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Humilllantes arbitrariedades de Maduro en la frontera demuestran pobreza de política exterior colombiana.

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Geopolíca colombiana 

    No ocurre ahora por primera vez. Asi ha sido siempre. La cancillería colombiana que por herencia manifiesta parecería pertenecer a las familias Holguín, De Brigard, Urrutia, Mallarino, López, y otros personajes adscritos a la voraz fauna politiquera colombiana, ha sido débil, timorata, sin objetivos nacionales y sin proyección geopolítica, desde cuando Simón Bolívar creó la Gran Colombia, pero en contraste, los santanderistas leguleyos comenzaron a pensar y urdir, en cómo sacar al Libertador del camino, y de paso, cada uno crear su propio feudo.

fallo salomonico la hayaLa mediocridad funcional de la canciller Angela Holguín no es coyuntural. Es estructural. Pero no es la única canciller miope y desconocedora de su enorme misión. Ella es un numero más entre los improductivos personajes, muchos de ellos de su familia y logia al estilo Habsburgo, emparentados por conveniencias de “clase social”, los mismos que han sepultado paulatinamente el sueño geopolítico del Libertador Simón Bolívar, y con sus acciones han estimulado a gobernantes vecinos con ínfulas de dictadores, para robar territorio y pisotear la dignidad de Colombia.

   Y mientras esto ha sucedido, los presidentes y los minúsculos congresos de la república, ínfimos no en cantidad sino por calidad, han mantenido al pueblo colombiano enfrentado en guerras fratricidas, visto al Ejército como un mal necesario para sostener sus intereses de élite privilegiada y al resto de los colombianos como la “indiada, o los guaches” que deben elegirlos y reelegirlos cada cuatro años, para satisfacer los egos de sus castas.

    Por realidades como esas, Nicaragua pretende robar 75.000 kilómetros cuadrados de mar territorial gracias a un espurio fallo de la Corte Internacional de la Haya, sobre el cual, de manera mañosa y muy cuestionable, ni Santos ni su viajera canciller Holguín se manifiestan, por la sencilla razón que de hacerlo, la jauría comunista continental induciría a las Farc a romper la farsa de la Habana y se le acabaría la posibilidad de ser Premio Nobel a Santos. No importa el daño causado a Colombia.

   Entretanto y desde siempre, las autoridades venezolanas han maltratado a los colombianos que por razones económicas han migrado allá para trabajar y buscar el sustento de sus familias en un país donde hay existe corriente ideológica que les es hostil, poco amante de la labor física dura y muy dada a las mieles de la buena vida inducida por la corrupción de sucesivos gobernantes, situación que los llevó a caer en las garras del comunismos castro-chavista.

   Basta mirar archivos periodísticos desde comienzos del siglo XX, para comprobar reiteradas agresiones físicas, morales y políticas de los gobernantes venezolanos, que como todos los mediocres con poder, siempre han trasladado el sumo de la responsabilidad de su ineficacia a los vecinos, en este caso mediante el marcado anticolombianismo histórico de muchos pero muchos dirigentes políticos venezolanos de todas las vertientes, que han utilizado ese estigma para malgobernar a Venezuela.

   La reciente oleada de despojos de bienes, destrucción de viviendas, robo de pertenencias, separación de padres de sus hijos, maniobras militares ofensivas, amenazas de muerte, incursiones armadas en territorio colombiano, descarado apoyo a las Farc y el Eln, facilidad para que Megateo, y los capos de todos los carteles saquen la cocaína hacia el resto del mundo, reafurman la existencia de esa corriente enquistada en falsos nacionalistas venezolanos.

     De remate, la mala fe del presidente Santos, quien en aras de conseguir el Premio Nóbel de Paz, aduce medidas diplomáticas y de seguro notas de protesta que terminan en el olvido sistemático de Caracas y Bogotá, durante cinco años ha utilizado a la canciller Holguín, no como la ministra de la política exterior de Colombia, sino como la difusora internacional de su imagen de pacifista y candidato a Premio Nóbel de Paz.

   De remate el expresidente Ernesto Samper, jefe del esperpento unificador autodenominado Unasur, con la eterna carga de cuestionamientos por su pésima gestión presidencial y la entrada de dineros del narcotráfico a su campaña electoral en 1993, sin visa para ingresar a Estados Unidos y visto por la mayoría de los colombianos como una vergüenza histórica, fue reencauchado políticamente por Santos y colocado de comodín en Unasur, para tener contentos a todos los comunistas del continente.

En esencia Samper ha sido ciego, sordo, mudo e inepto frente a la realidad de la agresión de la dictadura venezolana contra los colombianos residentes en la frontera. Parece un furibundo chavista más y no un expresidente colombiano. Que vergüenza.

   Además de miopía geopolítica y evidente ausencia de patriotismo del presidente Santos, la canciller y todos los burócratas que los secundan incluido Samper, la política exterior colombiana es débil y carente de carácter, porque así es la personalidad de estos encumbrados aristócratas, verdaderos responsables históricos de la ínfima incidencia colombiana en el entorno continental.

    Para salir de este enredo, se requieren cambios profundos y estructurales con programas geopolíticos y geoestratégicos a largo plazo, pero además hay que comenzar por el principio. Ya es hora que el Centro Democrático y la oposición colombiana, instauren un juicio político de responsabilidades en el Congreso de la República contra la canciller Holguín y el presidente Santos, debido a la falta de política exterior colombiana y carencia de defensa de los intereses de los connacionales, como consecuencia  del inocultable deseo de figuración permanente de Santos.

   No más trinos polarizadores sin otro objetivo que poner en el centro del universo a Uribe. No más conferencias de Rangel cuestionando cifras de seguridad sin aportar soluciones concretas. No más mensajes por redes sociales diciendo que Santos es pésimo presidente, porque eso es llover sobre mojado y lo saben todos los colombianos. No más críticas al proceso de paz sin acciones judiciales nacionales e internacionales contra quienes apoyan el terrorismo. En conclusión no más entrega del país a las Farc y los comunistas, por estar enfrascados en disputas internas.

    Y desde luego, no más abusos de Maduro y de quien lo suceda en el Palacio de Miraflores, porque el anticolombianismo no solo se tiñe de comunista en Venezuela, es estructural y ha sido un arma permanente de muchos mediocres dirigentes venezolanos, que incapaces de solucionar los problemas de su país, han acudido a despertar odios contra los colombianos que van allá a trabajar en lo que ellos ni hacen ni quieren dejar hacer.

Parafraseando a Rafael Reyes: “Necesitamos menos política y mas administración”

Coronel Luis Alberto Villamarin Pulido

Analista de asuntos estratégicos

www.luisvillamarin.com