AUC: Coca, Política y Guerra

Publicado: 2006-09-24   Clicks: 2502

       AUC: Coca, Política y Guerra

       Publicado en el periódico Acore el 24 de septiembre de 2006

       Episodios recientes dentro y fuera de Santafé de Ralito, ponen en evidencia que el  poder local de las autodefensas, tiende a regionalizarse y a suplantar la autoridad del Estado, erosionada por acumuladas décadas de desgobierno y corrupción administrativa, vacío de autoridad primero llenado por las Farc mediante la violencia y suplantado de facto por los mal llamados paramilitares. En ambos casos el narcotráfico constituyó el oxígeno de unos y otros.

       La política colombiana de las últimas tres décadas está signada por los efectos directos o indirectos del narcotráfico, pues la estabilidad institucional y la conservación del orden público han dependido de la lucha nacional e internacional contra este flagelo. La elección popular de Pablo Escobar, cuya campaña fue financiada con dineros calientes y la inmersión primero del M-19 y luego de las Farc en el narcotráfico con la complicidad de funcionarios oficiales cubanos, dio luces a las crecientes formas de autodefensa financiada en un principio por ganaderos y agricultores asediados por la guerrilla, para caer en el mismo esquema económico.

       La ausencia de autoridad y liderazgo regionales, sumada a la centralización de la política nacional, facilitó la incubación de gérmenes subversivos y de violencia en los llamados antiguos territorios nacionales, puesto que los dirigentes de turno ansiosos de satisfacer prebendas personales, olvidaron la provincia, en un país que como ya se dijo subsiste por si mismo y a pesar de sus gobernantes.

      Ayer fueron satanizadas las Farc en el Caguán. Hoy son satanizados las Auc en Ralito. A Pastrana se le tilda de laxo e indolente. A Uribe de autoritario y obsesivo. Facciones, grupúsculos, coaliciones de ocasión y hasta los comunistas pescan en este río revuelto. Y la única perdedora es Colombia, por ausencia total de una estrategia integral del estado para combatir la violencia endémica.

     A lo anterior se suma la indiferencia congénita del pueblo colombiano, ausente en las grandes decisiones, impío ante su propio destino e incapaz de construir el tejido social y la estructura política con objetivos a largo plazo. En ese orden de ideas, los conceptos generales de defensa o seguridad nacional son ajenos a la población civil, afectada hasta el extremo por el accionar de los grupos violentos. De contera no hay programas de desarrollo socio-económico prolongados en el tiempo. Cada quien llega a ocupar los cargos públicos convencido que su antecesor no servía, por ende la solución es rehacer o cambiar todo.

     Producto de ese maremagnum, el narcotráfico se posicionó como la forma mas fácil de obtener ingentes recursos, para ricos y pobres, para dirigentes y gobernados, para la diáspora en el extranjero y miles de colombianos hacinados en cinturones subnormales de miseria, zonas abandonadas de la inversión estatal y en las entrañas de la política, algunos sectores de  la industria, la banca, el deporte, los reinados de belleza, etc.

      En ese escenario, las Auc hallaron la fuente ideal para responder a la agresión comunista y de paso para construir por medio de la violencia y el terror, un imperio clandestino con fuerza política y aceptación a veces tácita y a veces abierta, de quienes fueron víctimas de las barbaridades de las guerrillas durante treinta años. Lo grave es que el estado colombiano, no tiene la capacidad ni militar, ni política ni sicológica para apagar la hoguera  de pasiones políticas, manchadas de narcotráfico, mientras que la sociedad civil, permaneció, pero lo que es peor, permanece  indiferente ante su suerte y su destino.

     El vergonzoso periodo gubernamental de 1.994-1998, cuando Colombia fue declarada ante el mundo entero como una narcodemocracia, fue complementado por una crisis de autoridad total, con el visto bueno de los indiferentes, lo cual redundó en la imposición por la fuerza de autodefensas  y guerrilleros, en un combate financiero y geopolítico, que por la dimensión de sus alcances hace parte importante de la lucha internacional contra el terrorismo, el narcotráfico y el trafico de armas.  

     Los hechos de sangre ocurridos desde que iniciaron las conversaciones de paz con las Auc, demuestran que este grupo no son solo una fuerza de criminales, como pretenden demostrar las farc y sus correligionarios, sino que por la dinámica del conflicto, se convirtieron en el elemento físico que rellenó el vacío de autoridad civil y la incapacidad táctica de las tropas para combatir guerrillas escurridizas y protegidas por pobladores civiles simpatizantes del fenómeno subversivo comunista.

     Al declararse anticomunistas, las Auc imprimieron tinte político a sus planes, pero sobre todo imprimieron este rótulo, como consecuencia de la violencia irracional, dentro de la misma lógica terrorista e impositiva de las farc dentro de las comunidades campesinas. Al mismo tiempo el narcotráfico conservó la enorme influencia en la economía local, regional y nacional.

En síntesis, con todos los altibajos y dificultades, lo que se negocia en Santa Fé de Ralito, no es solo la desmovilización de un grupo criminal, que de hecho lo es, pues con la irracionalidad, la barbarie y la inmersión en el narcotráfico, resultó peor el remedio que la enfermedad. Es la obligación legal del estado colombiano, de recuperar el monopolio de la ley y el orden en todo el territorio nacional, y a la vez garantizar con métodos lícitos que la guerrilla dejará vivir en paz a los afectados.

     Ante la evidente dificultad para solucionar ese problema, las autodefensas untadas hasta la coronilla de narcotráfico, constituyeron nuevos carteles  o apadrinaron los ya existentes. Entre tanto la guerra continúa y las autodefensas ganan legitimidad sobre la misma estela de terror y crímenes que construyeron las Farc, al mismo tiempo que a comunidad internacional inmersa en los problemas de la globalización, la amenaza del terrorismo y los problemas internos, olvida el constante desangre colombiano. Controvertida lógica de la paz y la guerra en Colombia.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Analista de asuntos estratégicos

www.luisvillamarin.com

 

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