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¿Está la indignidad superando la ética profesional de generales y almirantes?

Por Luis Alberto Villamarin Pulido
¿Está la indignidad superando la ética profesional de generales y almirantes?
Indignidad de altos mandos militares frente a Petro

    Irresponsable y descompuesto como ha sido toda su vida, y probablemente aplicando el adagio popular que *"el ladrón juzga por su condición*" Gustavo Petro, además de poseer graves antecedentes como terrorista y de haber militado en una agrupación criminal que financiada por el narcotráfico asesino la Corte Suprema  de Justicia en 1985, viene lavando su  imagen delincuencial, haciendo politiquería y acusando temerariamente a los generales de la república de tener nexos con Mordisco.

    De remate, ayer 6 de abril de 2026, no solo los señaló de tener nexos con mineros ilegales, sino que calló al comandante de la Brigada en un acto público.

     Es realmente indignante que el alto mando militar, siga tolerando esa creciente cantidad de ofensas y acusaciones temerarias.

    Y es francamente lesivo para la disciplina institucional, que los subalternos observen como impunemente, un sujeto inmoral, descompuesto  y muy cuestionado por múltiples andanzas, que incluyen hasta su eventual captura por la justicia estadounidense, siga irrespetando la institución militar.

    Es hora de que el mando militar en su conjunto reaccione y ponga en su puesto a este sujeto inmoral. No estamos hablando de cuartelazos, ni de salidas extrainstitucionales, sino de posiciones firmes frente al honor de las Fuerzas Militares.

    Si no tienen la suficiencia de carácter para hacerlo, porque se lo impiden el hecho de ocupar cargos a los que tal vez no hubieran llegado en otras circunstancias, o quizás por las prebendas personales  de los cargos que ocupan, las cuáles  les dan *"casa, carro y beca"*, lo más sano es que los actuales  generales y almirantes al mando de las Fuerzas Militares den el paso al lado, y permitan que lleguen otros a ocupar esos cargos,.

    Obviamente,  que tengan carácter y dignidad (si es que aún quedan), y que naturalmente, posean la firmeza de espíritu para hacer respetar la institución a la que le deben todo lo que tienen y lo que son.

    Cordialmente, 

   Luis Alberto Villamarin Pulido

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