El espejismo de la rebelión en Irán: Por qué ha fallado hasta ahora el plan de Israel y Trump para implosionar la teocracia dictatorial
Por Luis Alberto Villamarín Pulido Introducción La historia de la inteligencia militar está plagada de planes audaces que, sobre el papel, prometen victorias rápidas y cambios de régimen quirúrgicos. Sin embargo, pocos han sido tan ambiciosos y, hasta ahora, tan cuestionados como la estrategia conjunta entre el gobierno de Benjamin Netanyahu y la administración de Donald Trump para forzar un levantamiento popular en Irán. Basado en la premisa de que el descontento social en la República Islámica era una carga explosiva lista para detonar, el Mossad diseñó una hoja de ruta que buscaba convertir la intervención externa en el catalizador de una revolución interna. Hoy, tres semanas después de iniciadas las hostilidades, el silencio en las calles de Teherán y la resiliencia del aparato de seguridad iraní cuentan una historia muy distinta. Lo que se proyectó como un colapso inminente se ha transformado en un conflicto de desgaste, revelando una brecha profunda entre las proyecciones de inteligencia y la compleja realidad sociopolítica de Irán. En este artículo, desglosamos las raíces de este plan, el optimismo ciego de sus arquitectos y las consecuencias de haber subestimado la capacidad de supervivencia de una teocracia bajo asedio. I. El Plan de David Barnea: El Mossad y la Promesa de la Revolución Todo gran movimiento estratégico nace de una idea seductora. En este caso, la idea provino de David Barnea, jefe del Mossad. Durante una visita crucial a Washington a mediados de enero, Barnea presentó una propuesta que parecía la solución definitiva al "problema iraní". Según su análisis, el servicio de inteligencia exterior israelí tenía la capacidad de movilizar a la oposición interna en cuestión de días tras el inicio de una guerra.