Satélites comerciales están transformando la inteligencia militar estratégica en el mundo.

Publicado: 2021-09-24   Clicks: 878

     satelites comerciales en inteligencia militar

     El 15 de agosto de 2021, pocas horas después de que los talibán irrumpieron pacíficamente y tomaron el poder en Kabul, los medios de comunicación internacionales comenzaron a utilizar imágenes de satélites privados, con el fin de documentar en tiempo real, el caos que se desarrollaba en el aeropuerto internacional Hamid Karzai.

        Las imágenes mostraban gigantescos trancones de tráfico sobre las vías que conducían al aeropuerto y a multitudes de personas amontonadas en su única pista. Los días siguientes, la prensa internacional siguió incorporando en sus informes, imágenes captadas por satélites comerciales, y de paso, los militares estadounidenses utilizaron imágenes de satélite públicamente disponibles, para ayudar a los intérpretes afganos que se aprestaban a huir de Afganistán, a eludir los puestos de control del talibán en las vías de aproximación hacia el aeropuerto.

       Claro, que esta no fue la primera vez que las imágenes satelitales de empresas privadas jugaron un rol fundamental, para que el público en general interprete el problema de seguridad nacional. Utilizando imágenes de una empresa privada de satélites, a finales de junio de 2021, investigadores del Centro James Martin de Estudios de No Proliferación de Armas, orgánico del Instituto de Estudios Internacionales Middlebury con sede en California, descubrieron más de 100 nuevos silos de misiles balísticos intercontinentales, acopiados en una instalación militar ubicada al occidente de China.

       Menos de un mes después, los analistas de otro grupo de expertos en imágenes satelitales, informaron que habían identificado un campo de misiles chino en construcción. Coincidencialmente, ambas revelaciones no provienen de fuentes gubernamentales o filtraciones a la prensa, sino de imágenes recopiladas por satélites de propiedad privada.

        Probablemente estos eventos presagian un futuro no muy lejano, con menos secretos militares de carácter estratégico. En la proporción de que proliferan los satélites privados, los cuales brindan a las entidades no gubernamentales otras herramientas para monitorear y verificar de manera independiente las afirmaciones de los dirigentes políticos, los gobiernos de las potencias tienen menos control sobre la información secreta o ultrasecreta de seguridad nacional.

       Sin embargo, la era de transparencia auspiciada por la tecnología, brinda a los gobiernos oportunidades para obtener una ventaja estratégica, al permitir la verificación independiente de sus afirmaciones, por ejemplo, o al exponer las actividades ilícitas o transgresoras de sus adversarios sin comprometer las fuentes y los métodos utilizados para obtener la información.

      Que los gobiernos involucrados en los sucesos, ganen o pierdan con estas divulgaciones depende de lo que tengan que ocultar y de si operan bajo el criterio básico de contrainteligencia, de que alguien siempre está mirando, oyendo o espiando sus actividades de seguridad nacional.

      ¿Evaporación de los secretos?

       Hasta hace poco tiempo, solamente los gobiernos de las potencias tenían recursos tecnológicos de alta capacidad, para apoyar las labores de sus servicios de inteligencia, con el fin de monitorear con satélites militares las actividades de otros Estados. Para entonces, los gobiernos retenían el monopolio de la información confidencial de inteligencia, situación que les permitía determinar la posibilidad de revelar los secretos de sus adversarios y la potestad de cuándo hacerlo.

        Por ejemplo, durante la crisis de los misiles en Cuba en 1962, Adlai Stevenson embajador estadounidense ante las Naciones Unidas confrontó a su homólogo soviético, presentando ante el auditorio, imágenes de reconocimiento de bases de misiles en Cuba, exponiendo al público la actividad geoestratégica soviética en el Caribe, que hasta el momento estaba encubierta para todo el mundo.

       No obstante, a partir de la década de 1970, la proliferación de satélites comerciales amplió el acceso a información confidencial de inteligencia. La rápida evolución de esta tecnología indica que durante la década 2011-2021, el número de satélites comerciales en órbita ha aumentado significativamente, al igual que la calidad de las imágenes que envían a los centros de procesamiento y digitalización.

       Para mayor asombro, actualmente cientos de satélites operados por empresas privadas transmiten en tiempo real a la Tierra, imágenes de alta resolución. Planet, una destacada empresa de satélites comerciales que recopiló las imágenes utilizadas para identificar los misiles de China, actualmente opera más de 200 satélites y se precia de tener en sus archivos digitales, imágenes nítidas de toda la superficie planetaria cada 24 horas.

En consecuencia, la disponibilidad de este tipo de información detallada de satélites en manos de empresas privadas, significa que los gobiernos ya no son las únicas entidades que deciden cuándo revelar información potencialmente sensible.

       Los centros de pensamiento, los medios de comunicación, los grupos de activistas e inclusive los detectives aficionados también lo hacen. Así, este tipo de “decisiones de divulgación” por parte de entidades no gubernamentales pueden tener importantes implicaciones políticas y estratégicas.

       En algunos casos, estos actores pueden utilizar imágenes de satélite para confrontar las afirmaciones de líderes políticos, ya sea confirmando o contradiciendo declaraciones oficiales y, por su naturaleza se definen como un poderoso control civil independiente de los gobiernos.

       En otros casos, estos actores no gubernamentales pueden revelar información que, por diferentes causas, no había sido reconocida previamente. En tales escenarios, los actores no gubernamentales ofician como proveedores de información de terceros, quienes, con pruebas sensibles a la mano, pueden moldear u orientar la opinión nacional e internacional.

       Entonces, no debería sorprender a nadie, que los gobiernos de las potencias se disgusten cuando se utilizan imágenes de satélite para exponer sus engaños o procedimientos inadecuados. Así ocurrió después de la reunión efectuada en junio de 2018 entre el presidente Donald Trump con el líder norcoreano Kim Jong Un, al cabo de la cual el mandatario norteamericano proclamó que “ya no existe una amenaza nuclear” de Corea del Norte. Pocos meses después, las imágenes de satélite comerciales identificaron 13 bases de misiles ocultas en el Norcorea, prueba fehaciente que puso en dudas las afirmaciones de Trump.

       Igualmente, los gobiernos de las potencias se indisponen cuando tales imágenes revelan sus actividades transgresoras o encubiertas.

       El asunto crítico es que la evidencia de violaciones de los derechos humanos o infracciones al derecho internacional, pueden llevar a la condena o sanción de la comunidad internacional. Por ejemplo, algunas imágenes de satélites comerciales tomadas sobre enormes instalaciones carcelarias en la provincia occidental de Xinjiang de China, proporcionaron pruebas de la detención en Pekín de su población uigur, perteneciente a una minoría étnica.

       Pronto, muchas de estas imágenes se incorporaron en informes de medios de comunicación y organizaciones humanitarias y se citaron en denuncias gubernamentales de los abusos de los derechos humanos en Pekín.

       El riesgo para la seguridad de los países afectados con este espionaje que ocurre sin querer queriendo, es que las revelaciones de acciones militares ultrasecretas u otras acciones encubiertas, pueden causar nuevos problemas y hasta ser causa de un enfrentamiento bélico.

       Inclusive, los Estados pueden ser forzados a reconocer acciones, que por motivos de seguridad nacional preferirían mantener ocultas a la vista del público. Ejemplo de esta realidad es que The New York Times usó imágenes comerciales para revelar que tropas de Estados Unidos estaban operando drones desde bases secretas en África Occidental; incómoda publicación que conminó a la Casa Blanca a confirmar la existencia de esas actividades, hasta el momento secretas en la lucha contra el yihadismo en esa convulsa zona.

      Desde otra orilla, la amenaza de ser atrapados por tecnologías de recopilación de información que proliferan con rapidez, puede llevar a los gobiernos a  abstenerse de realizar operaciones en las que surjan dudas de seguridad. Sea como fuere, la existencia de imágenes captadas por satélites privados, puede limitar la libertad de acción de los gobiernos y dejar al descubierto sus planes de seguridad nacional.

      Engaño, desinformación y estratagemas de contrainteligencia

       Desde otra óptica aseguran los analistas de seguridad internacional, que aunque la divulgación de información sensible por parte de actores no gubernamentales, puede presentar desafíos importantes a los Estados, no siempre es algo perjudicial. Se sugiere por lo tanto, que podría ser estratégicamente ventajoso delegar decisiones de continua divulgación a entidades externas al gobierno.

       Así, durante una crisis internacional, cuando las imágenes de satélite corroboran afirmaciones anteriores de un líder sobre una potencia rival, tal revelación puede reforzar el apoyo público a ese líder y sus políticas internacionales.

       Inclusive, la relativa independencia permite que las empresas privadas que publican imágenes satelitales, obtengan mayor credibilidad frente a la información similar publicada por agencias de inteligencia gubernamentales, que por su naturaleza siempre son blanco de suspicacias.

       Entonces, los gobiernos también pueden beneficiarse cuando las empresas de satélites privados divulgan información sensible sobre potencias rivales. Los responsables de la formulación de políticas pueden desear que esta información sea pública, pero también deben calcular los riesgos de que su divulgación ponga en peligro las fuentes y métodos clasificados.

        Por lo tanto, las divulgaciones no gubernamentales de imágenes de alto valor estratégico, puede ayudar a las agencias gubernamentales a promover sus intereses, ya sea justificando mayores presupuestos, o la adquisición de nuevas armas para la ciberdefensa y el contraespionaje.

        En este novedoso escenario del acceso a información sensible que vive el mundo contemporáneo con los satélites privados, el hecho de que surjan revelaciones deseables para un gobierno acerca de las actividades de su rival, no siempre implica coordinación preexistente entre el favorecido y la entidad privada que las publica.

       Puede suceder que analistas independientes de potencias occidentales, publiquen un descubrimiento y los actores gubernamentales aprovechen la divulgación para beneficio de sus intenciones estratégicas. Pero también, en otras ocasiones, un gobierno puede coordinar con una entidad no gubernamental para ayudarla a realizar divulgaciones. Por ejemplo el almirante Charles Richard del Comando Estratégico de Estados Unidos, alentó públicamente a las compañías privadas de satélites, para que continuaran desenmascarando la actividad misilera china.

       En otras ocasiones, los gobiernos van un paso más allá y brindan asistencia analítica a entidades no gubernamentales. Ejemplo de esta aseveración es que el proyecto Tearline de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, colabora con grupos sin fines de lucro y proporciona imágenes de satélites comerciales, para respaldar el análisis de inteligencia de código abierto sobre una variedad de temas estratégicos, económicos y humanitarios, que a juicio de sus directivos, normalmente no se informan al público.

       Inclusive, en algunas condiciones, la revelación de actividades gubernamentales encubiertas puede resultar estratégicamente deseable, para el Estado cuyos secretos están siendo expuestos por la intromisión de los no invitados satélites privados.

      En este punto, es importante recordar, que la guerra es el arte del engaño y de hacer que el adversario infiera algo diferente a lo que se planea en su contra. Por ende, algunos analistas de asuntos geopolíticos mundiales, han especulado que debido al poco cuidado que el gobierno de Xi Ping tuvo para ocultar sus silos de misiles balísticos del espionaje o del sobrevuelo de satélites, en realidad, quería que se detectaran los sitios. Naturalmente, para desinformar a los servicios de inteligencia estadounidenses.

       De contera, la construcción de nuevas instalaciones podría ser parte de lo que James Acton experto en armas nucleares describió como un elaborado "juego de caparazón del engaño", cuyo propósito era camuflar el verdadero tamaño de su arsenal y complicar los esfuerzos para determinar la ubicación de las plantas de misiles chinos.

        Todas las miradas convergen sobre el objetivo

       Es preciso aclarar que el uso no gubernamental de imágenes satelitales para revelar información sensible, no es completamente nuevo. Prueba de ello es que el programa de satélite Landsat del gobierno de Estados Unidos, ha ofrecido imágenes a usuarios no gubernamentales desde la década de 1970.

       Por su parte, durante la convulsa década de 1980, Francia inició a vender públicamente imágenes de su satélite SPOT. Y, desde la década de 1990. luego de la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética que trajo por extensión el fin de la guerra fría Washington-Moscú, las imágenes de alta resolución de satélites privados han estado en el mercado.

        Se agrega, que aunque estos programas pusieron las imágenes a disposición del público, su compra era poco frecuente debido al elevado costo de las mismas, sumado a que los gobiernos ejercían controles prohibiendo la recopilación de imágenes comerciales en ciertas áreas o las compraban todas, para evitar que datos sensibles de áreas de alto valor estratégico, fueran inaccesibles para los usuarios no gubernamentales.

        En 2021, las condiciones de operación comercial de las imágenes satelitales, son diferentes a 30 años atrás. Han variado el tamaño y el alcance del área de cobertura de los satélites comerciales y la facilidad casi imposible de evitar, para la difusión de la información.

       Los incontenibles avances en la tecnología satelital y la cada vez mayor disponibilidad de plataformas comerciales de lanzamiento espacial, inciden en que a las empresas privadas les resulta más fácil y económico operar sus propios satélites.

       Al mismo tiempo, las computadoras más potentes y la ascendente mejoría en la conectividad a Internet, implican que más y más personas y organizaciones fuera del gobierno pueden acceder y analizar las imágenes recopiladas por la creciente constelación de satélites privados.

       La ecuación es clara: A mayor número de satélites privados, mayor cantidad de información disponible para los usuarios no gubernamentales. Parecería ser que el tradicional control del gobierno sobre la inteligencia estratégica disminuirá y que para documentarla mejor, deberá negociar o por lo menos acudir cada vez más a la información satelital privada.

      Por extensión, en la medida que las nuevas tecnologías continúan reduciendo la posibilidad de que los gobiernos oculten las actividades a la vista del público, los responsables de la formulación de políticas de inteligencia, contrainteligencia, seguridad de instalaciones, contraterrorismo, contra sabotaje y contraespionaje, están obligados a convertirse en directores de escena más eficaces, para camuflar información sensible y desorientar a los servicios de inteligencia enemiga. Una nueva forma de guerra satelital está tomando rápida forma en el planeta.

      Por obvias razones, los gobiernos amenazados se verán obligados a cambiar las políticas gubernamentales debido a la detección de los planes adversarios, o al miedo de ser atacados. Quizás en otras ocasiones, necesitarán métodos para explotar esta nueva realidad y cosechar beneficios estratégicos de divulgaciones no gubernamentales.

      Pero hagan lo que hagan para blindar su seguridad, es obvio que para los gobiernos será cada vez más difícil ocultar actividades secretas de seguridad nacional, ampliamente expuestas a la observación del espionaje adversario y de los satélites privados que gravitarán todo el tiempo sobre sus territorios.

     En conclusión, desde cuando empresas comerciales dieron el gran salto de popularizar los recursos tecnológicos para uso civil, ganaron los comerciantes, los emprendedores y los creativos de la digitalización, pero perdieron los servicios de inteligencia de los Estados, que por décadas fueron amos y señores del manejo de esta información, que en pleno siglo XXI es cada vez mas útil para muchas actividades civiles, pero también esencial para la seguridad nacional de los Estados y las alianzas geopolíticas.

     Si no hay exclusividad de la información privilegiada, tampoco habrá exclusividad del poder absoluto, porque muchos ojos vigilan a todos desde el espacio. ¿Qué más vivirán las futuras generaciones, para evitar que toda esa tecnología, sea un aliciente para guerras, destrucciones, odios y violencias?

El tiempo lo dirá.

 

     Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

      Autor de 39 libros de geopolítica, estrategia y defensa nacional

      www.luisvillamarin.com

 

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