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Actores y factores geopolíticos de la crisis en Venezuela

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       Geopolítica

     La ya extensa historia de la humanidad demuestra que como parte esencial de los factores y actores que generan cambios geopolíticos, nada relativo a ellos ocurre de manera fortuita, casual o circunstancial. Así lo corrobora una vez más, la metástasis que está haciendo el régimen castrochavista del socialismo del siglo XXI y la autodenominada “revolución bolivariana”.

     Infortunadamente en Latinoamérica y en contraste con las permanentes agresiones de entrenar o promover grupos terroristas desde la isla, ningún gobierno del hemisferio ha sido categórico en romper relaciones de manera definitiva con la dictadura cubana. Dicha dualidad se refleja en que periodistas despistados llamen “dictador” a Pinochet y presidente a Fidel o Raúl Castro. Y al unísono, con este errónea percepción conceptual de la política, las élites de los países latinoamericanos han cohonestado y cobijado la corrupción, que por su naturaleza oxigena la “rebelión marxista-leninista”

     La dirigencia política tradicional de Venezuela no fue la excepción. La corrupción administrativa de sucesivos gobiernos que pelecharon de la enorme riqueza venezolana, y en su momento e igual que Maduro acudieron al engañoso argumento del nacionalismo y el patrioterismo contra Colombia, crearon en Hugo Chávez su propio Frankenstein, a sabiendas que detrás del burdo y lenguaraz mandatario, estaba la dictadura cubana que lo manejaba a su antojo como a un títere de opereta barata.

     Cuando cayó en Ecuador el terrorista Raúl Reyes, los computadores incautados al cabecilla de las Farc, sacaron a relucir que había un complot dirigido desde La Habana y financiado por Chávez y el narcotráfico, para buscar en Colombia un gobierno de transición hacia el socialismo del siglo XXI. Todo eso, con la complicidad de los gobiernos de los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, el obispo Lugo en Paraguay, el partido de José Mujica en Uruguay, la dictadura de Ortega en Managua y la eterna dictadura castrista en Cuba, además de la actitud morronga del presidente Fernández de República Dominicana.

     Igual que ahora, los “analistas” y opinadores de los problemas políticos se fueron por las ramas, trataron de crucificar al presidente Uribe Vélez por haber ordenado el bombardeo de la guarida de Reyes en Ecuador, pero a nadie se le ocurrió cuestionar por qué el “presidente” Fidel Castro seguía inmerso en la guerra fría este-oeste, por medio de sus peoncitos socios de las Farc en Caracas, Quito, La Paz, Montevideo, Asunción, Managua y Buenos Aires, ni tampoco por qué el partido de los comunistas mexicanos seguía enviando terroristas a entrenarse con las Farc, como internacionalistas revolucionarios, con la disculpa que eran “estudiantes” de la UNAM.

     Hoy cuando Venezuela está sumida en una compleja crisis humanitaria, de desgobierno, de corrupción de mafias en el poder, de narcotráfico, de terrorismo, y de inmersión en intereses geopolíticos regionales y mundiales, vuelven a aparecer los comunistas colombianos cómplices eternos de las Farc, así como José Mujica y el populista recién posesionado mandatario mexicano López Obrador, a decir que se requiere el diálogo y no la salida de Nicolas Maduro del palacio de Miraflores, y que a pesar de la responsabilidad de Maduro en la actual crisis de su país, lo que hay son intereses imperialistas estadounidenses además del estulto argumento utilizado durante décadas por la dictadura cubana, de que al comunismo le va mal, debido al bloqueo capitalista.

     El cuestionamiento es sencillo. ¿Si es cierto que el comunismo es tan bueno como dicen los teóricos y prácticos de esa opresiva doctrina político-económica, ¿para qué necesitan del capitalismo o de la economía de mercado, si ellos son todopoderosos que a nombre del patrioterismo y la “independencia del imperio capitalista” pueden mantener la dignidad marxista leninista de sus tiranías?

     Mientras tanto Rusia y China apuestan de manera silenciosa pero persistente, en los ámbitos económico y militar a posicionarse en Venezuela, para tener un territorio continental más amplio que la isla de Cuba, desde el cual podrían extender su influencia geopolítica, geoeconómica y geoestratégica sobre Latinoamérica y en obvio ataque contra los intereses regionales y mundiales de Estados Unidos.

     Por su parte la teocracia iraní apuesta a extender la influencia del grupo terrorista chiita Hizbolá considerado su brazo armado internacional, sobre Latinoamérica y el Caribe, con la proyección a largo plazo de causar daños al odiado imperio norteamericano.

      En el orden regional y a sabiendas de que la “revolución bolivariana del siglo XXI” podría fallar en Venezuela y por extensión afectar a la parásita dictadura cubana acostumbrada a violentar a su pueblo y vivir de ayudas extranjeras, Fidel Castro envió a miles de funcionarios con mentalidad terrorista, para organizar los comités de defensa de la revolución denominados círculos bolivarianos y milicias bolivarianas, camuflados con el argumento de la soberanía y la dignidad del socialismo del siglo XXI.

     Estos grupos de delincuentes armados dirigidos por el Estado venezolano-chavista, nacieron, crecieron y se fortalecieron ante la inacción de las élites criollas, que optaron como los primeros cubanos por irse del país a Miami y otros destinos, a hablar mal del régimen comunista de Castro y Chávez, sin enfrentar el problema en su propio territorio. Con el paso de los años en ambos casos, las mafias dictatoriales se enquistaron en el poder, corrompieron conciencias, dividieron a los pueblos, y en el caso particular de Venezuela, no solo trasladaron a Colombia y el resto del vecindario la crisis humanitaria, sino que permitieron que los vaivenes geopolíticos regionales y continentales llegaran a dimensiones planetarias.

     Para todos los dirigentes políticos y académicos sensatos del continente era claro que luego de la caída del Muro de Berlín, desmovilización de los terroristas salvadoreños y guatemaltecos, así como la derrota del terrorismo en Perú, la dictadura cubana apoyada por el Partido de los Trabajadores de Brasil encabezado por Lula Da Silva y Dilma Russeff, seguían empeñados en reconstruir el comunismo en el continente por medio de la combinación de formas de lucha, incluida la armada con las Farc y el Eln, y la política por medio de los partidos comunistas de cada país.

     A pesar de los cruciales hallazgos documentales en los computadores de Raúl Reyes, las élites de todo el continente incluidas la venezolanas que desde el exterior se quejaban de la cada mas clara tendencia dictatorial del chavismo, optaron por meter la cabeza  en la tierra como el avestruz, como si el problema del terrorismo comunista fuera solo de Colombia, y como si la ligazón de los regímenes comunistas del continente con las Farc y el Eln fuera solo retórica dialéctica, con la increíble circunstancia agravante que más de uno de ellos puso en duda la veracidad de los contenidos de los computadores.

     E igual que sucede hoy con muchos venezolanos despistados, muchos dirigentes políticos del continente, periodistas y “expertos” en política continental aseguraron que Chávez era el bueno y que Maduro es el malo, como si no entendieran que el origen del problema está en la contemporaneidad de la corrupción política en Venezuela con la expansión estratégica del terrorismo cubano; que Hugo Chávez era un peoncito de Fidel Castro y que Maduro hace exactamente lo mismo que hacía Chávez.

      Con la diferencia que los precios del petróleo  y la falta de mantenimiento de PDVSA sumada a la ignorancia manifiesta de Maduro y su séquito bandoleril, en temas gubernamentales, condujeron a Venezuela a la actual crisis social, política, económica, y humanitaria; crisis, tratada de enmascarar como ocurre en los empobrecidos países africanos con fuerzas armadas llenas de “juguetes bélicos de última generación” y un grupo grande de ignorantes idiotizados con la doctrina marxista, el falso nacionalismo y la mentira de que se defienden de una agresión capitalista orquestada por Estados Unidos y Colombia.

     En la práctica, todos estos actores y factores no solo afectan a Venezuela sino a Colombia en todos los campos, pues la más probable opción del régimen es que Maduro se mantiene por ahora aferrado al poder como consecuencia de los componentes político-estratégicos esbozados, que las Farc y el Eln están listos para primero coadyuvar  a sostener a Maduro en el cargo y si este cae, pasar a la guerra de guerrillas y el terrorismo contra los “contrarrevolucionarios” de la derecha dirigidos por Estados Unidos y las “élites santafereñas”.

     Naturalmente que estos escenarios ya han sido ampliamente analizados y debatidos en Moscú, Pekín y Teherán, con la circunstancia agravante para el hemisferio, que así se vaya o no se vaya Maduro, en ambos casos, rusos, chinos e iraníes sacan importantes ventajas geopolíticas, geoestratégicas y geoeconómicas frente a Estados Unidos, a la vez que pueden extender conflictos regionales de la misma manera que ha sucedido por años en África y el Medio Oriente.

     Estas son las crudas realidades de los actores y factores geopolíticos de la actual crisis venezolana, que por no ser intuidos, ni por las dirigencias políticas latinoamericanas que a menudo están en otra órbita, ni por las universidades manipuladas por izquierdistas, ni por periodistas sin profundidad analítica, mantienen a los pueblos desinformados, en la ignorancia crasa de su realidad geopolítica y desde luego al continente sumido en el subdesarrollo.

     En consecuencia, recomponer a Venezuela y por extensión al continente, será quizás una tarea mucho mas compleja que el mismo Plan Marshall en Europa al término de la segunda guerra mundial. Si la solución se limita a la salida de Maduro y al regreso de la corrupción de los “capitalistas” en Venezuela, sumados a la ineficiencia administrativa y la indiferente inacción frente a la dictadura cubana que es la fuente de la agresión, o tendremos Maduro para rato, o tendremos guerras civiles, terrorismo, violencia comunista y caos para mas tiempo en el continente. Y de paso se meterán los rusos y chinos a expoliar nuestros recursos, y los iraníes terminarán de enredándonos con el terrorismo islámico.

     Por mucho menos comenzaron las dos grandes guerras mundiales y luego el planeta se mantuvo en vilo con las amenazas de la guerra fría. Hoy el problema se renueva con otras aristas, y exige a los dirigentes latinoamericanos menos politiquería y mas atención a las soluciones integrales de los problemas estructurales.

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     www.luisvillamarin.com

     Especialista en Defensa nacional, Geopolítica internacional y estrategia

Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es autor de 35 libros y más de 1650 artículos relacionados con los temas de u especialidad, presidente fundador del Centro de Geopolítica Colombia y miembro de varias academias de historia en Colombia.