, etc, y que por lo tanto, lucharán con dignidad revolucionaria comunista y triunfarán.

     Desde Estados Unidos, Donald Trump intenta cambiar el foco de la atención de las complejidades internas que encara su administración frente a la avaricia de poder de la casa Clinton, que dos años después de haber perdido las elecciones presidenciales, no acepta la derrota en las urnas e insiste por todos los medios en derrocar a Trump, sin importar cual sea el destino de Estados Unidos y su liderazgo en el entorno democrático del mundo. Impera recuperar el poder para los demócratas. ¿Para qué? No importa. Es esencial es sacar a Trump de la Casa Blanca…

     Algo o mucho de parecido con lo que sucedía en la Roma imperial. De remate Trump tampoco ayuda a aclimatar la concordia y la búsqueda de la unidad nacional, sino que mediante comentarios vía tweeter y decisiones autoritarias echa gasolina al fuego, mediante una estrategia desafiante y emocional sobre un sector del electorado republicano que lo sigue más por impulso que por raciocinio.

     Desde La Habana, la dictadura cubana acostumbrada a vivir como parásitos de ayudas externas y de paso martirizar a su pueblo que en seis décadas continuas no ha conocido la libertad, apuesta a que el largo cultivo de 20 años de estructuras comunistas de defensa de la revolución chavista, desaten en Venezuela la para los radicales de izquierda latinoamericanos, “genial idea” del che Guevara de generar mil Vietnams en mil escenarios. Y para ello cuentan con sectores corruptos de la Fuerza Armada venezolana, los delincuentes armados de los círculos bolivarianos, los carteles del narcotráfico, las Farc, el Eln y los internacionalistas que fueron entrenados por las Farc el Eln y los cubanos.

      Además de cientos de terroristas islámicos de Hizbolá, enviados por la teocracia iraní, no a apoyar a Maduro, sino a proyectar desde Venezuela la guerra a muerte contra el sionismo, contra los sunitas y contra Estados Unidos, por lo tanto muchos objetivos les serán válidos para su guerra e intereses geopolíticos particulares.

      Desde Moscú y Pekín, el asunto se mira con mas prospectiva político-estratégica y proyección geopolítica, geoeconómica y geoestratégica para los intereses a largo plazo de Rusia y China. A ambas potencias les interesa controlar físicamente la privilegiada posición geográfica de Venezuela con cuenca en el mar Caribe, cercana al canal de Panamá, cercana a Nicaragua, vecina de Colombia y Brasil, con innumerables potencialidades ecoturísticas, rica en petróleo y tercermundista. Es un apetitoso botín al que han ido cooptando sistemáticamente con armas y préstamos impagables, en los que aplicarían la teoría de la lógica económica de Adams: “La mejor forma de someter a un país es endeudarlo y ayudar a evitar que pague”

      En ese orden de ideas, Rusia, China, Irán y Cuba apuestan a dilatar para que la revolución armada socialista prospere el caos que les permita tomar posesión en Venezuela, a nombre de la defensa del “gobierno legítimo”. Algo parecido a lo que hizo Rusia en Siria. Y de paso auspician mediante trabajos de guerra política al más alto nivel, gracias a las “contradicciones políticas internas” de Estados Unidos derivados de la insuperable aflicción de la señora Clinton, esperando que ojalá esto redunde ojalá en una crisis similar al Watergate, y que desemboquen en la caída de Trump, con el regreso de una política exterior de la Casa Blanca blandengue y sin claridad como la de Carter, o sinuosa como la de Bill Clinton y Obama.

      La respuesta de la contraparte es insuficiente. El Grupo de Lima auspiciado por Colombia utiliza la presión diplomática porque cuenta por ahora con el respaldo de Trump, pero si llegara a prosperar la salida del magnate como desean fervientemente los demócratas radicales y obcecados, todo el andamiaje antichavista aquedaría en vilo, con la realidad de un conflicto geopolítico regional financiado por el narcotráfico y auspiciado por Rusia, China e Irán que sacan la brasa con mano ajena, e instigado por las Farc y el Eln que sacarían a relucir las cartas ocultas de sus pactos de paz y se reeditarían con el apoyo de sus socios los narcotraficantes.

     Por esa importante razón y debido a las dramáticas experiencias en Vietnam, Afganistán e Irak, es improbable que ocurra una intervención militar estadounidense. Es evidente que el argumento de todas las opciones sobre la mesa utilizado por Trump apunta mas a una estratagema coactiva que a una realidad inmediata, y en ese sentido, el vecindario particularmente Colombia y Brasil, tienen que pisar con pies de plomo las decisiones inherentes, ya que después de inmiscuirse en un conflicto armado en el vecindario, las evidentes sinuosidades de la política interna de Estados Unidos los podrían dejar metidos en un problema muy complejo.

     En ese sentido, entre mas tiempo demore el ingreso de la ayuda humanitaria y el necesario levantamiento político popular contra Maduro hasta sacarlo de Miraflores y enjuiciarlo por los crímenes cometidos, más ganancias político-estratégicas y geopolíticas obtienen los complotados.

      Pero la salida de Maduro es apenas el primer paso para iniciar la reconstrucción y la unificación de la oposición venezolana, pues tras el aparente respaldo de la Unidad Nacional  a Guaidó, también es cierto que se juegan intereses partidistas internos y la eterna vanidad humana de muchos que están callados por ahora, pero que sin haber asumido los riesgos de desconocer la dictadura y declarar gobierno interino, no solo aspiran sino que creen que son los verdaderos destinatarios a la presidencia. Y eso lo saben muy bien los cubanos, los chinos, los rusos y la taifa criminal que soporta a Maduro.

      En síntesis, la reconstrucción de Venezuela es algo más ambicioso y complejo que el Plan Marshall, pues la mentalidad tropical latina no es la misma de los alemanes que reconstruyeron su país después de la segunda gran guerra del siglo XX, ni tiene las connotaciones de los credos superioridad comercial e industrial que han caracterizado por siglos a la Gran Bretaña, ni hay una cultura de interacción continental en Latinoamérica similar a la que existe desde hace siglos en Europa.

      En este nuevo escenario corresponde a demócratas y republicanos recapacitar que tantos odios viscerales y tantas pullas de ambos lados, solo favorecen a los enemigos de la democracia en el mundo, y a los objetivos de quienes desde hace años han visto este continente como la tierra prometida, de la cual pueden expoliar todos los recursos para su beneficio. Hay un complejo problema geopolítico derivado de lo que sucede en Venezuela y este no se arregla ni dilatando presiones con ayudas humanitarias, ni sosteniendo a Maduro, ni dejando intacta a la dictadura cubana.

      Ni poniendo en el poder a “capitalistas” venezolanos que reediten la corrupción anterior al chavismo que es algo innegable, ni comiendo cuento a los cantos de sirena de paz del Eln y las Farc, ni mirando para otro lado con el problema del terrorismo islámico, ni acudiendo a las estulticias de que Estados Unidos quiere el petróleo de Venezuela porque en realidad China y Rusia también lo quieren, ni aceptando el manido cuento cubano de que el comunismo no prospera por el bloqueo yanqui, ni creyendo en los falsos nacionalismos detrás de los que se esconden los comunistas, porque de seguro estallará un polvorín regional con impredecibles consecuencias.

     La solución es integral y demanda una revisión correctiva de la política interna y externa en todos los países del continente.

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     www.luisvillamarin.com

     Especialista en Defensa nacional, Geopolítica y Estrategia

 

      Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es autor de 35 libros y más de 1650 artículos sobre temas de sus especialidades académicas. Presidente fundador del Centro de Geopolítica Colombia, analista invitado de diversas cadenas de radio y televisión del mundo, conferenciante en diversas universidades y centros de Estudios políticos internacionales, Algunos de sus libros han sido traducidos a otros idiomas y son referentes bibliográfico para tesis de doctorado, pregrado, maestrías y posgrados.