¿Actuará pronto Estados Unidos en Cuba e Irán? Más allá de la retórica de Trump

Publicado: 2026-02-21   Clicks: 90

 Irán y Venezuela están en la mira de Estados Unidos. Son serias advertencias no amenazas ruidosas

 Por Luis Alberto Villamarín Pulido

    Resumen

    Examen estratégico de inminente intervención directa de la administración Trump en Cuba e Irán. Lejos de ser simple retórica electoral, la presión simultánea sobre la "narcodictadura" cubana y la teocracia iraní responde a una necesidad de supervivencia política interna ante las elecciones de midterm.

    El autor plantea que el estancamiento en frentes como la economía y la seguridad obliga a la Casa Blanca a buscar "golpes geopolíticos de impacto" que neutralicen la influencia de China y Rusia, advirtiendo que, aunque Estados Unidos posee la capacidad militar, las consecuencias del "día después" podrían desatar un caos global impredecible.

    Introducción: Inocultable ocaso de la diplomacia de papel

    El panorama geopolítico contemporáneo denota acelerada metamorfosis bajo la égida de la administración Trump II. Lo que en un principio fue interpretado por analistas internacionales como una extensión de la conocida narrativa populista del "America First", ha comenzado a mutar en una estrategia de cerco real y asfixiante. Cada día es más evidente que el bloqueo a la narcodictadura cubana y el lenguaje directo contra la teocracia chiita iraní, no son meros eslóganes de campaña.  Preludian una acción de fuerza tendiente a romper el statu quo de las últimas décadas.

    La retórica de MAGA (Make America Great Again) ha superado sus propios límites. Ya no se trata solo de proclamar que no hay nadie más poderoso que Estados Unidos, sino de demostrarlo en los dos tableros que para Donald Trump y sus asesores, hoy representan las mayores afrentas a su seguridad hemisférica y transcontinental: el Caribe y el Golfo Pérsico.

    El factor electoral: La supervivencia en las elecciones de "midterm"

   Para comprender la urgencia de Washington, es imperativo mirar hacia adentro. Las elecciones de midterm se perfilan como una prueba de fuego definitiva para el Partido Republicano. A pesar de autoelogiosos anuncios de grandeza sin par en la historia del país, el electorado estadounidense promedio sigue siendo pragmático y, en ocasiones, "facilista". Su foco principal no reside en las abstracciones del orden mundial, sino en la inflación persistente, la seguridad multidimensional, la salud, la vivienda y la estabilidad del empleo.

    Trump es consciente de que su narrativa de un "Nuevo Orden Mundial", construido a su medida, podría resultar insuficiente si no presenta resultados tangibles y esperanzadores para su electorado interno y aliados internacionales.

    La captura del narcotraficante y terrorista Nicolás Maduro, ligada a la narrativa de la guerra total contra el narcotráfico, es una pieza del rompecabezas, pero el tablero exige más. Los roces arancelarios con aliados tradicionales como Canadá y la falta de sinergia interna respecto a la resolución de los conflictos en Gaza y Ucrania han dejado al magnate en una posición donde la inacción es su mayor enemigo.

    Cuba e Irán: Los objetivos de "música melodiosa"

    Ante esta realidad, la idea de intervenir en Cuba e Irán para derrocar a sendos regímenes autocráticos, es una propuesta extremadamente atractiva para el equipo de seguridad nacional de Trump. No se trata solo de una cuestión de principios democráticos. Es una maniobra estratégica para ahuyentar definitivamente a China y Rusia de las zonas geoestratégicas de influencia directa de Washington.

    Para fortuna de la intención geopolítica de la Casa Blanca, Estados Unidos posee hoy los medios, la capacidad militar abrumadora y el peso económico para ejecutar tales acciones. En el Caribe, Cuba bajo la opresión de la dictadura cubana, es visto como un santuario del narcotráfico, del terrorismo internacional, de la expansión subversiva de la inteligencia rusa y del comercio chino que debe ser desmantelado. En el Medio Oriente y el Golfo Pérsico, Irán representa el epicentro del "Eje de la Resistencia" que amenaza la estabilidad energética y la seguridad de los aliados en la convulsa e importante región.

    El gran dilema estratégico del "día después"

    Sin embargo, poseer la fuerza no garantiza el control del resultado. El verdadero escollo de la política de intervención por superioridad estratégica militar y diplomática, radica en la incertidumbre del "día después".

   La pregunta clave es ¿Cómo se reorientarían estas naciones tras una caída súbita de sus regímenes? La historia reciente de haberse quedado varios años en Irak y Afganistán pesa en la memoria colectiva militar y estadounidense, casi que igual a lo que fue el síndrome del Vietnam las tres últimas décadas del siglo pasado en Estados Unidos.

    La capacidad estadounidense para controlar eventos impredecibles a miles de kilómetros de sus fronteras es cuestionable, especialmente cuando debe satisfacer simultáneamente las exigencias de una agenda interna doméstica que no tolera conflictos prolongados o costosos. No obstante, los movimientos del poderío militar y la presión económica han avanzado tanto en el Caribe y el Golfo que, para muchos observadores, la suerte ya está echada.

    Solo un movimiento milagroso por parte de China, o una disidencia interna inesperada dentro del republicanismo, podría cambiar el rumbo de la ya casi segura acción simultánea o levemente sucesiva en Irán y Cuba.

     El cuello de botella del asunto: Credibilidad vs. caos

    Trump se encuentra en una encrucijada geopolítica existencial. Si no actúa con contundencia contra La Habana y Teherán, corre el riesgo de ser percibido como el "pastorcito mentiroso" de la geopolítica, un líder de promesas vacías cuya imagen electoral se desplomaría ante la falta de resultados en dos de sus ambiciones estelares de expansión geoestratégica. Por el contrario, si decide actuar, podría desatar una o varias crisis geopolíticas de proporciones épicas.

    Para la política exterior de Trump, actuar se ha convertido en crucial asunto de supervivencia para su política interna. El curso de acción más probable apunta hacia sendas intervenciones en Cuba e Irán, aduciendo la defensa de la libertad y la seguridad nacional, buscando la erradicación total de la incidencia china y rusa en estos territorios.

     Es un juego de sumatoria cero: si fracasa, la estantería del Partido Republicano caerá como un castillo de naipes, llevándose consigo la continuidad en la Casa Blanca y el Congreso. Y si acierta estimula reacciones de sus adversarios geopolíticos que harán mas tensa la estabilidad mundial inmediata.

    Reacciones globales y el vacío de liderazgo estratégico mundial

    Si Trump sale victorioso en estas empresas, el mundo no será necesariamente un lugar más tranquilo. Es previsible que una victoria estadounidense de tal magnitud provoque reacciones imperiales de China herida en su orgullo comercial y estratégico. Rusia, por su parte, podría responder con mayor salvajismo en el frente ucraniano y europeo como medida de compensación de poder. Asimismo, veríamos incentivos belicistas en Corea del Norte y un renovado estímulo al yihadismo global, que encontraría en la intervención estadounidense el combustible perfecto para su narrativa de odio contra todo lo que signifique cultura occidental.

   En el tercer mundo, los "catequistas" de la izquierda radical utilizarían estas intervenciones como argumentos irrefutables para promover subversiones comunistas armadas, alimentando un ciclo de violencia que creíamos haber dejado atrás con el lacónico final de 45 años de Guerra Fría entre la Casa Blanca y el Kremlin (1945-1990).

   Más preocupante es que todo esta dinámica de amenazas mutuas, se desarrolla ante los ojos de una comunidad internacional que observa paralizada. La ONU carece de fuerza vinculante, al mismo tiempo que el planeta sufre una ausencia crítica de líderes locales con visión de estadistas-estrategas. No hay proactividad para potenciar los estados nacionales de forma independiente; el mundo parece resignado a ser espectador del choque de titanes.

    Conclusión: Los dados están en el aire y la mesa tiene las patas cojas

   La inacción ya no es una opción para Donald Trump. La presión de las bases electorales para el midterm, la necesidad de consolidar un liderazgo indiscutible en el planeta y la urgencia de expulsar a sus rivales sistémicos del vecindario inmediato y de las rutas energéticas mundiales, lo empujan hacia un punto de no retorno.

    Actuar para transformar los actuales regímenes políticos en Cuba e Irán, y de paso sacar ventajas geopolíticas y geoestratégicas a China, no es un capricho retórico de Trump y su equipo. Es la culminación de una visión de poder que no acepta sombras.

   Por ahora, los indicadores sugieren que la suerte está echada para estos dos regímenes totalitarios y opresivos. La pregunta ya no es si ocurrirá, sino cuando sucederá, y por extensión, cuánto estamos dispuestos a pagar todos los países del mundo por el orden que emergerá de las cenizas de esta confrontación y los eventos subsiguientes.

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