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Siria en el ojo de un huracán geopolítico. La tragedia de un pueblo

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      Geopolítica

   Conexión Al Qaeda - Version Actulizada 2011 La guerra civil en Siria es un complejo conflicto bélico que articula rivalidades religiosas históricas, intereses geopolíticos y geoestratégicos de las superpotencias, conflictos étnicos internos con los kurdos, efectos de la primavera árabe, ambiciones geopolíticas y geoestratégicas de sus vecinos Turquía e Israel, apoyo al terrorismo islámico contra Israel, larga intromisión en Líbano, ambiciones de la Unión Europea por su privilegiada posición geográfica, la hereditaria dictadura sanguinaria de Bashar Al Assad y las tirantes disputas de predominio regional entre los sunitas de Arabia Saudita y los chitas de Irán.

      Con un cuadro geoestratégico y geopolítico tan complejo, en el que todos los intereses son excluyentes, la oposición siria de tendencia sunita auspiciada por Arabia Saudita, la Unión Europea y Estados Unidos , se sumó a la primavera árabe iniciada en Túnez dos años atrás.

     La violenta y desproporcionada reacción del régimen de Al Assad, con bombardeos indiscriminados, torturas, desapariciones, confinamientos en prisiones y persecuciones intensas contra sus opositores, matizados por las diferencias religiosas, motivó a sus socios en los gobiernos de Irak e Irán, para enviar apoyo solidario con hombres y armas para combatir contra los rebeldes que por razones publicitarias para lavar su imagen Bashar Al Assad, denomina terrorismo contra Siria.

     China y Rusia, interesados en bloquear a Estados Unidos y con el inminente deseo de conservar la influencia y venta de productos en especial de armas, así como la posesión de una base militar rusa en el Mediterráneo, han facilitado al régimen dictatorial de Assad todo tipo de armas para atacar a su propio pueblo. Incluidas armas químicas.

     Ante esta situación Estados Unidos y Arabia Saudita incrementaron el apoyo humanitario, logístico y la ayuda militar clandestina a los rebeldes. Pero como era de esperarse en una región volátil, impregnada de sectas religiosas, etnias, e intereses geopolíticos marcados por credos religiosos y poder petrolero, miles de células salafistas de Al Qaeda, encontraron en la primavera árabe, el terreno abonado para desatar su jihad antioccidental en Irak y Siria.

     Al extremo de crear un brazo del fundamentalismo sunita denominado Estado Islámico de Siria e Irak, que se incrustó en las fuerzas de oposición, para atacar en forma coordinada a los dos países, con el objetivo estratégico final de imponer parte del soñado califato en estos dos países, expulsar a los infieles occidentales y castigar a los apóstatas musulmanes que no siguen la Sharia en sentido estricta.

     En ese esquema la guerra traspasó la porosa frontera con Líbano, dio la oportunidad esperada por Turquía para apoyar la subversión anti-Assad y extender su influencia geopolítica, geoeconómica y geocultural en la región; ofreció la posibilidad a la revolución iraní de los ayatolás para hacer sociedad con el gobierno alawita y prochíita de Siria, instalar más apoyos logísticos, militares y humanos a Hizbollah para atacar al odiado Estado de Israel desde las fronteras con Siria y el Líbano, revivir el viejo problema de la invasión israelí a los Altos del Golán, y a los kurdos que ocupan parte de los territorios de Irak, Siria y Turquía, para buscar su añorada independencia, aunque por ahora actúen en la sombra, como también ha hecho Israel cuya subsistencia como Estado depende de lo que pase en su vecindario.

     Sin margen político de maniobra diferente al uso de la fuerza contra sus gobernados opositores, Bshar Al Assad ha polarizado más a los sirios, que en esencia buscan el cambio de un gobierno tiránico por la participación pluralista, pero se convirtieron en fichas de ajedrez de los intereses de Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea a nivel global; de Arabia Saudita e Irán en la región; y de Al Qaeda a nivel religioso extremista local.

      Ya hubo un primer intento de paz en Ginebra en junio de 2012, pero no hubo acuerdos concretos por las posiciones excluyentes y la desmesurada ambición geoestratégica de Irán, que además de mentir y engatusar al mundo con un poderoso programa bélico nuclear, apoya el terrorismo chíita contra Israel y Estados Unidos, monta sociedades antiyanquis con el Alba latinoamericano, y se entromete con hombres, armas y dinero  en los problemas políticos nacionales de Irak, Afganistán, Pakistán, Líbano, Yemen y Siria.

      Por su parte, Estados Unidos ha recurrido por medio de la CIA de apoyar grupos paramilitares de sunitas afectados en Irak por la violencia fundamentalista de Al Qaeda, lo cual pone en serios aprietos al gobierno chíita del Primer Ministro Nuri Kamal al-Maliki en Irak puesto por Estados Unidos tras la caída de Hussein; puesto que luego de la salida de las tropas de Estados Unidos por necesidad política reeleccionista de Obama en la Casa Blanca, Irán aprovechó la filiación religiosa del gobernante iraquí, para meter allí parte de su proyecto geopolítico antioccidental y de paso enmascarar su ansiado proyecto nuclear, que presupone al régimen de Teherán como la potencia política, económica, religiosa, cultural y militar del convulso Medio Oriente.

     De remate, detrás de esa intención expansionista iraní, chíita musulmana no árabe, está la desaparición del Estado de Israel, razón y justificación del sentimiento antijudío y antioccidental en la volátil pero vital región, por la que ha pasado lo mas trascendental de la historia de la humanidad hasta ahora conocida.

      Todos esos vectores geopolíticos y geoestratégicos se concentran en Siria, con mayor incidencia que lo sucedido en Libia, Egipto, Túnez o Yemen donde también hay un poco de todo esto. Y otros intereses más.

     En síntesis, en la pelea de gigantes planetarios, y de vecinos ambiciosos de cooptar todo a su alrededor, con la compleja mezcla de control a las ambiciones nucleares, lucha contra el terrorismo, problemas étnicos de vieja data, rescoldos del colonialismo europeo, y el combate contra el terrorismo internacional, así como la tozudez de un tirano criminal e inescrupuloso; la única perdedora ha sido la población civil siria.

     Inmersa en una guerra impía, en la que no pueden luchar por sus propios intereses y destino nacional, porque todos los que dicen ayudarlos o controvertirlos, terminan siendo sus verdugos como ocurrió con las redes de Al Qaeda, que primero los acompañaron en la guerra y luego iniciaron a atacarlos.

      Son inciertos los resultados que pueda brindar la segunda conferencia de Ginebra, donde quienes proponen aclimatar la paz en Siria, superponen sus intereses geopolíticos sobre las necesidades del pueblo sirio, representado por una oposición con disidencias internas y el riesgo de ser blanco de extremistas del chiismo y el sunismo.

     Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita no aceptan a Irán allí. Las Naciones Unidas invitaron a Irán en contravía de este deseo proyanqui. La oposición siria está dividida y tampoco acepta a Irán ni salida diferente a la dimisión de Bashar Al Assad y un gobierno de transición con amplia participación de los opositores. Irán y Rusia se aferran al apoyo de la posición del régimen de Bashar Al Assad. Y el pueblo sirio no tiene quien vele por sus intereses de paz, democracia, libertad y autodeterminación, porque pulula una rapiña, en la que todos los amigos de la concordia siria quieren sacar la mejor tajada a su favor.

      La tensa paz del planeta, vuelve a estar en vilo por la fragilidad institucional siria y los intereses extrafronterizos de una guerra civil, en la que suman miles de muertos, campean la pobreza y la violencia, aumentan los flujos migratorios por desplazamiento forzado, los extremistas se asientan, y la ONU, recurre mas a los paños de agua tibia que a las soluciones de fondo. Entre otras, cosas porque los dueños del poder en el planeta, están igual de divididos frente al tema, a como lo están los actores que se matan como salvajes todos los días en Siria.

     Complejo panorama, que de no hallar soluciones prontas en Ginebra, podría ser el paso anterior a un conflicto singular amplificado con consecuencias impredecibles. Por mucho menos comenzó la Primera Guerra Mundial, causa y origen de la Segunda.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Analista de asuntos estratégicos y geopolíticos

www.luisvillamarin.com

 

El coronel Luis Alberto Villamarín es experto en temas de seguridad nacional, geopolítica y estrategia militar. Autor de 22 libros relacionados con el terrorismo internacional, el narcotráfico e historia. Sus obras ocupan lugares preferenciales entre los lectores en formatos físico y electrónico de Amazon.com

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