Cayó Maduro, pero Delcy Rodríguez sigue al frente de mafia petrolera y cartel de los soles
Por Luis Alberto Villamarin Pulido Cuatro meses después de la captura de Nicolás Maduro Moros, narcotraficante y terrorista, capo del cartel de los soles y la siniestra mafia petrolera venezolana, que desangraba a su país, pese a los anuncios triunfalistas de Trump y la supuesta sinergia de la Casa Blanca con Delcy Rodríguez, los hechos demuestran una realidad diferente. 1. Espejismo de la libertad La captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 por fuerzas especiales estadounidenses marcó un hito en la historia contemporánea de América Latina, prometiendo el fin de una era de autoritarismo y ruina económica. Sin embargo, el optimismo inicial de Washington sobre la capacidad de desatar la prosperidad inmediata al tomar el control de la industria petrolera choca frontalmente con una realidad subterránea y persistente. La estructura de poder, aunque descabezada de su líder principal, permanece en gran medida intacta y bajo el control de una élite conectada políticamente que se beneficia de décadas de opacidad. Esta red, lejos de disolverse con la salida del dictador, ha demostrado capacidad de mutación progresiva, protegiendo sus intereses en las sombras mientras el país intenta, infructuosamente, respirar bajo una nueva administración tutelada. A pesar de la intervención directa de Estados Unidos, los indicadores básicos para el venezolano común reflejan una economía que sigue en cuidados intensivos. Profesores, médicos y obreros, que esperaban un alivio inmediato, se enfrentan a una realidad donde el salario mínimo ha caído a niveles pasmosos de 27 centavos de dólar tras una devaluación del 36% que se precipitó justo después de la caída de Maduro.