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La ONU debe detener atrocidades de Bashar Al Assad y su guerra química contra el pueblo sirio

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    Geopolítica internacional

     El reciente ataque con armas químicas efectuado en Ghouta Oriental por fuerzas adscritas al régimen de Bashar Al Assad, contra la población civil opositora a la dictadura alawita, con la disculpa que la masacre fue propiciada por islamistas radicales escondidos entre la comunidad afectada, refleja una vez más la complejidad geopolítica de la sangrienta guerra civil que ha dejado más de medio millón de personas muertas y cerca de tres millones de desplazados como consecuencia de la guerra civil siria, en cuyo territorio se libra un pulso de poderes locales, regionales y mundiales de imprevisibles consecuencias.

     Conocida la noticia en el mundo del tercer ataque con armas químicas del régimen Al Assad contra la población civil siria, el presidente de Estados Unidos Donald Trump, anunció que el gobierno sirio pagará muy caro por esto y cuestionó fuertemente tanto la intromisión ruso-iraní en Siria, como la inacción de su antecesor Barack Obama frente a un ataque con armas químicas de fuerzas gubernamentales sirias contra su propio pueblo en 2013, en el que murieron 1200 personas.

     Cover Primavera ArabeUna vez más vino a colación el tema de las líneas rojas, de las negaciones múltiples de los señalados responsables del cruel ataque, de trasladar la responsabilidad a la contraparte como supuesta forma de hacer propaganda, los medios de comunicación de todo el planeta reseñaron el drama de la víctimas, pero en el teatro de operaciones, en el lugar de los hechos, inermes ancianos, mujeres, niños y potencial fuerza laboral siria, son asesinados de manera despiadada por la coalición alawita-chiita, auspiciada por la ambición geopolítica y geoestratégica de Rusia sobre el Medio Oriente.

    Dicha realidad infiere que mientras Al Assad cuente con el apoyo estratégico de la aviación rusa y el flujo permanente de tropas regulares iraníes y milicias chiitas de Hizbolá en apoyo de la dictadura siria, infortunadamente se repetirán bombardeos con barriles sea con explosivos de bombas no convencionales o gases letales contra los bastiones rebeldes antigubernamentales, llamados a la ligera y con fines político-propagandísticos como grupos terroristas.

    Ante la imposibilidad de las reuniones previas en Europa para lograr una salida consensuada a la guerra civil e Siria, donde confluyen intereses geopolíticos de los independentistas kurdos, presiones de Washington, ambiciones de Moscú, aspiraciones iraníes de formar un arco chiita, la necesidad de supervivencia israelí, voracidad turca sobre territorios y recursos sirios, así como el afán saudita de imponer el sunismo en el mundo musulmán; es imperioso que este problema sea resuelto en conjunto por los países musulmanes bajo la lupa de la ONU, sin la injerencia intencional de potencias extranjeras, pues al halar cada quien para su lado, será imposible llegar a un acuerdo propositivo de paz en la región.

     En el orden geopolítico mundial, es hora de que Putin y Trump hablen cara y de frente al mundo sin tapujos, para que se sepa realmente que es lo que quiere cada quien para sus respectivos países y la paz mundial, para que se sepa cuál es la verdadera relación que existe éntrelos dos y cuál es la solución de mutua convivencia sin interferir en las guerras de Yemen, Siria o Libia, o sin utilizar a países del tercer mundo para desarrollar sus fines particulares, sin importar la guerra, la violencia o la miseria que sus medidas mutuas desatan.

     En este entorno, es trascendental el rol de los medios de comunicación y de la academia para orientar a la opinión pública, pues el terrorismo es una realidad inocultable, pero ni la respuesta puede ser la violencia indiscriminada de los Estados, ni tampoco se puede calificar como terroristas a los sirios que luchan por sacar del poder a un tirano que no tiene conmiseración para arrasar a sus conciudadanos.

     El empleo de gases letales contra la población civil es uno de los más atroces crímenes de guerra. Nada justifica su uso. Ni siquiera que el adversario se oculte dentro de la población, pues camuflarse al lado de los civiles, es una táctica de guerra asimétrica que debe ser combatida con actividades combinadas de inteligencia militar técnica y humana, operaciones sicológicas, equipos especializados de reconocimiento táctico, y operaciones sorpresivas terrestres o aeroterrestres.

     La barbarie para combatir la barbarie, reproduce la violencia en toda su extensión. En consecuencia la ONU debe detener las atrocidades de Bashar Al Assad y su guerra química contra el pueblo sirio.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Especialista en Geopolítia, Estrategia y Defensa Nacional

ww.luisvillamarin.com