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Pese a unidad de criterios de potencias, muy difícil que haya paz en Siria. Por ahora

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     Pese a que por fin las cinco potencias del Consejo de Seguridad de la ONU y las potencias  regionales del Medio Oriente, llegaron hoy en New York a un acuerdo mutuo de parar la guerra en Siria y desarrollar un proceso de paz que culmine con elecciones en 18 meses, con el fin de iniciar una guerra unida y radical contra ISIS, la realidad de intereses y presiones geopolíticas y geoestratégicas, es muy diferente a lo que allí se desea hacer.

    Las dificultades para se cristalice este acuerdo radican en la carencia de unidad religiosa, política y metodológica de los grupos que luchan por derrocar el gobierno de Bashar Al Assad, la falta de claridad si Assad puede presentarse a nuevas elecciones o no, la doble moral de todos los interesados en esa "paz" para sacar cada quien su propia ventaja y el odio insepulto que ha caracterizado esta guerra que ya acumula casi cuatro años y más de 300.000 muertos.

   Uno de los problemas es que la decisión se tomó por los interesados en una versión particular de la paz, y fuera de eso, por sugerencia de Jordania le da la gabela a Assad para que diga cuales de sus opositores son terroristas y cuáles no.

    Por obvias razones, Bashar Al Assad se sostendrá en su tesis cerrera que todos los adversarios son terroristas, que los sunitas apoyados por Estados Unidos y las monarquías del Golfo son enemigos jurados de Siria y que el acepta la paz con la sumisión de sus contradictores. Esta posición obsesiva y contraria a los intereses del pueblo sirio es apoyada por debajo de la mesa por Vladimir Putin, pese a que su canciller diga lo contrario en otros escenarios. Y detrás de ellos está China que saca la brasa con mano ajena, con miras a sacar futuras ventajas geoestratégicas sobre todos los actuales actores de ese conflicto.

    A Estados Unidos, Gran Bretaña y en términos generales a la Unión Europea, les interesa que se caiga Al Assad y de paso destruir a ISIS, minimizar la influencia rusa, apoyar a las monarquías del Golfo Pérsico en su intención de controlar geopolítica y geoestratégicamente la región, bloquear el proyecto expansionista de Irán, además de apropiarse de los recursos naturales sirios, pues como todos los interesados en la "paz siria" quieren sacar las mejores ganancias políticas, económicas y geopolíticas de ese lugar.

   El plan acordado hoy en New York para buscar la paz en Siria, tiene mucho de idealismo y buena fe superficial, pero desconoce de tajo, el fondo de la guerra, las razones por las que se ha amplificado y lo que es peor sostenido ese conflicto singular, apoyado desde todas las esquinas por fuerzas poderosas interesadas en objetivos ajenos al destino sirio.

    Entretanto, y por antonomasia, Isis es el más favorecido con este acuerdo, pues la aparente decisión pacifista de hoy implica mayor compromiso militar de los interesados en la región, es decir más blancos fijos y móviles para los yihadistas en el terreno que dominan, más posibilidades de invitar nuevos terroristas de todas partes del mundo, más atentados contra los países occidentales, y mayor posibilidad para que los sunitas que hoy combaten contra Al Assad apoyados por Occidente, se unan a ISIS al sentirse traicionados por quienes acaban de cometer el error de pedirle al dictador Sirio, que determine quienes son terroristas y quienes no, a sabiendas de que el régimen represivo de Damasco meterá en esa lista a todos los grupos que se oponen a su gobierno y desde luego a desconocer cualquier formad e autonomía kurda, lo cual de paso conviene a Turquía.

    En síntesis, lo acordado por todos los interesados en la "paz" de Siria, solo es un combustible más para oxigenar la carnicería humana que todos los días aumenta en la bella, rica y desafortunada Siria.