Ataque de Israel a Gaza: Encrucijada entre intereses geopolíticos, diplomacia, propaganda, maniobras militares e irreparable dolor de una nación agredida.
Es reiterativa la frase, que en todas las guerras, la primera víctima es la verdad. Y también es cierto que una vez desatada una confrontación bélica, se yuxtaponen los intereses geopolíticos de todos los actores directa o indirectamente relacionados con esa guerra; los apuros diplomáticos de quienes de sus respectivas orillas, buscan o incendiar la pradera o sofocar la extensión del fuego; la propaganda mutua y la supuestamente neutral que pretende mostrar desde cada ángulo su verdad, satanizando a la contraparte; pero a menudo suele suceder que la causa o punto de origen del conflicto se pierde de la memoria colectiva, por efectos de la catarata de información, que a torrentes inunda los medios de comunicación, hoy aumentados por las redes sociales. Tal es el caso de lo que ha sucedido en los primeros 18 días de la nueva etapa de la ya prolongada guerra entre el grupo terrorista Hamás y el Estado de Israel, que recrudeció a partir del 7 de octubre de 2023, cuando cerca de 1500 yihadistas de todas las vertientes radicales de sunitas y chiitas, asociados con la “autoridad político-militar” de la convulsa Franja de Gaza, irrumpieron violentamente dentro de territorio israelí, y en una inenarrable orgía de terror y violencia, asesinaron a 1400 personas en estado de indefensión incluidos adultos mayores, mujeres y niños; secuestraron a mas de 220 seres humanos y lanzaron mas de 3000 cohetes de mediano alcance contra centros urbanos israelíes. Ese es el punto de partida de la contundente respuesta israelí. Y no otro… No hay justificación que valga para legitimar semejante oleada de barbarie, que recordó a Israel, el Holocausto y otras tragedias padecidas a lo largo de la historia por el “pueblo escogido por Dios”