Recuerdos de un hito militar: 44 años después de cruzar la puerta de muralla de la Escuela Militar.

Publicado: 2023-06-01   Clicks: 801

Escudo de la Escuela Militar de Cadetes

    Hoy 1 de junio de 2023, se cumplen 44 años de la inolvidable mañana del primer día de junio de 1979, cuando 166 subtenientes de las armas, integrantes del curso militar Coronel Carlos Pinzón Azuero, cruzamos hacia afuera la Puerta de Muralla de nuestra amada Escuela Militar de Cadetes.

     Marchamos enérgicos, disciplinados y con el alma llena de esperanzas, entonando a todo pulmón el himno del alma mater, en el mismo momento que pronunciábamos las frases:
          “Cual muralla la patria bandera,

           Nuestros pechos tendrá por sostén,

           E inmortal trocarase quien muera,

          Por su gloria, su fuero y su bien”

       Era la vida vida en primavera. Estábamos ansiosos de llegar a los cuerpos de tropas. Todos queríamos vivir la experiencia de comandar 40 soldados. Entrenarlos, formarlos, educarlos en la milicia y conducirlos en operaciones exitosas. Nos animaban sentimientos de amor patrio, de competencia profesional, de servicio a Colombia, de ser los mejores, y de no ser inferiores al reto.

        Terminábamos con exitoso empeño, duras tareas en las aulas, en campaña, en los patios de orden cerrado, en la fase de mando como brigadieres y alféreces, en la lectura de textos enriquecedores acerca de la vida castrense y mil vivencias más.

      Libremente habíamos escogido internarnos en un exigente claustro militar, para estudiar y superar con creces las presiones propias de la estricta vida militar, para quienes por vocación escogimos ser las cabezas visibles de los soldados, de esos gitanos con uniforme que en cada época, han salvado la república y han fortalecido la institucionalidad.

     Algo que solamente entendemos quienes pasamos por ahí, quienes hacemos del servicio bajo banderas un apostolado, un credo, una obligación moral y una impostergable necesidad de aporte a la más bella patria que hay sobre el planeta.

     A partir de ese día, de esa hora, de ese momento supremo en que se juntaron los sueños juveniles con la realidad de una agresión sistemática de los agentes del caos contra nuestra hermosa Colombia, dejamos de ser el grupo compacto y uniforme que atendía las órdenes e instrucciones de nuestros comandantes en la Escuela Militar.

     Ya éramos oficiales del Ejército, y al llegar a cada destinación haríamos parte de un selecto grupo de directores, instructores, administradores y manejadores de hombres, recursos y la seguridad nacional.

      Asi iniciamos una carrera difícil, ardua, con satisfacciones, alegrías, tristezas, vida en guarnición, cursos, largos periodos en campaña, combates contra delincuentes politizados, profesorado militar, administración y asesoría en Planas y Estados Mayores, exigentes jornadas en cuarteles y áreas de operaciones, mientras que periódicamente fuimos rotando por diversos rincones de nuestra extensa, compleja y hermosa geografía.

     La dinámica de la carrera nos fue disminuyendo el grupo para cada ascenso. Pero orgullosamente vimos como algunos de nuestros compañeros llegaron a ocupar los mas altos cargos de comando y dirección de la Fuerza.

     Hoy todos somos honrosamente oficiales de las reservas de las Fuerzas Militares, convencidos como el primer día, que ser “cadete es magnífico nombre, que demanda luchar y vencer…. Libremente escógelo el hombre, que en su orgullo no supo temer”.

      Algunos de nuestros compañeros se adelantaron en la inevitable realidad humana al partir del planeta. Dios los tiene en su gloria. Y nuestro recuerdo de ellos es perenne: Por su amistad, solidaridad y convivencia en las aulas, los patios de instrucción, las pistas de entrenamiento militar, las áreas de campaña en Tolemaida, el Meta y Cundinamarca, etc...

     Así mismo, algunos de los señores oficiales,  quienes forjaron nuestra mentalidad militar, también se fueron ya. A unos y otros Gloria Eterna, por haber compartido con nosotros tan especiales y únicas vivencias.

     Ahora somos abuelos enamorados de la vida y de la fe, en que Dios será benévolo con nuestras familias, con nuestros herederos, porque el mundo gira, y en menos de dos décadas el país será manejado por quienes son esos nietos bellos e inquietos, que con sus inocentes actuaciones conquistan nuestros corazones y afectos… Es la dulce realidad de la cíclica vida de la especie humana.

     Por esas vivencias, por los recuerdos de la por siempre recordada Escuela Militar de Cadetes, por Colombia, por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestros nietos, por Colombia, brindemos señores oficiales del curso militar Coronel Carlos Pinzón Azuero:

    ¡Patria! ¡Honor! ¡Lealtad!

     Que con la misma intensidad que el sol brillaba aquella inolvidable mañana del 1 de junio de 1979, brille para siempre la intacta fe en Colombia y en nuestros herederos.

     Que Dios nos siga guardando

    ¡Patria! ¡Honor! ¡Lealtad!

     Con el afecto de siempre,

     Luis Alberto Villamarín Pulido

      Cadete de la cuarta escuadra, del tercer pelotón de la Compañía Girardot 1977

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