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Erosión del Ejército Sirio: ¿Golpe final a Al Assad?

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     Geopolítica

    Desde enero de 2014, el Ejército sirio leal a Bashar Al Assad inició una serie de derrotas propinadas por fuerzas rebeldes que han conquistado vitales espacios estratégicos, lo cual ha obligado a las fuerzas armadas oficiales, a aumentar el reclutamiento para remplazar las unidades perdidas, puesto que hasta familias alauitas cercanas al gobierno dictatorial se niegan a enviar a sus hijos al servicio militar obligatorio.

  primavera-arabe  Por elementales razones esta situación plantea cuestionamientos inmediatos acerca de la continuidad del gobierno de Bashar al-Assad. La erosión del ejército oficial sirio ha inducido al gobierno a confiar más en las milicias sirias y extranjeras, en particular Hizbolá, el grupo chiita libanés aliado con el régimen proterrorista de Irán, enemigo mortal de Israel y causa y razón de la guerra de nervios y las presiones contra el gobierno de Obama, por parte del primer ministro Benjamin Netanyahu en asocio con la bancada republicana del congreso estadounidense .

     Con la venia del régimen autoritario de Damasco, ahora Hizbolá lidera la lucha contra rebeldes y sunitas en varios lugares de Siria, algo que ha generado tensiones por parte de algunos militares, que interpretan esta cesión de soberanía como la carta blanca a Irán para que decida el destino sirio.

     En contraste con la indisposición de algunos oficiales sirios por la presencia de la milicia integrista apoyada por el régimen de los ayatolas desde Teherán, en los campos de batalla las fuerzas gubernamentales sirias se han derrumbado o han abandonado zonas claves, por falta de capacidad suficiente para contrarrestar la ofensiva antigubernamental, la acción depredadora ISIS, y porque ni siquiera pueden sostener el control administrativo del Estado sirio sobre sus gobernados.

     Dentro de ese entorno político, los rebeldes sirios se apoderaron de la ciudad de Idlib, capital de una provincia ubicada al norte el país. Sin embargo, fracasaron las contraofensivas militares del régimen sirio, y los avances de la guerra civil fortalecieron una coalición insurgente sunita cohesiva encabezada por el frente Al Nusrá de Al Qaeda, a su vez enemigo de ISIS, que se encuentra más cerca que nunca de atacar las fortalezas costeras de Bashar Al Assad, vistas desde la óptica militar como la última línea defensiva del régimen dictatorial.

    En toda Siria hay signos de tensión e incertidumbre que contrastan con la aparente confianza de Al Assad, quien hasta se dio el lujo de destituir a dos de los cuatro jefes de las cuatro agencias de inteligencia. En un país donde las reservas de divisas sumaban 30.000 millones de dólares al iniciar la guerra civil en 2011, en menos de cuatro  se han reducido a 1.000 millones, los funcionarios oficiales que laboran en ciudades capitales de provincia verbigracia Alepo y Deraa, a duras penas han improvisado planes de contingencia para preservar antigüedades y evacuar la población civil amenazada por los yihadistas.

    En medio de ese flujo indiscriminado de desplazados internos, las provincias costeras cercanas al Mar Mediterráneo  se han sobrepoblado con miles de familias provenientes de Idlib, y para complicar más el problema, algunos funcionarios oficiales los han rechazado. Entretanto, en el centro de Damasco, disminuyeron los puestos de control gubernamental, debido a que los milicianos leales al régimen son enviados a combatir en la periferia de la capital siria, y con mayor frecuencia los hombres jóvenes evaden el servicio militar.

   Conexión Al Qaeda - Version Actulizada 2011Inclusive en las zonas pobladas por grupos minoritarias que son blanco del terror de los grupos islamistas como Al Nusra e ISIS, tales como los drusos en límites con Israel, los cristianos asirios al norte, y los ismaelitas en Hama, las familias envían a sus hijos al extranjero para evitar el reclutamiento gubernamental, o para mantenerlos escondidos en las casas con el fin de proteger las mujeres y los niños.

    Dicha realidad ha transformado las otrora centralizadas fuerzas armadas sirias en algo que comienza a parecerse a los insurgentes: un mosaico de luchadores locales y extranjeros con intereses y prioridades que ni articulan ni coinciden. Cuando comenzó la guerra civil en 2011, el ejército de Siria tenía 250.000 soldados. Terminado el primer cuatrimestre de 2015, el pie de fuerza se halla en 125.000 soldados como consecuencia de bajas y deserciones, apoyados por 125.000 integrantes de milicias pro-gubernamentales, dentro de las que hay iraquíes entrenados por Irán, paquistaníes y hazaras afganos, con la circunstancia agravante que los altos militares sirios no siempre están a cargo de las operaciones, en particular cuando está involucrado Hizbolá, la mejor entrenada y equipada de las milicias extranjeras presentes en Siria.

    La presencia de los terroristas pro-iraníes es marcada en Siria donde se comenta con preocupación que en cada zona donde hay presencia de Hizbolá, el comando de la seguridad está en sus manos y para hacer algo es necesario pedirles permiso, inclusive se rumora entre las tropas sirias que para Al Assad, es más importante un miliciano de Hizbolá que un general sirio; debido  que les pagan sueldos en dólares, mientras que los soldados sirios les pagan en devaluado dinero local. Como es de esperarse y es costumbre de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), los funcionarios estadounidenses están explorando las posibilidades para explotar las tensiones resultantes entre los comandantes militares de Siria y los cabecillas de las milicias de Hizbolá, pero no hay un plan concreto para recosntruir a Siria después de la eventual caída de Al Assad.

    Desde su óptica, los funcionarios oficiales que simpatizan con Hizbolá argumentan que los enemigos de Siria pretenden explotar las tensiones naturales que suceden entre aliados, y entre hermanos y hermanas en la misma casa, pero no tendrían éxito, porque Hizbolá combate en Siria con aprobación gubernamental.  

    En la práctica todos los días ocurre una pérdida de la soberanía de Siria a favor de Irán, que necesita a Siria como un punto de paso para armar a Hizbolá para atacar a Israel y un espacio geográfico para robustecer el evidente Arco Chiita del Mediterráneo, y al mismo tiempo constituir una póliza de seguro que proteja el plan estratégico a largo plazo de la expansión chiita en el Medio Oriente, frente a la eventual desaparición de Bashar Al Assad del convulso escenario geopolítico.

    Aunque ISIS tiene 5000 guerreros en Siria, Hizbolá no está en capacidad de rescatar a Bashar Al Assad como lo hizo en 2013, cuando envió a cientos de sus integrantes a aplastar el centro insurgente de Qusayr, cerca de la frontera libanesa.

    Pero el problema no termina ahí, sino que se convierte en el punto de partida para acortar distancias del creciente enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita, dos enemigos religiosos irreconciliables con intereses geopolíticos y geoestratégicos regionales auspiciados por las grandes potencias, a la par con la inminente inmersión de Turquía en el conflicto para evitar la concreción del Kurdistán; y,  de Israel para evitar que Hizbolá lo ataque y apoye a Hamas.

     Si no hay acciones diplomáticas que atenúen la temperatura, la voracidad del fuego destructivo de la guerra se esparcirá por el Medio Oriente, más de lo que ya está, con consecuencias impredecibles para el resto del planeta, pues en la medida que se afecta un interés particular, se afectan alianzas geoestratégicas en los cinco continentes. Por mucho menos estallaron las dos primeras guerras mundiales. El reto para los actuales líderes es combatir el yihadismo interno y aclimatar la esquiva paz en el Medio Oriente.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Analista de asuntos estratégicos

www.luisvillamarin.com

 

El coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es autor de 25 libros relacionados con los conflictos contemporáneos, el terrorismo internacional, la geopolítica y la historia continental. para leer sus obras haga click aquí