Publicado: 2026-01-12 Clicks: 11
Por Luis Alberto Villamarín Pulido
Dos semanas de protestas civiles continuas en las principales ciudades de los cuatro puntos cardinales de Irán, respondidas con violencia desmedida por la teocracia chiita, no tendrán un final impositivo de los autocratas ayatolas como sucedió en 2009, 2019 y 2022.
Aunque en esencia, las protestas anteriores se ligan con esta por carencia de libertades civiles, democracia, respeto a los derechos humanos, libertad religiosa y orientación de la economía por parte del Estado, está vez la situación es peor para los retrógrados difusores de la fe "de la paz y la hermandad" cargada de odios religiosos.
La perdida de incidencia geopolítica en Siria, la derrota de Hamás y Hezbola, el estruendoso retroceso del programa nuclear tras la guerra con Israel, la inmersión directa de Estados Unidos en Irán, sumados a la rampante devaluación del rial iraní frente al.dolar, y el creciente bloqueo a los tanqueros fantasmas, están poniendo a la teocracia iraní contra las cuerdas y sin capacidad de reacción.
La amenaza de Trump de intervenir en el futuro si continúa la carnicería, señala lo contrario como sucedió en Venezuela, es decir, hace rato la CIA está dentro de Irán coadyuvando a impulsar la parálisis generalizada, que entre otras cosas se esperaba, tras los bombardeos de junio de 2025 a las instalaciones nucleares. Y allí también está el Mossad
En Irán va a pasar algo o mejor mucho.
Lo más obvio de suponer, será la caída del régimen teocrático después de 46 largos años de tirania politico-religiosa.
Así Trump tendría otro trofeo para mostrar en su plan de figuración como el más poderoso del planeta, pero en el afán de cerrar las válvulas del petróleo clandestino que compran China, India y otros países, estaría abriendo la válvula de las reacciones geopolíticas de nuevos conflictos, que sin solución diplomática, podrían ser la chispa final para encender la pradera.
Por mucho menos comenzaron las dos guerras mundiales anteriores.
Y hoy con varios estados con capacidad nuclear e intereses claros alrededor de la geopolítica del petróleo y las tierras raras, pasando por egolatrias infinitas y crisis económicas insuperables en varios escenarios geoestrategicos, una guerra depredadora podría reajustar cargas.
Lo peor del asunto, es que ninguno de los implicados en que esto ocurra, da el brazo a torcer.
Ni siquiera muestran sinderesis.
Sintesis: caída casi segura de los ayayolas, para presumible bien de agobiados iraníes, pero casi segura gran cuota inicial para una confrontación planetaria
Solamente, estrategas-estadistas podrían contener la vorágine belica. Pero... ¿Los hay?
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