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Carta abierta de coronel Villamarín a Abelardo De La Espriella: Batallas por librar en los cuarteles

Por Luis Alberto Villamarin Pulido

Carta abierta de coronel Villamarín a Abelardo De La Espriella: Batallas por librar en los cuarteles

     Batallas pendientes en los cuarteles

      El panorama político de Colombia vive un momento de profunda efervescencia y reconfiguración. En medio del descontento generalizado e incertidumbre institucional, Abelardo de la Espriella emerge con una fuerza arrowadora para millones de ciudadanos que anhelan orden. Su firme promesa de posesionarse en un cuartel militar y su determinación de iniciar una ofensiva implacable contra las guerrillas, el narcotráfico y las agrupaciones criminales, resuenan como bálsamo de autoridad que el país lleva años esperando en medio del caos reinante.

     Para liderar con éxito esta monumental empresa y devolverle el rumbo a la nación, el próximo mandatario debe comprender con lucidez que la victoria militar es inviable si primero no se ganan los corazones y se restaura la dignidad de quienes pelearán en el frente, sanando las profundas grietas que hoy carcomen el bienestar de nuestras Fuerzas Militares y de Policía por dentro.

    Combate por la salud, agonía silenciosa

    La crisis humanitaria dentro de las instituciones castrenses no se vive actualmente en las selvas densas ni en las zonas rojas, sino en los propios dispensarios médicos oficiales. La sanidad militar y policial atraviesa una quiebra que se traduce en un maltrato diario y sistemático hacia el personal activo, los veteranos de guerra y sus núcleos familiares, quienes sumamos cada día más adultos mayores desamparados.

    En 2026, la escasez de insumos básicos es tan crítica que faltan reactivos elementales para exámenes de laboratorio, obligando a costearlos de su propio bolsillo. La escasez de especialistas médicos es alarmante y constituye una flagrante falta de respeto. En Bogotá, para dar cobertura a seis dispensarios médicos complejos, apenas existen dos urólogos que deben rotar de forma milagrosa. Los cardiólogos escasean de manera dramática, los neumólogos se han vuelto un mito urbano y miles de patologías complejas terminan represadas crónicamente en la consulta de medicina familiar ante la total ausencia de citas especializadas.

     El sistema de atención colapsó: los call centers están desmantelados y el canal de WhatsApp implementado es una burla tecnológica. Los usuarios de la tercera edad pasan horas respondiendo cuestionarios automatizados para recibir mensaje que no hay agenda disponible. Mientras la planta médica es raquítica, el flujo de usuarios crece.

    El Estado no puede exigir heroísmo en el frente de batalla si continúa tratando a sus defensores históricos como material desechable. Deuda histórica de 34 años El segundo gran frente de conflicto interno es una deuda histórica de justicia salarial que indigna por igual a activos y reservas. Desde la administración del presidente César Gaviria hasta el actual gobierno, han transcurrido 34 años de un silencio estatal cómplice. La Ley 4 de 1992 estableció con claridad una nivelación salarial justa, pero se le incumplió de forma flagrante y deliberada a la base misma de la institución: a los oficiales de grado de teniente coronel hacia abajo, y a los suboficiales, pauperizando severamente la vejez de las reservas.

     Se requiere urgentemente una decisión administrativa de fondo emitida por el Ejecutivo que nivele dichos sueldos y pague hasta el último centavo adeudado. Este proceso debe realizarse de oficio, rompiendo de una vez por todas con la maquinaria de corrupción legal que obliga al militar o veterano a entablar demandas individuales donde los abogados se quedan con la tajada mayor, para que al final el Estado solo reconozca un retroactivo mezquino de tres años frente a décadas enteras de sacrificios prestados a la patria.

    Conclusión

    Doctor De la Espriella, la historia le otorga hoy una oportunidad única e impostergable para marcar una verdadera diferencia conceptual. Modelos gubernamentales pasados, como la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe, alcanzó resultados operativos indiscutibles, pero cometieron el grave y doloroso error de tratar a las fuerzas legítimas como peones reemplazables dentro de una finca propia, condenándolos al olvido al llegar el retiro.

     Los soldados no son mano de obra descartable para alimentar la gloria o el ego de un líder político; son seres humanos con familias, necesidades apremiantes y derechos fundamentales protegidos que hoy son pisoteados por el mismo Estado que ayer defendieron. Si usted verdaderamente aspira a comandar las tropas hacia una victoria estratégica definitiva y contar con el respaldo moral indiscutible de la gran reserva, recuerde siempre que la moral alta es el verdadero combustible del guerrero.

     Demuestre con acciones concretas que su lema Firmes por la patria no se transformará enespectáculo faraónico de luces, boato y tarimas, sino en el inicio de la auténtica redención socioeconómica y de salud para los héroes de Colombia.

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