¿En dónde está Paloma Valencia, que no aparece en un momento histórico tan crucial?..
Por Luis Alberto Villamarín Pulido
La noche de su vergonzosa, aunque anunciada y obvia derrota en las urnas, derivada de sus limitaciones orgánicas y funcionales, para ejercer la presidencia de la república, deseo aspiracional alimentado por un descomunal ego y una fantasiosa suposición de liderazgo, la señora Paloma Valencia salió ante los medios a expresarle su amor eterno con respaldo total al ganador de la primera vuelta.
Pero después de esa noche, doña Paloma desapareció del escenario político. Ya no suena ni truena... ¿Será producto de su inmenso ego apabullado?
O, ¿será porque al pelar el cobre en la campaña después de autodeclararse adalid moralista, terminó en la misma descomposición politiquera de Santos, Uribe, Samper, Petro, etc, quienes usualmente se alían hasta con el mismísimo Satanás para llegar al cielo?.. igual o peor que los corruptos comunistas.
Lo cierto es que Paloma Valencia y su mentor mesiánico Álvaro Uribe Vélez, saben asi lo nieguen de dientes para afuera, que por haberse atravesado más por la avaricia de la devolución de los votos, que por posibilidad electoral, no solo torpedearon el triunfo de la oposición en primera vuelta sino que dieron margen a la corrupción petrista, para que pueda hacer fraude en segunda vuelta, lo cual no sería extraño.
Con esa actitud la señora Paloma Valencia, sepultó prácticamente al Centro Democrático como agrupación colectora de votos en cada elección. Igual que hicieron en su momento, Rafael Pardo Rueda quien sepultó al partido liberal o Martha Lucia Ramírez quien sepultó al partido conservador.
No son meras coincidencias.
Claro que, dicho sea de paso, si la candidata a del Centro Democrático hubiera sido la señora Cabal, o la señora Holguín, el resultado tampoco habría sido diferente, porque igual Uribe Vélez hubiera apostado sus cartas politiqueras de la misma manera… La suerte ya estaba echada para esa colectividad y la oposición en general.
No es cuestión de género. La triste realidad es que Colombia carece de partidos políticos serios y por obvia deducción de estadistas capaces de guiar la nación. Sean ellos hombres o mujeres. El problema es el mismo.
A cambio, pululan populistas, promeseros y perversos, capaces de lo que sea, para ganar, con la disculpa marrullera que están sumando alianzas...
Podredumbre moral y política absoluta disfrazada de visión integral democrática.
Probablemente mañana 21 de junio, los colombianos escogeremos la opción del señor De La Espriella, quien aglutina millones de sentimientos e impulsos anticomunistas y miles de desencantos acumulados a lo largo de los últimos 70 años, por la corruptela de siempre o por el alcantarillado político petrista.
El escollo no es que gane De La Espriella, pues en ese punto serán más los electores sensatos convencidos que votan contra el cáncer socialista del siglo XXI, aquí desprestigiado por Petro y su banda.
Lo complejo, vendrá a partir de la misma noche del 21 de junio.
Petro y su grupo delincuencial querrán incendiar a Colombia, o como mínimo iniciar la oposición terrorista urbana, llamada dizque protesta social.
Por su parte, el por siempre descompuesto moralmente congreso de la República, seguirá entretanto siendo el colector de aguas negras de la politiquería, que ha sido por décadas y contrario sensu a propender por la vigencia de la institucionalidad, sobreaguará en intereses particulares, ajeno a la prolongada tragedia nacional.
Las Fuerzas Militares y de Policía, seguirán como históricamente han sido el bastión del mandatario de turno, para poner el pecho ante los criminales, que crecen como mala hierba producto de las pésimas decisiones acumuladas de gobernantes y parlamentarios y la perversidad eterna de la violencia comunista, hoy financiada por narcotráfico y minería ilegal.
Al final los politiqueros que incendian el país, procederán como la señora Valencia... Destapando escándalos, o con gritería, politiquería, demagogia, etc...
Por dinámica de la costumbre, nos reciclaremos en nuevas elecciones… Fajardo seguirá recogiendo miles de millones de pesos, producto de la bien montada farsa de centro, los mismos de siempre o sus hijitos llenarán las huestes de la corruptela eterna, las caras de los sepultureros de los seudopartidos políticos aparecerán en estampillas y billetes como excelsos servidores del país, los comunistas tendrán espacios para delinquir con sus brazos armados, y el pueblo colombiano igual que hoy, esperando al mesías que nos haga el milagro.
Por lo tanto, mañana impera votar con más esperanza que objetividad. Elegir a Cepeda sería un suicidio colectivo consciente.
No queda otro camino que votar por De La Espriella.
Y a partir del lunes o mejor desde el momento en que De La Espriella suba a la tarima a aceptar la elección, exigirle que no se comporte como un faraoncito colmado de espectáculos ridículos, que seleccione expertos en cada área, que desarrolle planes estratégicos en cada carrera, que se apersone de la política de fronteras, etc.. pero que no crea que soldados y policías son sus trompos de poner, como han hecho todos sus antecesores. Sin excepción…
De paso los abelardistas, furibundos convencidos de que ahí está la salvación del país, deben pasar de la emotividad a la organización de un proyecto a largo plazo, en el cual, comenzando por Abelardo, entiendan que no son el fin sino el medio.
Si es que en verdad quieren a Colombia, y no van a ser una réplica con otro ropaje de Paloma Valencia, hablando de unidad, valores, ética y seguridad, pero en el fondo solamente atados a sus egoístas intereses… además de sepultureros de partidos como Pardo Rueda y Martha Lucia.
El tiempo lo dirá...
Mientras tanto, Colombia sigue exigiendo conducción política seria.
Comentarios
Inicie sesión para participar en la conversación.
Iniciar Sesión