Caída de Kabul es el suceso geopolítico del siglo XXI
Después de los audaces ataques terroristas de la red yihadista de Al Qaeda contra el World Trade center y el Pentágono de Estados Unidos el fatídico 11 de septiembre de 2001, ―causa y razón del ingreso de tropas estadounidenses a Afganistán― la rápida caída de la ciudad de Kabul en manos de los talibán, cuando aún los funcionarios del servicio exterior de la Casa Blanca no habían salido del caótico país de Asia Central, es el evento geopolítico más importante del siglo XXI. La privilegiada posición geoestratégica de Afganistán, sus recursos minerales, y su relación con el terrorismo islámico, considerado de lejos la otra pandemia de la presente centuria, ponen este suceso en el centro de los problemas geopolíticos venideros para todo el planeta. Las razones para que esto sea así, se entrecruzan con la cantidad de intereses geopolíticos mundiales, regionales y locales que se acumulan en Afganistán. La sorpresiva huida del presidente afgano Ashraf Ghani hacia Uzbekistán y la inmediata caída de la ciudad de Kabul, parecerían indicar que la mano invisible china estuvo detrás de esta rendición incruenta, para negociar directamente con los extremistas religiosos la explotación de recursos minerales estratégicos, y la apertura de vías hacia Irán y el Océano Índico. Todo esto para evitar los controles militares de su insuperable adversario de Nueva Delhi y minimizar obvias incursiones yihadistas en la martirizada zona de los uigures, donde el régimen dictatorial de Pekín ha aplicado la mano dura contra las comunidades musulmanas. Podría ser una maniobra diplomática china de guerra sicológica y de auto defensa. Pero ese es apenas uno de los tantos intereses que se tejen sobre Afganistán.