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Complejidades geopolíticas de la visita de Trump a Israel

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     Geopolítica internacional

   Cover El cartel Farc (I)La visita del mandatario estadounidense Donald Trump a Israel, precedida por su paso muy diplomático en palabras pero comprometedor en los intereses geoestratégicos de Estados Unidos a favor de los regímenes sunitas, no solo marca un trascendental hito histórico, sino que reencauza el estilo de la política internacional de la Casa Blanca en el Medio Oriente, alterado durante ocho años por la conducta pacifista de Barack Obama, quien además se distanció de Israel, tuvo poca afinidad con Arabia Saudita y negoció con Irán, la aparente renuncia al programa nuclear de la teocracia chiita.

    Junto con la latente guerra fría entre estados chiitas y sunitas en la región, y el sueño independentista kurdo, la existencia del Estado de Israel es el otro problema crucial de la convulsa geopolítica del Medio Oriente. Por ende, todo lo que diga y haga Trump en Israel repercutirá sobre la paz mundial, los intereses geopolíticos regionales, las ambiciones geoestratégicas de Rusia y China, la lucha contra el terrorismo islámico y los flujos económicos derivados del petróleo.

     La visita de Trump al muro de las lamentaciones, ubicado en Jerusalén Oriental es un mensaje de confianza para los judíos ortodoxos y la línea dura encabezada por el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu, pero al mismo tiempo es una señal de reto para la dirigencia palestina y la multiplicidad de movimientos político-armados que pululan en la Franja de Gaza y Cisjordania, con fácil proclividad anti-estadounidense, máxime que Trump nombró como embajador de su gobierno en Israel a David Friedman un judío ortodoxo, a quien encomendó la tarea de pasar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén.

    A lo anterior se suma que Trump y sus delegados diplomáticos propusieron y al parecer lograron un primer consenso con los estados árabes sunitas, para que estos reabran relaciones diplomáticas con Israel a cambio de que Netanyahu y su gabinete accedan a la solución de los dos Estados, suspenda la construcción de asentamientos civiles en Cisjordania y reconozca a Jerusalén Oriental como la capital del nuevo Estado de Palestina.

    Aunque la visita de Trump a Israel es muy importante y desde luego muy valorada por la dirigencia política de ese país, es absolutamente imposible que Netanyahu acepte la existencia de dos estados autónomos y autárquicos, ya que los cálculos estratégicos y geopolíticos del alto gobierno israelí les indican que conceder tal gabela a los palestinos, conduciría irremediablemente al surgimiento de enclaves yihadistas similares a los que aparecieron en Libia, Siria e Irak despúes de la Primavera Árabe.

    Por otra parte, la solución de dos Estados al conflicto israelí-palestino  en las condiciones actuales, sería para el gobierno israelí, una patente de corso a Siria para reclamar los Altos del Golán, estimular nuevas intifadas encabezadas por Hizbolá, que por razones obvias hallaría apoyo entre los palestinos de Gaza y Cisjordania.

    Aunque Israel ve con buenos ojos que la carrera armamentista protocolizada por  Trump y el rey saudita, amarra a Irán e impide o por lo menos dilata un eventual ataque de las fuerzas militares iraníes contra Israel, tampoco puede olvidar que ni siquiera las relaciones diplomáticas formales con los estados árabes sunitas, son prenda de garantía para su seguridad nacional.

    Tampoco puede olvidar Israel que el resentimiento incrementado contra Estados Unidos en Irán por la actitud de Trump hacia el acuerdo nuclear de Teherán con su predecesor y la venta de armas a Arabia Saudita, ponen a Israel en el punto más débil de la cuerda, es decir en el eventual blanco de arrasadores ataques iraníes, sirios e iraquíes financiados y estructurados por Rusia e Irán.

     Tales realidades indican que la buena voluntad de Trump y el ferviente deseo de su gobierno para logar un acuerdo de paz y el reconocimiento de dos estados en Israel, aunado a la paz israelí con los regímenes sunitas del Medio Oriente y el Golfo Pérsico, serán muy difíciles de concretar, porque subsisten las tensiones históricas y las soluciones propuestas no satisfacen a plenitud a ninguna de las partes, debido a los condicionamientos que tiene cada una de ellas.

     Paralelo con estos temas espinosos, está sobre la mesa de conversaciones el tema del terrorismo internacional yihadista, sea sunita de Isis y Al Qaeda o chiita de Hizbolá, con verificada capacidad de atacar objetivos Israelíes o estadounidenses en cualquier lugar del mundo. Un punto es que la dirigencia saudita acepte en público la exigencia estadounidense de combatir de raíz el radicalismo y otro muy distinto, es que en verdad exista y se fortalezca ese control por parte de los sunitas, lago que inquieta profundamente a Israel.

     Otro complejidad geopolítica de la visita de Trump a Israel, es que ni la Casa Blanca ni el Secretario de Estado, ni el propio presidente estadounidense han sido claros respecto a Siria y la desafiante presencia rusa en la guerra civil que pretende derrocar a Bashar Al Assad, pero que además es teatro de operaciones dentro del que convergen intereses políticos, estratégicos y geopolíticos de los kurdos, Rusia, China, Turquía, Irán e Irak.

     Tampoco es caro si la visita de Trump a Israel coadyuva a solucionar profundas diferencias de Israel con Turquía derivadas de las contundentes respuestas de las Fuerzas de Defensa Israelí contra los ataques terroristas planeados y ejecutados desde Gaza, ni las tensiones que condujeron a la construcción del muro en Cisjordania.

     Ni hay claridad acerca de la real capacidad y voluntad sincera del gobierno de Egipto, para impedir que terroristas y contrabandistas utilicen los túneles clandestinos en la frontera de la Península  del Sinaí con la Franja de Gaza, para atentar contra la seguridad nacional de Israel.

     Por último, la agenda de la visita de Trump a Israel debe incluir el manejo de la información de inteligencia y la seguridad mutua de los agentes de los dos países desplegados por todo el planeta, pues la aún no aclarada entrega por parte de Trump a Rusia, de información clasificada acerca de Isis suministrada por Israel, es un tema que al parecer genera mucha desconfianza entre los organismos de seguridad y el gobierno israelí, acerca del proceder de Trump.

      Por lo tanto, hay muchas complejidades geopolíticas en la visita de Trump a Israel.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Especialista en Geopolítica, Estartegia y Defensa Nacional

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