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El caballo de Troya con la implementación de los acuerdos de paz con las Farc

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     Análisis del conflicto colombiano

    Hay un asunto espinoso que contrasta con la alharaca de supuesto optimismo que destilan el gobierno Santos, los comisionados de paz y los “amigos de la paz", frente a la reciente imposición unilateral de las Farc de impedir operaciones militares sobre sus guaridas, mediante la habilidosa estratagema del cese bilateral de fuego: Es el caballo de Troya con la implementación de los acuerdos de paz con las Farc, que no tiene límites en el tiempo y que presupone que las guerrillas continuarán armadas, pues lo acordado es que “inician a dejar las armas" cuando se firme la paz definitiva, no cuando se firme la terminación del conflicto.

     En medio del embeleco, oportunistas de la ONU incapaces de poner en cintura a Siria y contrarrestar el terrorismo en el Medio Oriente, hallaron una cortina de humo para enmascarar su ineptitud en la figuración mediática en las conversaciones con las Farc con el gobierno Santos. Por su parte, Barack Obama vio en este suceso un punto de apoyo a su mentalidad “pacifista” en aras de la continuidad de su partido en el gobierno, asi sea en manos de la para él, la poco agradable señora Clinton.

    Maduro revivió su cadáver político, la dictadura cubana ganó otro episodio estratégico al disimular su cercanía y complicidad con todas las formas de terrorismo, De La Calle se siente próximo presidente de Colombia, Santos divaga con su Premio Nobel de Paz y las Farc siguen paso a paso, su metodológico y bien calculado plan estratégico. Pero, ninguno de estos intereses excluyentes, coincide con los objetivos supremos de Colombia.

     Por ende, el caballo de Troya que metieron las Farc en la mesa de La Habana, es una jugada político-estratégica afín a la frase de Tirofijo: “Si Santos decía que no, perdía porque quedaba ante el mundo como enemigo de la paz, y si decía que si también perdía porque las Farc se saldrían con la suya”

     En reiteradas entrevistas, documentos, y mensajes que a menudo circulan por las redes sociales, los cabecillas de las Farc han repetido insaciables, que no quieren unas curules sino el premio mayor, que no han renunciado al socialismo, que no entregaran las armas, sino que dejarán de usarlas cuando se logre lo pactado, que nadie se las dio por ende nadie se las puede quitar y que los fusiles son el elemento coactivo que garantiza el cumplimiento de los acuerdos.

     Allí radica el punto crítico, pues en términos claros, lo que se firmó entre Santos y Timochenco el pasado 23 de junio, no es el acuerdo de la terminación del conflicto, ni el paso anterior a la firma del acuerdo final de paz, como ha sido presentado con artificios para que los colombianos digamos si en el espurio plebiscito de Santos.

     Lo que en realidad se firmó el pasado 23 de junio de 2016, fue la habilidosa imposición de las Farc para que el Ejército no entre a sus áreas base, ni les impida en rearme de sus estructuras, o el reclutamiento sostenido de nuevos terroristas, o la fortificación de las milicias bolivarianas, el partido comunista clandestino y el movimiento bolivariano clandestino.

     En resumen, las Farc lograron la antesala de la firma del “armisticio” que tanto han pedido desde hace años y un paso gigantesco hacia el reconocimiento del estatus de beligerancia. Ese fue el corolario de tres años y medio de imposiciones permanentes, como el abrebocas de la asamblea constituyente a la medida de las Farc, pues el plebiscito no les sirve y desde luego no aceptarían un resultado en su contra.

     Con muchas argucias y promesas disuasivas, sin ceder en un solo objetivo, las Farc se están legitimando, han comprometido al gobierno a que legisle para ellas y por ellas en torno a la paz, al tiempo que en forma sistemática maquinan la desarticulación fuera de combate del Ejército, que en el campo de batalla les ha impedido consolidar su plan estratégico.

     Nada de lo que aquí se escribe es nuevo, pues el Partido Comunista y las Farc lo han resarcido desde siempre. Preocupa en contraste, la miopía político-estratégica de quienes deberían por competencia de sus cargos impedir que esto suceda.

    El problema, entonces es que sin disparar, las Farc franquearon el borde delantero del área de combate del Estado, superaron la primera línea de barreras defensivas y se encuentran atacando política y mediáticamente al Estado y al pueblo colombiano, dentro de sus propias posiciones defensivas, mediante la incursión audaz de un caballo de Troya, llamado cese bilateral que para ellos es un armisticio entre Estados y el paso inicial hacia la ofensiva final contemplada en su programa estratégico. Nunca antes las Farc habían logrado tanto con tan poca inversión de recursos humanos y bélicos.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Especialista en geopolítica y defensa nacional

El coronel Luis  Alberto Villamarín Pulido es analista de asuntos estratégicos, especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional, temas sobre los cuales ha escrito y publicado 31 libros. Para leer algunos de los libros escritos por el coronel Villamarín haga click aqui o sobre las siguientes portadas.

 

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