Fallas y fracasos de conducción política son resultado de baja calidad de partidos y congresistas.
En un sistema presidencialista como el colombiano, se acumulan varios yerros, coligados con insuficiente democracia, poca o nula gobernanza, cero participación ciudadana, obvias tendencias al caudillismo-autoritarismo, y mínima o ninguna actividad de partidos. Dentro de ese esquema, el congreso de la república, históricamente plagado de corrupción moral y administrativa, ineficiencia legislativa, burocracia y fomentos del amiguismo, contratación oscura, etc., se suma con incidencia negativa al cúmulo de factores fatales para que las autoridades de las tres ramas del poder público ejerzan honesta y efectivamente sus funciones.